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Lun. Sep 21st, 2026
Sánchez lleva la crisis de Ceuta a la ONU
Panarria (CC BY 2.5, Wikimedia Commons)
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El presidente viaja a Nueva York para explicar su gestión en la Asamblea General, donde chocará con Trump y otros líderes que promueven políticas de cierre de fronteras

Pedro Sánchez llega este lunes a la Asamblea General de Naciones Unidas con la crisis migratoria de Ceuta como eje central de su discurso, en un viaje que marca un giro en su estrategia internacional tras ocho años defendiendo un modelo migratorio abierto frente a los discursos de cierre de fronteras que ahora dominan en Europa y Estados Unidos.

La entrada masiva de migrantes en la ciudad autónoma en julio —más de 1.700 personas trasladadas en una operación que generó imágenes de colapso— ha convertido este tema en el principal argumento del Gobierno para justificar su presencia en Nueva York, donde coincidirá con líderes como Donald Trump, Xi Jinping o Delcy Rodríguez. Fuentes gubernamentales confirman que Sánchez dedicará sus intervenciones y reuniones bilaterales a explicar su versión de los hechos, en un intento por contrarrestar las críticas internas —desde su socio Sumar hasta el PSOE— y externas, especialmente de la oposición y la Unión Europea.

El viaje coincide con un contexto internacional donde la ultraderecha gana fuerza: Trump ya ha prometido endurecer las políticas migratorias en EE.UU., mientras que en Europa países como Hungría o Polonia lideran el rechazo a los acuerdos de redistribución de migrantes. Sánchez, que en 2018 anunció en Marruecos la adhesión de España al Pacto Mundial sobre Migraciones con un discurso contra la «instrumentalización política de la migración», ahora enfrenta un escenario donde ese mismo discurso choca con realidades como la crisis de Ceuta, que ha expuesto las fisuras de su modelo.

La cumbre tripartita entre EE.UU., Israel y Marruecos celebrada días antes en Nueva York —donde se elevó el nivel diplomático entre estos dos últimos países— subraya la complejidad de la posición española. Mientras el Gobierno evita pedir apoyo internacional directo a la ONU —sus esfuerzos se centran en Bruselas—, la imagen de Sánchez en el escenario global se construye ahora bajo la sombra de una crisis que, según fuentes de la Moncloa, «no cala» en la opinión pública española.

El modelo migratorio de Sánchez en el punto de mira

El presidente defiende un modelo basado en la legalidad y la «dignidad humana», frente a los discursos de cierre de fronteras. En declaraciones previas, Sánchez ha insistido en que su política «funciona» y que no existe un «efecto llamada». Sin embargo, la crisis de Ceuta —con más de 7.000 migrantes llegados en dos días— ha puesto en evidencia las limitaciones de ese enfoque, especialmente en un contexto donde la UE avanza hacia políticas más restrictivas, alineadas con las de Trump.

El viaje a Nueva York incluye un desayuno con el alcalde de la ciudad, Eric Adams, donde Sánchez buscará proyectar una imagen de «izquierda humanista» frente a líderes como Trump. Fuentes de su equipo descartan que sea una «campaña electoral», pero reconocen que el contexto de elecciones en 2026-2027 hará que la migración sea un tema recurrente en sus conversaciones.

Entre los temas a tratar, la economía será clave: Sánchez presumirá de datos macroeconómicos como la subida del SMI o el aumento de pensiones, pero el foco estará en defender su modelo migratorio, que contrasta con el endurecimiento de políticas en Europa y EE.UU. La pregunta que subyace en su discurso es si, tras Ceuta, ese modelo sigue siendo viable.

Ceuta: el escenario que cambia la narrativa internacional

Las imágenes de migrantes en las playas de Ceuta y los altercados durante los traslados —como el de 1.700 personas— han trascendido fronteras, obligando a Sánchez a justificar una gestión criticada incluso por su socio Sumar. La crisis ha expuesto las tensiones internas en el Gobierno y ha reforzado el discurso de la oposición, que acusa al Ejecutivo de «falta de control» en las fronteras.

Mientras, en la UE se debate un paquete de medidas más duras, alineado con las propuestas de países como Italia o Hungría. España, tradicionalmente más abierta, ahora se ve obligada a negociar en un contexto donde sus aliados históricos —como Francia— también endurecen su postura. La visita de Sánchez a la ONU no cambiará esa dinámica, pero sí servirá para posicionar su discurso en un escenario donde la ultraderecha gana terreno.

El desafío para el presidente es claro: convencer a la opinión pública de que su modelo sigue siendo viable, mientras la realidad en Ceuta y el avance de políticas restrictivas en Europa y EE.UU. lo ponen a prueba como nunca antes.

El 30 y 31 de julio, la ciudad autónoma de Ceuta recibió una oleada de migrantes procedentes de Marruecos, lo que provocó la movilización de 1.700 personas en una operación de traslado que generó imágenes de colapso en las playas y en los puestos de control fronterizo. Este episodio, que se convirtió en un punto focal de la agenda internacional, ha impulsado a Sánchez a usar la Asamblea General de la ONU como plataforma para explicar su gestión y defender el modelo migratorio que ha promovido desde su llegada al poder.

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