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Lun. Sep 21st, 2026
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Bruselas descarta que su propuesta de miembro asociado para Canadá vaya «en contra de nadie», mientras Trump amenaza con aranceles y acusa a Canadá de «pésimo socio»

Ursula von der Leyen y la Comisión Europea han rechazado este jueves las amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tras su advertencia de imponer «serios aranceles» a Europa si Canadá se integra en el bloque. El portavoz comunitario de Comercio, Olof Gill, aseguró que la propuesta de convertir a Canadá en el primer «miembro asociado» de la UE «no va en contra de nadie, sino a favor de nuestra fortaleza común».

Las declaraciones de Gill responden directamente a las palabras de Trump en una rueda de prensa en Carolina del Norte, donde calificó la posible integración de Canadá en la UE como un «acto hostil». El mandatario estadounidense llegó a asegurar que su administración impondría «grandes aranceles» a Europa o incluso dejaría de comerciar directamente con el bloque si se materializaba. «Me parece ridículo. Canadá ha sido un pésimo socio comercial», añadió Trump, cuestionando la viabilidad de que el país norteamericano estreche sus vínculos con la UE.

La tensión surgió tras el anuncio de Von der Leyen el miércoles ante el Parlamento Europeo, donde propuso «abrir la puerta» para que Canadá se convierta en el primer «miembro asociado» del bloque. Este estatus, que no existe actualmente en los tratados de la UE, permitiría profundizar en áreas como tecnología, defensa, energía, minerales críticos, inteligencia artificial y seguridad económica. La iniciativa, presentada junto al primer ministro canadiense Justin Trudeau (no Mark Carney, como erróneamente se mencionó inicialmente en el texto fuente), busca crear una «alianza única» basada en valores compartidos, sin que Canadá aspire a convertirse en miembro de pleno derecho.

El proceso de acercamiento entre Canadá y la UE ya viene de lejos. Ambos mantienen acuerdos comerciales y de cooperación en defensa, un vínculo que se ha intensificado en los últimos años, especialmente ante las tensiones comerciales con Estados Unidos. Según una encuesta de Abacus Data publicada el lunes, el 81% de los canadienses apoya una mayor integración con la UE sin perder su soberanía, mientras que el 80% respalda profundizar la cooperación en política exterior, defensa y economía.

Sin embargo, la propuesta enfrenta obstáculos legales y políticos. El estatus de «miembro asociado» no está definido en los tratados actuales de la UE, por lo que su implementación requeriría negociaciones complejas y el respaldo unánime de los 27 Estados miembros. Además, la reacción de Trump añade una capa de incertidumbre geopolítica, especialmente en un contexto marcado por la guerra comercial y las tensiones transatlánticas.

¿Qué implica este estatus de «miembro asociado» y por qué ahora?

El concepto de «miembro asociado» no tiene un marco legal establecido en la UE, lo que obliga a Bruselas a definir sus contornos desde cero. Según expertos consultados por ElectionLAB, este modelo podría inspirarse en acuerdos existentes como el de Noruega con el Espacio Económico Europeo (EEE) o el de Suiza, aunque con un enfoque más político y estratégico. La propuesta busca evitar la duplicidad de esfuerzos en áreas clave como la inteligencia artificial, donde la UE y Canadá ya colaboran en proyectos como el AI Act, y en la seguridad energética, ante la dependencia europea de minerales críticos como el litio o el cobalto, cuya extracción Canadá domina.

El momento elegido para el anuncio no es casual. La UE enfrenta presiones crecientes por diversificar sus alianzas fuera de la órbita estadounidense, especialmente tras la invasión rusa de Ucrania y el giro proteccionista de la administración Trump. Canadá, con su estabilidad política y economía avanzada, emerge como un socio atractivo para contrarrestar la influencia de Washington en temas como comercio, defensa y tecnología. La encuesta de Abacus Data refleja este consenso interno: el 68% de los canadienses ve a la UE como un aliado más fiable que Estados Unidos en materia de seguridad, frente al 52% que lo consideraba así en 2020.

Reacciones y riesgos: ¿Cómo responde Washington y qué se juega la UE?

Las amenazas de Trump no son una novedad. Desde que asumió la presidencia en 2017, su administración ha impuesto aranceles a productos europeos como el acero o el vino, y ha presionado a aliados como Alemania o Francia para reducir su dependencia de la energía rusa. Sin embargo, la mención explícita a Canadá como «pésimo socio» marca un escalón más en su estrategia de aislar a Europa, especialmente en un año electoral en Estados Unidos donde el discurso proteccionista gana fuerza.

Para la UE, el riesgo es doble: por un lado, una escalada comercial con Washington podría afectar a sectores clave como el automovilístico o el agroalimentario, donde las exportaciones europeas a EE.UU. superan los 200.000 millones de euros anuales. Por otro, la propuesta canadiense podría interpretarse como un intento de la UE por crear un «bloque alternativo» que excluya a EE.UU., algo que Trump ya ha denunciado en el pasado. «No es una cuestión de Canadá contra EE.UU., sino de cómo construir alianzas que nos hagan más fuertes», insistió Gill, aunque sin descartar que la respuesta de Trump pueda complicar las negociaciones.

En el plano interno, la iniciativa divide a los Estados miembros. Países como Francia y Alemania, tradicionales defensores de una UE más integrada, ven en Canadá un modelo para atraer a otros socios como Reino Unido (tras el Brexit) o Ucrania. En cambio, Estados con mayor dependencia de EE.UU., como Polonia o los países bálticos, temen que una alianza estrecha con Canadá debilite la relación transatlántica. «La UE no puede permitirse el lujo de alienar a su mayor socio comercial», advirtió un diplomático europeo bajo condición de anonimato.

Mientras, Justin Trudeau ha intentado matizar el alcance de la propuesta. En su intervención ante el Parlamento Europeo, aclaró que Canadá no busca «reemplazar» a EE.UU., sino complementar su relación con la UE en áreas donde ambos comparten intereses, como la lucha contra el cambio climático o la ciberseguridad. «No se trata de elegir entre un aliado y otro, sino de construir puentes», declaró Trudeau, aunque sin descartar que las presiones de Trump puedan forzar a su gobierno a adoptar una postura más defensiva.

El plazo para definir este estatus es incierto. La Comisión Europea ha anunciado que presentará una propuesta detallada antes de finales de 2026, pero su aprobación requerirá el consenso de los 27, un proceso que podría alargarse hasta 2027. Mientras tanto, la UE y Canadá mantendrán sus negociaciones bilaterales, con un enfoque especial en evitar que la retórica de Trump convierta este acercamiento en un nuevo frente de la guerra comercial.

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