El acuerdo firmado en la ONU permite a Washington abrir bases en Narsarsuaq y Mestersvig y vetar inversiones de países no aliados en la isla
Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia firmaron este martes un acuerdo de defensa que otorga a Washington una presencia militar amplia en la isla ártica de forma indefinida. La firma se produjo aprovechando la asistencia de las tres partes a la Asamblea General de la ONU. El texto pretende blindar el territorio de las actividades crecientes de adversarios, según el propio documento.
El pacto llega después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazara en varias ocasiones con hacerse con el control del territorio autónomo danés, incluso por la vía militar. El argumento que esgrimió fue la creciente presencia rusa y china en el Ártico. Han transcurrido siete meses desde la tercera de esas amenazas, que provocó una crisis de gran envergadura entre aliados occidentales.
El acuerdo respeta la soberanía y la integridad territorial del reino de Dinamarca y el derecho a la autodeterminación del pueblo groenlandés. Así lo subrayó la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, quien afirmó que el texto respeta «por supuesto» esa soberanía y ese derecho. El preámbulo alude a los desafíos de seguridad en el Ártico y el Alto Norte derivados del aumento de la actividad militar de adversarios y del creciente interés estratégico en la región.
De una sola base a nuevas zonas de defensa
El documento complementa el acuerdo de defensa de 1951, enmendado en 2004 para incluir a Groenlandia. Aquel texto ya concedía a Estados Unidos amplias prerrogativas para establecer nuevas zonas de defensa en la isla. Tras décadas de reducción de su presencia, Washington solo mantenía la base espacial de Pituffik, en el norte.
Ahora el acuerdo permitirá a Estados Unidos establecer bases adicionales en Narsarsuaq, en el sur, y Mestersvig, en el oeste. También podrá crear zonas de defensa adicionales y reforzar sus operaciones o instalaciones militares en consulta con Copenhague y Nuuk. Dinamarca y Groenlandia deberán examinar las solicitudes para establecer instalaciones militares sin personal militar desplegado de forma permanente fuera de esas zonas.
Los buques, aeronaves y vehículos estadounidenses tendrán derecho de libre acceso y circulación entre las zonas de defensa a través de Groenlandia, incluidas las aguas territoriales, por tierra, aire y mar. La misma regla podrá aplicarse a las instalaciones militares. Los aviones podrán sobrevolar y aterrizar en cualquier territorio de la isla, y los buques tendrán acceso submarino y podrán moverse dentro de las aguas territoriales sin restricciones, en principio.
El veto a la inversión de países no aliados
Las tres partes acuerdan que el territorio próximo a una base estadounidense no se utilizará de forma que amenace su seguridad. También se comprometen a trabajar conjuntamente para combatir el espionaje en la isla. El texto prohíbe que ningún Estado que no sea miembro de la OTAN establezca instalaciones militares propias en Groenlandia, con o sin personal, ni mantenga una presencia permanente de fuerzas militares. Solo habrá excepciones si Dinamarca, Nuuk y Estados Unidos lo acuerdan de otro modo.
La misma restricción se aplica a la inversión directa de países considerados enemigos. El acuerdo cita la amenaza para la seguridad nacional y el orden público que supone el aumento de los esfuerzos de los adversarios por ampliar su influencia y control en Groenlandia. Los Estados o inversores procedentes de un país que no sea miembro de la OTAN, socio de la OTAN o Estado miembro de la Unión Europea no podrán tener control, influencia importante ni acceso a información no pública en sectores o actividades sensibles del territorio, incluidas las aguas territoriales.
Solo si las partes acuerdan que esas actividades no constituirían una amenaza para la seguridad nacional o el orden público podrá permitirse su presencia e inversión. El acuerdo no tiene fecha de expiración y solo podrá modificarse mediante consentimiento mutuo. De este modo, Washington se garantiza su presencia en Groenlandia de manera indefinida, incluso si la isla ejerce su derecho a la autodeterminación para convertirse en un Estado independiente. El texto estipula además que la isla deberá permanecer como miembro de la OTAN.
Una crisis entre aliados que se cierra en la ONU
En el punto más crítico de la crisis, Trump llegó a plantear la posibilidad de utilizar la fuerza para hacerse con el territorio, de 57.000 habitantes. Esa opción sembró la inquietud en el seno de la Unión Europea y de la OTAN. Los europeos vieron cómo su histórico aliado, del que dependen para su seguridad, comenzaba a amenazarlos. Con el pacto rubricado este martes, confían en haber zanjado dichas amenazas.
La firma en la Asamblea General de la ONU sitúa el acuerdo en el marco multilateral que Dinamarca y Groenlandia han defendido durante toda la crisis. Nuuk, capital y centro político de la isla, participa como parte firmante junto a Copenhague y Washington. El texto reconoce así un papel propio al gobierno groenlandés en las decisiones sobre su territorio, más allá de la soberanía danesa.
El acuerdo convierte a Groenlandia en un punto fijo de la arquitectura de seguridad estadounidense en el Ártico. La isla queda ligada a la OTAN de forma expresa y su espacio aéreo y marítimo se abre a las operaciones de Washington. Para Dinamarca, el pacto evita la vía de la fuerza que Trump había puesto sobre la mesa. Para Estados Unidos, consolida una posición militar que llevaba décadas reduciendo. Los europeos, que dependen de la OTAN para su defensa, cierran así un episodio que cuestionó la solidez de esa alianza.




