El exvicepresidente socialista aboga por replicar acuerdos amplios como el que logró la Constitución en 1978, durante un encuentro en Toledo con García-Page y Martín Villa
Alfonso Guerra ha llamado a los partidos a repetir hoy el consenso político que permitió aprobar la Constitución de 1978 con solo 6 votos en contra en un hemiciclo de 350 diputados. Lo hizo durante un foro en Toledo junto al presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, y el expolítico Rodolfo Martín Villa, donde recordó que «solo queda un partido de entonces que votó a favor y no estoy seguro de si la votarían ahora».
Su mensaje subraya la dificultad actual para alcanzar acuerdos transversales en un Parlamento fragmentado, donde la polarización ha reducido la capacidad de pacto más allá de mayorías mínimas. Guerra, figura clave en la Transición, contrastó entonces con la situación actual, donde incluso temas consensuados en el pasado —como la memoria histórica— generan fracturas profundas entre los partidos.
El encuentro en Toledo, organizado por el Gobierno regional, también sirvió para repasar los avances de la comunidad autónoma en materia de cohesión territorial, un ámbito donde Castilla-La Mancha ha mantenido históricamente mayorías estables. García-Page, en la línea de su discurso habitual, destacó la necesidad de «evitar el enfrentamiento estéril» y priorizar políticas con impacto social, aunque sin mencionar explícitamente a la oposición.
Martín Villa, por su parte, actuó como testigo de la época de consenso, aunque sin pronunciarse sobre si los partidos actuales serían capaces de repetir logros como la Constitución. Su presencia simbolizó el contraste entre un pasado de acuerdos y un presente marcado por la fragmentación parlamentaria, donde incluso leyes básicas requieren negociaciones complejas y mayorías ajustadas.
El mensaje de Guerra, aunque genérico, adquirió relevancia en un contexto de creciente tensión política. Con las elecciones autonómicas de 2027 en el horizonte, su llamado a recuperar el espíritu de pacto resuena especialmente en regiones como Castilla-La Mancha, donde la gobernabilidad depende de equilibrios frágiles entre fuerzas políticas.






