Von der Leyen propone un modelo sin marco legal definido, mientras Australia y Nueva Zelanda se suman a la lista; Trump amenaza con aranceles del 50%
Ursula von der Leyen ha lanzado este jueves un proyecto sin precedentes en la historia de la Unión Europea: convertir a Canadá en el primer «miembro asociado» del bloque, un estatus que podría extenderse a Australia y Nueva Zelanda según anunció Roberta Metsola, presidenta del Parlamento Europeo. La medida, presentada sin un marco legal definido, busca profundizar la relación con países no europeos, pero genera dudas sobre su viabilidad jurídica y política, mientras Donald Trump amenaza con responder con aranceles del 50% a productos europeos.
El anuncio, realizado durante una rueda de prensa en Bruselas, ha dejado en evidencia la falta de claridad sobre qué implica exactamente este nuevo estatus. Mark Carney, primer ministro canadiense, evitó comprometerse con la terminología y subrayó que «lo que importa es el contenido», no la etiqueta. Sin embargo, el proyecto ha abierto una puerta a que otros países como Australia —que ya negocia un acuerdo de defensa y seguridad con la UE— y Nueva Zelanda soliciten un trato similar.
La propuesta de Von der Leyen llega en un contexto de búsqueda de alianzas estratégicas fuera de Europa, especialmente en materia de defensa y seguridad. Canadá, miembro de la OTAN, ya participa en el programa SAFE de la UE para la adquisición de material militar europeo y está negociando su incorporación al préstamo de 90.000 millones de euros destinados a Ucrania. Además, el país norteamericano podría acceder a programas como Erasmus y Horizon Europe, el fondo de investigación científica de la UE.
Sin embargo, el proyecto enfrenta obstáculos legales y políticos. Según Carlos Cuerpo, ministro de Economía de España, «todavía será necesario definir el alcance concreto de esta nueva fórmula de relación». La decisión final requerirá el consenso de los 27 Estados miembros en un Consejo Europeo, un proceso que podría alargarse meses o incluso años.
El anuncio también ha generado reacciones en Washington. Donald Trump, en un movimiento que refleja la tensión comercial entre la UE y EE.UU., ha amenazado con imponer aranceles del 50% a productos europeos si se materializa la incorporación de Canadá como miembro asociado. Esta medida podría afectar a sectores clave como el automóvil, la agricultura y la energía, donde la UE y Canadá ya mantienen acuerdos comerciales.
El concepto de «miembro asociado» no es del todo nuevo en la UE. En enero de este año, el canciller alemán Friedrich Merz propuso conceder este estatus a Ucrania para acelerar su integración, aunque con un enfoque distinto: permitiría a Ucrania ingresar en la UE y negociar después las condiciones de adhesión. Sin embargo, en el caso de Canadá, Australia o Nueva Zelanda, la distancia geográfica y la falta de un marco legal claro complican su aplicación.
¿Qué acuerdos ya existen y cómo se comparan?
La UE ya mantiene con Canadá un acuerdo comercial vigente desde 2017, que ha incrementado el intercambio comercial en un 100% en la última década. Con Australia, las negociaciones avanzan para cerrar un pacto similar, que incluiría coordinación en defensa, inteligencia artificial y acceso a materias primas críticas. Según la Comisión Europea, este acuerdo podría aumentar el comercio entre la UE y Australia en un 33% en los próximos diez años.
En el ámbito militar, Canadá colabora estrechamente con la UE a través de la OTAN, mientras que Australia, aunque no es miembro de la alianza, es considerado un «socio ampliado». Ambos países participan en misiones conjuntas y comparten tecnología de defensa, lo que facilita una integración más profunda en el marco de seguridad europeo.
¿Qué pasa ahora?
El siguiente paso será definir las condiciones exactas del estatus de «miembro asociado». Según Balazs Ujvari, portavoz de la Comisión Europea, el proceso requerirá la aprobación unánime de los 27 Estados miembros, lo que podría retrasar su implementación. Mientras tanto, Canadá y Australia mantendrán negociaciones bilaterales para alinear sus políticas con las de la UE en áreas como comercio, defensa y ciencia.
La propuesta de Von der Leyen refleja una estrategia de la UE para fortalecer sus alianzas globales en un contexto de creciente competencia geopolítica, especialmente con EE.UU. y China. Sin embargo, la falta de un marco legal claro y las posibles represalias comerciales de Trump añaden incertidumbre a un proyecto que, de prosperar, podría redefinir las relaciones internacionales de la Unión Europea.
En paralelo, el acuerdo de defensa y seguridad cerrado en marzo entre la UE y Australia aún debe ser ratificado por la Eurocámara y por el Parlamento australiano antes de entrar en vigor. Ese pacto contempla una coordinación más estrecha en prioridades estratégicas y en tecnologías emergentes y disruptivas, incluida la inteligencia artificial, además de apoyo al desarrollo de capacidades de los socios. Para Australia, el acuerdo comercial en negociación abriría el mercado europeo a una de las economías desarrolladas de mayor crecimiento del mundo, con oportunidades para empresas, consumidores y agricultores europeos, según la previsión de la Comisión Europea.






