Von der Leyen ofrece a Ottawa un estatus asociado histórico; el magnate estadounidense amenaza con aranceles y califica la alianza de ‘acto hostil’
Mark Carney, primer ministro de Canadá, ha aceptado hoy la propuesta de Ursula von der Leyen para convertir a su país en el primer miembro asociado de la Unión Europea, un acuerdo que marca un giro geopolítico frente a la presión de Donald Trump. La alianza, anunciada durante el discurso de Carney en el Parlamento Europeo, incluye una invitación a otros países a sumarse y excluye explícitamente a Estados Unidos como socio estratégico.
El anuncio, realizado en Estrasburgo, llega tras una semana de tensiones entre Ottawa y Washington. Trump, que calificó la alianza de ‘acto hostil’, amenazó ayer con imponer aranceles a Canadá, mientras que Carney ignoró las advertencias y presentó la propuesta como un ‘faro para las democracias’. ‘Una alianza definida por lo que defendemos, no por lo que rechazamos’, declaró Carney, destacando valores como libertad, solidaridad y sostenibilidad.
Von der Leyen, quien lanzó la invitación personalmente durante su discurso sobre el estado de la UE, subrayó que la alianza ‘no va contra nadie, sino que refuerza nuestra fortaleza común’. El acuerdo podría incluir beneficios económicos, mayor cooperación en defensa, facilidades migratorias y proyectos conjuntos en el Ártico, según fuentes comunitarias.
El Consejo Europeo de Seguridad, propuesto por Von der Leyen, incluiría a Canadá junto a Reino Unido, Noruega y Ucrania, un formato que busca responder a ‘amenazas híbridas’ en un contexto de creciente inestabilidad global.
El contexto: Canadá entre la UE y el desafío de Trump
La propuesta de Von der Leyen se enmarca en un momento clave para las relaciones transatlánticas. Canadá, tradicionalmente aliado de Estados Unidos, ha visto deteriorada su relación con la administración Trump, especialmente tras amenazas arancelarias y declaraciones como la fanfarronería de 2023 sobre convertir a Canadá en el ‘estado 51’ de EE.UU. Según encuestas citadas por Carney, el 78% de los canadienses apoya una mayor integración con Europa, un dato que refuerza la viabilidad política del acuerdo.
El CETA (Acuerdo Económico y Comercial Global entre Canadá y la UE), vigente desde 2017, ya sentó las bases para una colaboración más estrecha. Sin embargo, este nuevo estatus asociado supera el marco comercial y aborda áreas como seguridad, clima y tecnología, según detalles adelantados por la Comisión Europea. La alianza también busca contrarrestar el proteccionismo de Trump, quien ha utilizado aranceles como herramienta de presión en múltiples ocasiones.
Implicaciones: ¿Un modelo para otros países?
El acuerdo podría abrir la puerta a que otros aliados no europeos, como Australia o Nueva Zelanda, exploren fórmulas similares de cooperación con la UE. Von der Leyen mencionó explícitamente a Australia como posible candidato, un país que ha mostrado interés en diversificar sus alianzas tras el giro proteccionista de EE.UU.
Para la UE, la alianza con Canadá refuerza su capacidad de respuesta en un escenario geopolítico marcado por la guerra en Ucrania y el ascenso de potencias como China. ‘Europa necesita su propio protocolo de respuesta frente a amenazas híbridas’, declaró Von der Leyen, un mensaje que subraya la urgencia de consolidar bloques democráticos alternativos.
En el plano interno, el acuerdo podría generar tensiones en Canadá, donde sectores cercanos a EE.UU. podrían verlo como un distanciamiento estratégico. Sin embargo, Carney ha insistido en que la alianza no busca ‘reemplazar’ a ningún socio, sino ‘complementar’ las relaciones existentes.
La respuesta de Trump, quien calificó a Canadá de ‘pésimo socio comercial’, refleja la profundidad de la fractura. Su amenaza de aranceles, repetida en múltiples ocasiones, podría escalar si el acuerdo avanza, aunque fuentes diplomáticas europeas descartan un impacto económico significativo a corto plazo.
El proceso de formalización del estatus asociado podría tardar entre 12 y 18 meses, según estimaciones de la Comisión Europea. Durante este tiempo, se negociarán los términos concretos de la alianza, incluyendo mecanismos de gobernanza y posibles ajustes al CETA.
Carney enfatizó que, a pesar de las amenazas de aranceles, la propuesta de asociación no pretende sustituir la relación con Estados Unidos, sino complementarla. En su discurso, recordó que la mayoría de los canadienses apoyan vínculos más estrechos con Europa, lo que refuerza la legitimidad del acuerdo ante la oposición de Washington.
El primer ministro canadiense pronunció su discurso en el mismo hemiciclo del Parlamento Europeo donde Von der Leyen había formulado la invitación el día anterior, un gesto simbólico que subraya la continuidad institucional de la propuesta. Carney describió la alianza como un marco abierto a que otros países se sumen, siempre que compartan los principios de libertad, solidaridad, prosperidad y sostenibilidad, y sostuvo que su fortaleza debe servir para reforzar el derecho internacional en lugar de sustituirlo. La mención a que nadie pueda dictar las decisiones de los socios se leyó como una referencia velada a la presión arancelaria de Washington, que el primer ministro optó por no responder de forma directa.






