El régimen de Kim Jong-un confirma operaciones con sistemas de precisión del 100% mientras el ministro de Defensa amenaza con ‘contramedidas’ por los ejercicios Freedom Edge
Corea del Norte realizó este lunes un «ejercicio de ataque» con artillería, misiles balísticos tácticos y drones de combate, según confirmó la agencia estatal KINA. La maniobra, que incluyó sistemas de crucero y lanzacohetes de gran calibre, se desarrolló el pasado 12 de septiembre y demostró, según el régimen, una «precisión del 100%» en sus objetivos. El lanzamiento coincide con la finalización de ejercicios militares conjuntos entre Corea del Sur, Estados Unidos y Japón, que generaron una escalada de tensiones en la península coreana.
El Estado Mayor Conjunto surcoreano detectó el sábado 14 de septiembre, a las 05:20 hora local, el lanzamiento de múltiples misiles de corto alcance desde la ciudad portuaria de Won san, hacia el mar de Japón. Las autoridades norcoreanas justificaron el ejercicio como una respuesta a las maniobras Freedom Edge, desarrolladas entre el 9 y el 13 de septiembre, que reunieron fuerzas marítimas, aéreas, médicas y cibernéticas de los tres países aliados. Estas prácticas, según el ministro de Defensa norcoreano, Kim Song-gi, responden a una supuesta «cadena ininterrumpida» de ejercicios estadounidenses en la región.
El régimen norcoreano detalló el uso de «nuevos sistemas de combate», incluyendo drones de ataque, misiles de crucero tácticos y lanzacohetes múltiples de presión térmica. La confirmación oficial llega tras la reducción anunciada el pasado mes del ejercicio anual Ulchi Freedom Shield, impulsada por el presidente estadounidense Donald Trump en su intento de reanudar el diálogo con Kim Jong-un. Sin embargo, las tensiones persisten: el ministro Kim Song-gi advirtió esta semana de «contramedidas» ante la continuidad de las maniobras, en un contexto donde la precisión de los sistemas norcoreanos —según la propia KINA— alcanza niveles «perfectos» en sus simulacros de ataque.
El contexto de las maniobras Freedom Edge y la reducción del Ulchi Freedom Shield
Las maniobras Freedom Edge, concluidas el 13 de septiembre, fueron descritas por los organizadores como un entrenamiento para mejorar la «coordinación, interoperabilidad y preparación defensiva trilateral». Este tipo de ejercicios, que involucran a fuerzas combinadas de Corea del Sur, EE.UU. y Japón, suelen desencadenar reacciones en Pyongyang, que los interpreta como una amenaza directa. La reducción del ejercicio anual Ulchi Freedom Shield, anunciado en agosto, fue presentada como un gesto de buena voluntad hacia Kim Jong-un, aunque no ha logrado frenar la escalada de pruebas militares norcoreanas.
El Ulchi Freedom Shield, tradicionalmente el mayor ejercicio conjunto entre Seúl y Washington, se ha visto limitado en su alcance este año. Según fuentes del Pentágono, la versión reducida de 2026 se centró en «simulacros de defensa cibernética y operaciones de información», evitando maniobras de gran envergadura que pudieran ser interpretadas como provocaciones. Sin embargo, el régimen norcoreano ha interpretado incluso estos ejercicios limitados como una amenaza, especialmente tras el anuncio de Trump de buscar una reunión con Kim Jong-un para reactivar las negociaciones de desarme.
¿Qué sistemas de ataque desplegó Corea del Norte y por qué importa su precisión?
La agencia KINA destacó el uso de «drones de ataque de diversos tipos», misiles de crucero tácticos y lanzacohetes múltiples de gran calibre con tecnología de presión térmica. Estos sistemas, según el régimen, demostraron una «precisión del 100%» en sus objetivos durante el ejercicio del 12 de septiembre. La mención a la precisión no es casual: en los últimos años, Corea del Norte ha invertido en modernizar su arsenal, especialmente en misiles de corto y medio alcance, para contrarrestar la superioridad tecnológica de sus vecinos.
El despliegue de drones de ataque, en particular, marca un avance significativo. Aunque Pyongyang ha utilizado drones en ejercicios previos, su integración en operaciones combinadas con artillería y misiles balísticos tácticos sugiere una estrategia de «guerra híbrida», donde la combinación de sistemas convencionales y no convencionales dificulta la respuesta de los adversarios. La precisión anunciada —del 100%— es una afirmación propagandística típica del régimen, pero refleja su intención de proyectar una capacidad militar superior a la real.
Para los analistas, el verdadero desafío no es la precisión declarada, sino la capacidad de Corea del Norte para mantener este nivel de operatividad bajo sanciones internacionales. El ejercicio de este lunes, aunque limitado en alcance, sirve como advertencia: el régimen no solo está desarrollando nuevas tecnologías, sino que también está probando su capacidad para operar sistemas combinados en un contexto de alta tensión. Esto eleva el riesgo de errores de cálculo en la península, especialmente si las maniobras trilateral continúan sin un canal de diálogo abierto.
Reacciones y siguientes pasos: ¿hacia una nueva ronda de negociaciones?
Hasta el momento, ni Seúl ni Washington han emitido declaraciones oficiales sobre el último ejercicio norcoreano, aunque fuentes del Ministerio de Defensa surcoreano confirmaron la detección de los misiles lanzados desde Won san. La respuesta de Japón, por su parte, se ha limitado a monitorear la situación, sin activar protocolos de emergencia, lo que sugiere que los proyectiles no representaron una amenaza directa para su territorio.
El siguiente paso dependerá de la reacción de Kim Jong-un. Si el régimen mantiene su postura de «contramedidas», podría intensificar sus pruebas, especialmente en sistemas de precisión como los drones y misiles de crucero. Sin embargo, la reducción del Ulchi Freedom Shield y el interés de Trump por reabrir el diálogo podrían abrir una ventana para negociaciones. La clave estará en si Pyongyang percibe estos gestos como un avance hacia su objetivo de levantamiento de sanciones, o si, por el contrario, los interpreta como debilidad.
Mientras tanto, Corea del Sur y EE.UU. enfrentan un dilema: mantener la presión militar para disuadir al régimen o priorizar el diálogo, arriesgándose a ser percibidos como concesiones. La respuesta de Kim Song-gi esta semana —con su amenaza de «contramedidas»— sugiere que, por ahora, el régimen prefiere escalar la retórica antes que ceder en sus demandas. La pregunta que queda en el aire es si esta ronda de ejercicios y contra ejercicios llevará finalmente a una mesa de negociaciones, o si la península coreana se adentrará en un nuevo ciclo de tensiones.







