La Asamblea General de la ONU acoge a 131 líderes mundiales, con ausencias clave como Xi Jinping y Putin, mientras Trump y Lula chocan por Brasil y Oriente Medio domina el debate
Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela, asistirá a la Asamblea General de la ONU como primera autoridad del país desde que Nicolás Maduro lo hiciera en 2018, rompiendo un aislamiento diplomático que se agudizó tras su detención en 2024. La cita, que reúne a 131 líderes mundiales entre el 22 y el 28 de septiembre en Nueva York, destaca por la ausencia de Xi Jinping —que viajará a Washington para reunirse con Donald Trump— y Vladímir Putin, mientras el conflicto en Ucrania y la escalada en Oriente Medio copan la agenda.
La delegación venezolana, liderada por Rodríguez, llega en un contexto de tensiones internas tras la detención de Maduro por presuntos delitos de corrupción en 2024. Su presencia simboliza un intento de normalización diplomática, aunque sin reconocimiento internacional pleno: la ONU sigue sin validar su legitimidad como sucesora de Maduro, cuya prisión a escasos kilómetros de la sede neoyorquina subraya la fractura política en el país.
La Asamblea contará con intervenciones clave como la de Lula da Silva, quien abrirá el debate y exigirá a Trump que no interfiera en las elecciones brasileñas de octubre. Junto a él, José Antonio Kast (Chile) y Keiko Fujimori (Perú) representarán a la derecha latinoamericana, mientras Javier Milei (Argentina) y Rodrigo Paz (Bolivia) completan el bloque regional. La ausencia de Claudia Sheinbaum (México) y Abelardo de la Espriella (Colombia), sustituidos por sus vicepresidentes, refleja prioridades internas sobre la cita multilateral.
Pedro Sánchez será la única voz española en el debate, en un año marcado por la escalada en Ucrania —donde la UE buscará apoyo para Zelenski— y la crisis en Oriente Medio. La delegación iraní, liderada por Masud Pezeshkian, tendrá acceso tras la autorización de EE.UU., mientras Mahmud Abás (Autoridad Palestina) intervendrá por videoconferencia tras el veto a su visado. El rey Abdalá II de Jordania y el emir de Qatar cerrarán el bloque regional, en medio de la guerra entre EE.UU. e Irán iniciada en febrero.
Emmanuel Macron clausurará su mandato con un discurso en la ONU, mientras Andy Burnham (Reino Unido) y Péter Magyar (Hungría) debutan como líderes europeos. La ausencia de Friedrich Merz (Alemania) y Giorgia Meloni (Italia) contrasta con la presencia de Serguéi Lavrov (Rusia) y Han Zheng (China), quienes encabezarán las delegaciones de Moscú y Pekín, respectivamente.
El contexto diplomático: ¿Por qué esta Asamblea es distinta?
La Asamblea General de la ONU de 2026 se celebra en un escenario de fragmentación geopolítica sin precedentes desde la Guerra Fría. La ausencia simultánea de Xi Jinping y Putin —ambos ausentes desde 2014— refleja el aislamiento de Rusia tras la invasión de Ucrania y el recelo hacia China, cuya relación con EE.UU. se tensó tras el acuerdo comercial de 2025. La presencia de Trump, en su primer viaje internacional como presidente, añade volatilidad: su confrontación con Lula por las elecciones brasileñas anticipa un año de roces en América Latina, donde países como Perú y Chile han endurecido su retórica contra la influencia estadounidense.
Oriente Medio será el eje central, con Irán recuperando espacio tras el acuerdo nuclear de 2024 y Israel en una posición defensiva. La intervención de Pezeshkian —primer presidente iraní en asistir a la ONU desde 2018— marca un giro tras años de sanciones, mientras Abás usa la plataforma para presionar por el reconocimiento del Estado palestino, un tema que Trump ha bloqueado en la ONU. La escalada entre EE.UU. e Irán, iniciada en febrero con ataques a buques en el Estrecho de Ormuz, añade urgencia al debate sobre no proliferación nuclear.
En Europa, la guerra en Ucrania domina la agenda del Consejo de Seguridad paralelo, donde Macron buscará consenso para enviar más armas a Kiev. La ausencia de Merz —crítico con el envío de tanques— y Meloni —que prioriza la diplomacia con Moscú— debilita la posición pro ucraniana, mientras Burnham y Magyar representan a gobiernos recién llegados con posturas aún no definidas.
¿Qué se juega cada actor?
Donald Trump usa la ONU para consolidar su imagen como líder global tras su victoria en 2024, pero su enfoque en Brasil y Irán choca con las prioridades de sus aliados europeos. Lula, por su parte, aprovecha la plataforma para advertir sobre la injerencia estadounidense en América Latina, un tema sensible tras las elecciones de octubre. Para Venezuela, la presencia de Rodríguez es una victoria simbólica: aunque no obtendrá reconocimientos formales, su intervención —la primera de un jefe de Estado venezolano en seis años— envía un mensaje a la comunidad internacional sobre la transición en el país.
En Oriente Medio, Irán gana terreno al recuperar su espacio en la ONU, mientras Israel y sus aliados árabes —como Qatar— buscan contener el avance iraní. Abás apuesta por la presión diplomática para forzar el reconocimiento palestino, aunque sin visado su margen de maniobra se reduce. Para Rusia y China, la ausencia de sus líderes refuerza su estrategia de evitar confrontaciones directas con Occidente, priorizando canales bilaterales.
En el plano interno, Macron cierra su mandato con un discurso de despedida centrado en Ucrania, mientras Burnham y Magyar buscan legitimidad en su primer año de gobierno. Sánchez, en cambio, usa la tribuna para reforzar el papel de España en la mediación de crisis globales, aunque sin impacto inmediato en su agenda doméstica.
La Asamblea de 2026 quedará marcada por la ausencia de liderazgos históricos y la presencia de figuras emergentes, como Fujimori o Paz, que reflejan el giro a la derecha en América Latina. El verdadero test será si estos encuentros traducen promesas en acciones concretas, especialmente en Ucrania y Oriente Medio, donde la retórica de la ONU choca con la realidad de los conflictos.






