Ursula von der Leyen ofrece a Mark Carney una alianza sin precedentes en economía, tecnología y defensa, excluyendo el proceso de ampliación tradicional
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, propuso ayer a Mark Carney, primer ministro de Canadá, convertir a su país en el primer Estado asociado de la Unión Europea, un modelo de alianza sin precedentes que busca contrarrestar la influencia de Donald Trump y reforzar la autonomía estratégica de Europa.
La oferta, anunciada durante el discurso sobre el Estado de la Unión en Estrasburgo, incluye la creación de un Consejo Europeo de Seguridad que integraría a Canadá, Reino Unido, Noruega y Ucrania, además de un mecanismo de coordinación militar frente a amenazas como los ataques rusos. Von der Leyen vinculó explícitamente la propuesta a las advertencias de Carney en el Foro de Davos de enero, donde advirtió: *»Las potencias medias como Canadá deben actuar juntas, porque si no estás en la mesa, estás en el menú»*.
El anuncio llega en un contexto de tensiones comerciales entre Washington y Ottawa, agravadas por las amenazas arancelarias de Trump, quien ha llegado a calificar a Canadá como el *»51º estado de Estados Unidos»*. La alianza propuesta por Bruselas no solo busca fortalecer la relación transatlántica, sino también sentar las bases de un nuevo modelo de cooperación que excluya el proceso tradicional de ampliación de la UE, que requeriría el consenso unánime de los 27 Estados miembros.
Fuentes de la Comisión Europea confirmaron que la propuesta se debatirá en la próxima cumbre UE-Canadá, prevista para finales de octubre, y abarcaría ámbitos como economía, tecnología, inteligencia artificial, seguridad en el Ártico y defensa. Sin embargo, el camino no está exento de obstáculos: países como Italia y Grecia ya han expresado su rechazo por temor a una reacción de Trump, lo que podría obligar a Bruselas a optar por fórmulas alternativas.
Un modelo de alianza sin precedentes: ¿qué implica ser estar asociado?
La propuesta de Von der Leyen no se limita a una mera cooperación bilateral. Según explicaron fuentes comunitarias, se trataría de *»la relación de asociación más estrecha imaginable con un socio fuera de Europa»*, un estatus que no existe actualmente en el marco de los tratados europeos. A diferencia de la ampliación, que implicaría la adhesión plena a la UE, este modelo permitiría a Canadá participar en políticas clave sin someterse a las normas del bloque, como la libre circulación de personas o la soberanía judicial.
El Consejo Europeo de Seguridad, por su parte, sería un formato complementario a la OTAN y buscaría incrementar el papel de Europa en su propia defensa, algo que Trump ha exigido repetidamente. Andrius Kubilius, comisario de Defensa y Espacio, aclaró que la iniciativa no está dirigida contra la OTAN, sino que *»busca integrar experiencias militares específicas»*, especialmente la de Ucrania, para hacer frente a amenazas como la guerra en el Donbás o los ciberataques rusos. La propuesta incluye además la creación de un Artículo 4 europeo, un mecanismo de coordinación militar similar al existente en la OTAN para responder a ataques externos.
El contexto geopolítico: ¿por qué ahora y por qué Canadá?
La alianza con Canadá responde a dos prioridades estratégicas para la UE. En primer lugar, contrarrestar el aislamiento de Estados Unidos bajo la presidencia de Trump, quien ha abandonado acuerdos como el T-MEC y ha amenazado con imponer aranceles del 100% a las importaciones europeas. En segundo lugar, consolidar un bloque de potencias medias —junto a Australia y Japón— que pueda actuar como contrapeso a las grandes potencias.
Canadá, con su economía estable, su posición geográfica en el Atlántico Norte y su tradición de alianzas multilaterales, encaja en este modelo. Además, su gobierno ya ha manifestado interés en profundizar la cooperación con la UE, especialmente en sectores como la inteligencia artificial y la seguridad energética en el Ártico. Sin embargo, la propuesta también enfrenta resistencias internas: mientras países como Países Bajos o Suecia ven con buenos ojos la iniciativa, otros, como Hungría o Polonia, podrían bloquearla por desconfianza hacia cualquier alianza que no incluya a Estados Unidos.
¿Qué sigue? La cumbre de octubre y los desafíos políticos
El siguiente paso será la cumbre UE-Canadá del 28 de octubre, donde se negociarán los términos concretos de la alianza. Según fuentes comunitarias, Bruselas busca un acuerdo antes de final de año para presentar una propuesta formal a los Estados miembros en 2027. No obstante, el proceso enfrenta tres obstáculos principales:
1. **La oposición de algunos Estados miembros**, especialmente aquellos con relaciones históricas más estrechas con Washington, como Italia o Grecia.
2. **La falta de un marco legal claro** para este tipo de asociaciones, lo que obligaría a modificar los tratados europeos, un proceso lento y complejo.
3. **La reacción de Trump**, quien podría responder con medidas proteccionistas o incluso con una revisión de los acuerdos comerciales existentes, como el CETA.
Mientras tanto, la Comisión Europea ya ha comenzado a explorar fórmulas similares con otros socios, como Australia y Japón, en lo que podría marcar el inicio de una nueva era en las alianzas internacionales, donde la UE asuma un papel protagónico más allá de sus fronteras.






