El acuerdo, respaldado por Frederiksen y Nielsen, incluye prohibición de bases extranjeras sin aprobación estadounidense y se firmará en la ONU esta semana
Donald Trump anunció este viernes un acuerdo histórico entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia que otorga a Washington el «control permanente» sobre la seguridad de la isla ártica, un giro radical respecto a las tensiones de 2023, cuando el entonces presidente estadounidense insistía en comprar Groenlandia y la primera ministra danesa, Mette Federasen, rechazó cualquier negociación. El pacto, que se firmará en la próxima Asamblea General de la ONU, incluye cláusulas para evitar presencia militar de terceros países sin aprobación estadounidense y reconoce formalmente la soberanía danesa y la autodeterminación groenlandesa.
El texto, respaldado por Federasen y el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, se justifica por el «cambio en el escenario de seguridad del Ártico», según declaró el ministro danés de Asuntos Exteriores, Lars Løkke Rasmussen. Dinamarca argumenta que el acuerdo refuerza la alianza con la OTAN y Europa, mientras que Trump lo presentó como un «acuerdo de vida indefinida» sin coste para EEUU, aunque con restricciones para inversiones sensibles de potencias adversarias.
El acuerdo incluye despliegues militares inmediatos: cazas F-35 daneses aterrizaron por primera vez en Groenlandia para entrenar junto a F-16 estadounidenses y F-18 canadienses, en maniobras apoyadas por Francia. La OTAN celebró el pacto como un avance para la estabilidad en la región, mientras que Lituania lo definió como «un paso importante» para la seguridad del Atlántico Norte.
Sin embargo, el texto deja claras diferencias en su interpretación: mientras Trump habla de «control permanente», Federasen subrayó que el acuerdo «reconoce la soberanía e integridad territorial de Dinamarca». El pacto aún debe ser ratificado por los parlamentos de Dinamarca y Groenlandia, pero las tres partes esperan cerrar el proceso en las próximas semanas.
El acuerdo llega tras meses de negociaciones intensas, marcadas por la insistencia de Trump en la importancia estratégica de Groenlandia para EEUU. En 2023, el entonces presidente estadounidense llegó a ofrecer 1.000 millones de dólares por la isla, una propuesta rechazada por Federasen, quien entonces declaró que Groenlandia «no está en venta». Ahora, el enfoque es distinto: en lugar de una compra directa, el acuerdo garantiza a EEUU acceso militar indefinido y veto sobre bases extranjeras.
El marco legal y los precedentes: ¿Qué cambia con este acuerdo?
El pacto se enmarca en el Tratado de Defensa entre Dinamarca y EEUU, firmado en 1951 y renovado en 2019, que ya permitía la presencia militar estadounidense en Groenlandia bajo condiciones específicas. Sin embargo, este nuevo acuerdo va más allá: establece un «control permanente» sobre la seguridad de la isla, lo que incluye la capacidad de EEUU para desplegar tropas, infraestructuras y tecnología sin restricciones temporales, según la versión de Trump.
Dinamarca y Groenlandia, en cambio, insisten en que el texto respeta su soberanía. El acuerdo incluye una cláusula que prohíbe a terceros países —especialmente potencias como China o Rusia, que han mostrado interés en el Ártico— establecer bases militares o realizar inversiones sensibles sin el consentimiento escrito de EEUU. Esta disposición, aunque no explícita en el comunicado conjunto, fue confirmada por fuentes diplomáticas danesas.
El contexto geopolítico es clave: el Ártico se ha convertido en un escenario de rivalidad estratégica, con Rusia expandiendo su presencia militar en la región y China invirtiendo en infraestructuras en países como Noruega e Islandia. Groenlandia, con su ubicación estratégica cerca del Polo Norte, es un punto crítico para el control de rutas marítimas y recursos naturales. El acuerdo con EEUU busca contrarrestar estas amenazas, aunque también genera preocupaciones sobre la autonomía de Groenlandia, que desde 2009 tiene un gobierno local con competencias en asuntos de seguridad y defensa.
Implicaciones políticas y militares: ¿Qué se juegan cada actor?
Para Estados Unidos, el acuerdo refuerza su capacidad de proyección en una región cada vez más disputada. Groenlandia, con su base aérea de Thule —ya utilizada por la OTAN—, se convierte en un punto clave para la defensa del Atlántico Norte. Trump destacó que el pacto permite a EEUU actuar «para siempre» en la isla, sin fecha de caducidad, lo que elimina la incertidumbre sobre el acceso a infraestructuras críticas.
Dinamarca, por su parte, gana un aliado estratégico en su defensa, especialmente en un momento en que Rusia ha incrementado su actividad militar en el Ártico. Federasen ha subrayado que el acuerdo no afecta a la soberanía danesa, pero también ha reconocido que «la situación de seguridad en el Ártico ha cambiado». Esto incluye el aumento de la actividad naval rusa, los intereses chinos en la región y la posible explotación de recursos naturales, como el petróleo y el gas, que podrían atraer a potencias extranjeras.
Groenlandia, aunque formalmente parte del Reino de Dinamarca, tiene un gobierno autónomo con aspiraciones de independencia. Nielsen ha celebrado el acuerdo como un avance para la seguridad de la isla, pero también ha insistido en que «reconoce los intereses de Groenlandia». La población groenlandesa, mayoritariamente a favor de la autonomía, podría ver este pacto como una garantía de protección frente a posibles amenazas externas, aunque también existe preocupación por la pérdida de control sobre recursos estratégicos.
La OTAN, por su parte, ve el acuerdo como un refuerzo para su estrategia en el Ártico. El almirante Giuseppe Cavo Dragone, presidente del Comité Militar de la Alianza, destacó que el pacto es «muy bienvenido» y que se suma a operaciones como Arctic Gentry, un despliegue permanente de la OTAN en la región. Sin embargo, algunos analistas señalan que el acuerdo podría generar tensiones con otros aliados europeos, especialmente aquellos que tienen intereses económicos en el Ártico, como Noruega o Finlandia.
El calendario es ajustado: las tres partes esperan firmar el acuerdo durante la Asamblea General de la ONU, prevista para la próxima semana. Tras la firma, el texto deberá ser ratificado por los parlamentos de Dinamarca y Groenlandia, un proceso que podría extenderse hasta finales de año. Mientras tanto, EEUU ya ha comenzado a reforzar su presencia militar en la isla, con ejercicios conjuntos que incluyen a aliados como Canadá y Francia.
El acuerdo también tiene implicaciones económicas. Trump aseguró que no supondrá «ningún coste» para EEUU, pero fuentes diplomáticas indican que el despliegue militar podría requerir inversiones significativas en infraestructuras, como bases y sistemas de comunicación. Groenlandia, con una economía basada en pesca y turismo, podría beneficiarse de estos fondos, aunque también podría verse afectada por restricciones a inversiones extranjeras.
En el plano político, el acuerdo refuerza la alianza entre Frederiksen y Trump, pese a las diferencias del pasado. La primera ministra danesa ha evitado criticar abiertamente al presidente estadounidense, aunque su enfoque en la soberanía y la autodeterminación contrasta con el lenguaje más contundente de Trump. Para este, el pacto es una victoria diplomática que refuerza su imagen como líder fuerte en política exterior, especialmente en un momento en que su reelección en 2028 depende en parte de su gestión de la seguridad nacional.




