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El bloque de centroizquierda, ganador por 3 escaños, se fractura: los socialistas apoyan al candidato conservador para presidir el Parlamento, dejando a la socialdemócrata sin mayoría

Magdalena Anderson, líder de los socialdemócratas suecos, ha renunciado el lunes a intentar formar Gobierno en Suecia, solo 10 días después de recibir el encargo oficial. La decisión, anunciada en rueda de prensa, se produce tras la ruptura de sus aliados del Partido Socialista, que han decidido respaldar al candidato conservador Andreas Orlen para presidir el Riksdag (Parlamento sueco), en lugar de apoyar su proyecto de coalición.

La fractura interna en el bloque de centroizquierda —que ganó las elecciones legislativas del 13 de septiembre por un ajustado margen de 3 escaños (176 frente a 173)— ha dejado sin mayoría a Anderson, quien ahora reconoce que «no hay ninguna posibilidad de formar un nuevo gobierno». El Partido de Izquierda, otro de sus socios potenciales, ya había anunciado su apoyo a Orlen, argumentando que el candidato conservador era el más idóneo para liderar las negociaciones parlamentarias, aunque mantuvieron su respaldo a Anderson como primera ministra.

La renuncia de Anderson consolida una nueva dinámica política en Suecia: por primera vez desde 2018, los socialistas y los conservadores podrían formar un gobierno en minoría, con el apoyo externo del Partido Centrista, que ha rechazado cualquier alianza con el ultraderechista Demócratas de Suecia (SD), tercera fuerza parlamentaria. Este partido, que perdió 3 puntos porcentuales en las elecciones (del 22% al 19%) y su condición de segunda fuerza, había sido clave en el gobierno anterior liderado por el conservador Ulf Kristersson, quien ahora se perfila como el candidato más probable para dirigir las negociaciones.

La victoria del bloque de Anderson en las elecciones del 13 de septiembre —con un 28% de los votos, su peor resultado en casi un siglo— ya había reflejado las divisiones internas. Mientras el Partido de Izquierda exigía formar parte del Ejecutivo, el Partido Centrista, tradicionalmente aliado de la derecha, se negó a cualquier acuerdo con los socialdemócratas. Esta rigidez ideológica ha impedido hasta ahora la formación de una coalición estable, dejando a Anderson sin opciones viables.

El sistema político sueco impide que Anderson sea presidente del Riksdag

El sistema político sueco obliga al partido más votado a designar al presidente del Riksdag. En este caso, los socialistas —a pesar de ser el bloque ganador— no controlan la presidencia parlamentaria, un cargo que tradicionalmente recae en el bloque opositor. Esta norma, combinada con la fragmentación del centroizquierda, ha dejado a Anderson sin margen de maniobra. Su declaración de renuncia fue clara: «En el Parlamento sueco, es el partido más votado el que desempeña el rol de presidente de la Cámara». Sin embargo, al no controlar la presidencia, su capacidad para negociar se ha visto drásticamente reducida.

El Partido Centrista, liderado por Mia Mälm, ha sido clave en este giro. Aunque en el pasado apoyó gobiernos de derecha, ahora rechaza cualquier alianza con el SD, un partido que ha ganado influencia en los últimos años, pero que ahora retrocede electoralmente. Esta postura ha dejado a los conservadores en una posición débil: necesitan el apoyo centrista para gobernar, pero no pueden incluir al SD en su coalición sin perder el respaldo de sus aliados tradicionales.

El gobierno en minoría liderado por los conservadores enfrenta presión del SD

Con Anderson fuera de la ecuación, el escenario más probable es un gobierno en minoría liderado por los conservadores, con el apoyo externo del Partido Centrista. Sin embargo, esta alianza enfrenta desafíos: el SD, aunque debilitado, podría presionar para obtener concesiones a cambio de su abstención, algo que los conservadores han evitado hasta ahora. Si no se alcanza un acuerdo, Suecia podría enfrentarse a nuevas elecciones en los próximos meses, una posibilidad que los partidos han intentado evitar hasta ahora.

Para los socialdemócratas, la derrota es simbólica: Andersson, primera mujer en intentar formar gobierno en Suecia, ha visto cómo su victoria electoral se desvanecía por las divisiones internas. El Partido de Izquierda, por su parte, sale reforzado al haber logrado imponer su candidato para la presidencia del Riksdag, aunque esto ha acelerado el colapso de la coalición. Los conservadores, aunque no tienen mayoría absoluta, podrían aprovechar esta situación para negociar desde una posición de fuerza.

El SD, pese a su retroceso electoral, sigue siendo un actor clave. Su rechazo a cualquier acuerdo con los centristas limita las opciones de los conservadores, que ahora dependen de mantener el apoyo de un partido que históricamente ha estado en la oposición. Si los centristas se niegan a apoyar un gobierno con el SD, los conservadores podrían verse obligados a buscar otros aliados, lo que complicaría aún más la formación de un Ejecutivo estable.

En el plano internacional, la inestabilidad política en Suecia podría tener repercusiones en su política exterior, especialmente en su relación con la UE y la OTAN. Un gobierno en minoría o unas nuevas elecciones podrían retrasar decisiones clave, como la aprobación de presupuestos o la implementación de políticas económicas, afectando tanto a la economía sueca como a su papel en los foros europeos.

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