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Sáb. Sep 19th, 2026
Trump y Delcy Rodríguez firman acuerdo energético EEUU-Venezuela
Gage Skidmore (CC BY-SA 3.0, Wikimedia Commons)
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El encuentro en Nueva York marca el fin de la ruptura diplomática iniciada en 2019 y consolida el control estadounidense sobre el 20% de las reservas petroleras venezolanas

Donald Trump y Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela, se reúnen el próximo martes en Nueva York durante la Asamblea General de la ONU, un encuentro que sella el primer acercamiento diplomático de alto nivel entre ambos países en más de una década. La Casa Blanca confirmó esta madrugada que el presidente estadounidense cerrará su agenda en la ciudad con este encuentro, tras reuniones con líderes del Reino Unido, Japón y el Golfo Pérsico.

El encuentro marca un giro histórico tras años de tensión bajo el gobierno de Nicolás Maduro, capturado en Caracas el 3 de enero de 2026 durante una operación militar que llevó al poder a Rodríguez, quien ejercía como vicepresidenta ejecutiva. Desde entonces, la administración Trump ha reconocido al gobierno interino y restablecido las relaciones diplomáticas, rotas desde 2019.

El acuerdo energético firmado recientemente es el eje del acercamiento: Estados Unidos obtendrá la gestión del 20% de las reservas petroleras venezolanas, un recurso estratégico que consolida la influencia estadounidense en la región. Según la Casa Blanca, el encuentro en Nueva York servirá para «profundizar en la cooperación bilateral» tras la firma de este pacto, que ya ha sido calificado como «histórico» por fuentes diplomáticas.

Rodríguez, quien asumió el cargo interino tras la captura de Maduro, lidera un gobierno de transición que busca estabilizar el país tras años de crisis económica y aislamiento internacional. Su reunión con Trump, el primer mandatario estadounidense en visitar Venezuela desde la ruptura diplomática, subraya el cambio de prioridades en la política exterior de Washington hacia Latinoamérica.

El contexto: de la ruptura diplomática a la reapertura energética

La normalización de relaciones entre EEUU y Venezuela no es un proceso aislado, sino el resultado de una estrategia más amplia de la administración Trump para reafirmar su influencia en América Latina. Desde 2019, cuando el Departamento de Estado reconoció a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, las relaciones se deterioraron hasta el punto de romperse formalmente. La captura de Maduro en enero de 2026, sin embargo, abrió una ventana de oportunidad para un diálogo que ahora se materializa en un acuerdo energético.

El control sobre el 20% de las reservas petroleras —uno de los mayores yacimientos del mundo— es un activo clave para EEUU, que busca reducir su dependencia de otros proveedores como Arabia Saudí o Rusia. Para Venezuela, el acuerdo representa una inyección de liquidez necesaria tras años de sanciones económicas y caída de la producción petrolera. Sin embargo, el pacto también ha generado críticas internas: sectores de la oposición venezolana, aunque divididos, cuestionan la legitimidad de Rodríguez para negociar acuerdos de tal envergadura sin elecciones democráticas.

El marco legal del acuerdo aún no ha sido detallado públicamente, pero fuentes cercanas a la Casa Blanca indican que se enmarca en una «cooperación técnica» que incluye inversiones en infraestructura petrolera a cambio de acceso a los yacimientos. Este modelo ya se ha aplicado en otros países, como Irak o Libia, donde empresas estadounidenses obtuvieron concesiones a largo plazo bajo gobiernos en transición.

Implicaciones: ¿un modelo para otros países o un precedente controvertido?

El acuerdo energético entre EEUU y Venezuela podría sentar un precedente en la región, donde países como Colombia o Brasil observan con atención cómo se desarrolla la relación. Para Trump, consolidar este pacto antes de la Asamblea General de la ONU refuerza su imagen como líder que restaura alianzas estratégicas, especialmente en un momento en que su gobierno enfrenta críticas por su manejo de otras crisis internacionales.

En el plano interno venezolano, el acuerdo energético divide a la oposición. Mientras algunos sectores ven en Rodríguez una figura de transición necesaria para estabilizar el país, otros la consideran una «heredera» del chambismo y exigen elecciones anticipadas. La falta de claridad sobre el futuro político de Venezuela —si habrá elecciones en 2027 como prometió Rodríguez o si el proceso se alargará— añade incertidumbre al escenario.

Para la comunidad internacional, el acuerdo también plantea preguntas sobre su sostenibilidad. Organismos como la OPEP podrían ver con recelo la participación de EEUU en el mercado petrolero venezolano, especialmente si esto afecta a los cuotas de producción de otros miembros. Además, el modelo de concesiones a largo plazo podría generar tensiones con otros inversores, como empresas rusas o chinas, que han mantenido presencia en el sector energético venezolano durante años.

En el corto plazo, el encuentro entre Trump y Rodríguez servirá para dar visibilidad al acuerdo energético, pero su éxito dependerá de la capacidad de ambos gobiernos para implementarlo sin generar nuevos focos de conflicto. Para Venezuela, la reapertura diplomática con EEUU es una oportunidad para salir del aislamiento, pero también un riesgo si no logra atraer inversiones más allá del sector petrolero.

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