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Vie. Sep 18th, 2026
Anderson, encargada de formar Gobierno en Suecia
Wikimedia Commons (Magdalena Andersson)
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La líder socialdemócrata deberá negociar con aliados y superar el bloqueo del Partido de Centro, que rechaza al Partido de Izquierda como socio

Magdalena Anderson, líder del Partido Socialdemócrata sueco, recibió este viernes el encargo oficial del presidente del Parlamento, Andreas Orlen, para intentar formar Gobierno tras las elecciones legislativas del pasado domingo, que dejaron un resultado sin vencedor claro y obligaron a la dimisión del primer ministro conservador, Ulf Kristersson.

El encargo llega tras un recuento que confirmó el triunfo de la coalición de centroizquierda con el 49,5 % de los votos frente al 48,8 % del bloque gubernamental, una diferencia de solo 3 diputados (176 frente a 173). Kristersson presentó su renuncia al cargo a los minutos de conocerse los resultados definitivos, tras perder su mayoría parlamentaria y ver cómo su partido, los Conservadores, caía al 19,8 %, su peor resultado desde 1920.

Anderson, que obtuvo el 28 % de los votos —el peor resultado de su partido en casi un siglo—, deberá ahora negociar con sus aliados tradicionales —el Partido Verde y el Partido de Izquierda— y superar un obstáculo clave: el Partido de Centro, que ha rechazado explícitamente cualquier Gobierno que incluya a los socialistas de Izquierda, su principal rival en el espectro progresista.

La líder centrista, Elisabeth Thand Ringgit, dejó claro este viernes que su formación «no puede imaginar» un Ejecutivo con el Partido de Izquierda, aunque sí está dispuesta a apoyar a los socialdemócratas junto al Partido Verde. Por su parte, Nooshi Agostar, líder de Izquierda, advirtió que su partido «solo votará por un Gobierno del que forme parte» y calificó la postura centrista de «poco razonable».

Kristersson, que evitó felicitar a Anderson por su victoria, subrayó que «no hay realmente ningún ganador» en estas elecciones, donde ni siquiera los socialdemócratas lograron su mejor resultado histórico. «Es necesario mover algunas líneas rojas si queremos un Gobierno», declaró al canal TV4, en referencia a las divisiones internas que ya han paralizado anteriores intentos de coalición.

El contexto: un sistema parlamentario que premia la negociación y castiga la rigidez

Suecia opera bajo un sistema parlamentario donde la formación de Gobierno depende de alcanzar mayorías en el Riksdag (Parlamento), lo que obliga a negociaciones complejas entre partidos con programas a menudo distantes. En las últimas décadas, los Gobiernos han sido coaliciones frágiles —como el actual, liderado por Kristersson y sostenido por el Partido Demócrata Sueco (SD), de ultraderecha—, pero la polarización actual ha aumentado los bloqueos.

El Partido de Centro, tradicionalmente moderado, ha endurecido su postura frente a Izquierda, un partido que defiende políticas más intervencionistas en economía y mayor protección social. Esta rigidez contrasta con el discurso de Anderson, quien ha insistido en buscar «un nuevo espíritu de colaboración» y ha descartado negociar con el SD, clave en el apoyo a Kristersson.

El plazo para formar Gobierno es flexible: Orlen no fijó fechas, pero el nuevo Parlamento se reunirá el 28 de septiembre para elegir a su presidente, lo que acelerará las presiones sobre Anderson. Si no logra un acuerdo, el rey Carlos XVI Gustavo podría disolver el Parlamento y convocar nuevas elecciones, aunque esto es poco probable dado el desgaste político.

Las implicaciones: ¿quién gana y quién pierde en este empate?

El principal perdedor es Kristersson, cuya estrategia de aliarse con el SD —partido xenófobo que obtuvo el 17,5 % de los votos— ha aislado a los conservadores en el centro político. Su renuncia marca el fin de un Gobierno que ya había sido criticado por su gestión de la inmigración y su falta de consenso en políticas sociales.

Para Anderson, el desafío es doble: por un lado, necesita el apoyo de Izquierda para aprobar leyes clave, pero el Partido de Centro —con el 11,8 % de los votos— bloquea cualquier coalición que incluya a ese socio. Por otro, su partido ha perdido apoyo en las zonas rurales, donde el SD ha crecido, lo que obliga a buscar alianzas en nuevas áreas.

El Partido Verde, con el 4,6 %, será clave como bisagra, pero su capacidad de influencia depende de si logra un acuerdo con los centristas o con los socialdemócratas. Si Anderson no logra formar Gobierno en las próximas semanas, el escenario más probable es una coalición minoritaria con apoyo externo, similar a la actual, pero con mayor inestabilidad.

En el plano internacional, este resultado refleja el desgaste de los partidos tradicionales en Europa del Norte, donde el auge de formaciones de izquierda y derecha radical está redefiniendo el mapa político. Suecia, hasta ahora un modelo de consenso, podría sumarse a la tendencia de Gobiernos frágiles y negociaciones prolongadas, como ya ocurre en países como Finlandia o Noruega.

El próximo movimiento será crucial: si Andersson logra convencer a los centristas de flexibilizar su postura, podría formar un Gobierno minoritario con apoyo externo. Si no, el país podría enfrentar nuevas elecciones en 2027, con el riesgo de que el SD —que ya es la segunda fuerza— intente repetir el éxito de su aliado danés, el Partido Popular Danés, en el poder.

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