Mark Carney defiende una alianza basada en ‘diversidad y resiliencia’ frente a la propuesta de Von der Leyen de vinculación institucional
Mark Carney, primer ministro de Canadá, recibió este jueves una ovación en pie del Parlamento Europeo tras su discurso en el que rechazó convertirse en miembro asociado de la Unión Europea. Carney, que intervino en respuesta a la propuesta de Ursula von der Leyen de convertir a Canadá en el primer país con ese estatus, subrayó que la alianza entre ambos bloques debe basarse en ‘diversidad y resiliencia colectiva’, no en una relación jerárquica.
El líder canadiense evitó cualquier referencia a lo que calificó como ‘arrogancia del hegemón’, aunque su mensaje llegó tras la propuesta concreta de Von der Leyen —anunciada el miércoles— de explorar un acuerdo que integrara a Canadá en el espacio europeo sin ser miembro de pleno derecho. Carney insistió en que cualquier colaboración debe ser ‘equilibrada y mutuamente beneficiosa’, sin que un bloque imponga su agenda al otro.
La reacción en el hemiciclo europeo fue unánime: diputados de todos los grupos parlamentarios —desde el PPE hasta los Verdes/ALE— aplaudieron durante más de un minuto al finalizar su intervención, un gesto que contrastó con el tono técnico de la propuesta inicial de la Comisión Europea.
El contexto de la propuesta de Von der Leyen
La presidenta de la Comisión Europea propuso el miércoles convertir a Canadá en el primer ‘miembro asociado’ de la UE, un estatus que ya existe para países como Noruega o Suiza, pero que nunca se había extendido a una economía de la envergadura de Canadá. Según documentos internos de la Comisión —citados por fuentes diplomáticas—, este acuerdo buscaría profundizar en la cooperación comercial, energética y de seguridad, sin conceder a Canadá derecho de voto en las instituciones europeas ni obligaciones presupuestarias.
Sin embargo, el modelo planteado por Von der Leyen ha generado dudas en Bruselas. Funcionarios de la Comisión Europea reconocieron en conversaciones internas que el estatus de ‘miembro asociado’ podría interpretarse como un ‘segundo nivel’ de integración, algo que choca con la retórica canadiense de autonomía soberana. Carney evitó mencionar este debate, pero su énfasis en la ‘diversidad’ como pilar de la relación sugiere que Ottawa rechaza cualquier fórmula que implique subordinación, incluso indirecta.
¿Qué se juega cada bando?
Para la UE, la alianza con Canadá es clave en dos frentes: por un lado, como contrapeso a la influencia de EE.UU. en temas como el comercio de semiconductores o las cadenas de suministro críticas; por otro, como socio en la transición ecológica, dado que Canadá es el quinto país del mundo en reservas de litio. Von der Leyen ya había avanzado en junio durante su visita a Ottawa que exploraría ‘nuevos formatos de cooperación’, pero el anuncio formal del miércoles sorprendió por su concreción.
Canadá, por su parte, busca diversificar sus alianzas geopolíticas en un contexto de tensiones con China y de creciente presión de Washington para alinearse con políticas comerciales restrictivas. El gobierno de Justin Trudeau —que ha priorizado su relación con la UE desde que Canadá se convirtió en socio estratégico en 2022— ve en este estatus una oportunidad para consolidar su papel como ‘puente’ entre América y Europa, sin ceder soberanía. La respuesta de Carney este jueves, sin embargo, cierra de facto la puerta a cualquier fórmula que implique dependencia institucional.
La próxima reunión de la Comisión Europea con representantes canadienses, prevista para el 3 de octubre en Bruselas, será clave para definir si la propuesta se ajusta a los términos de Ottawa. Fuentes diplomáticas europeas adelantaron que, de no haber acuerdo, la UE podría optar por un ‘pacto de cooperación avanzada’ —similar al que mantiene con Ucrania—, que evite el término ‘asociación’ pero mantenga los beneficios económicos.







