Defensa invierte en soluciones nacionales para contrarrestar drones rusos, con proyectos como el Scrab de Sener y el Q-SLAM de Arquimea, mientras el Ejército prueba sistemas como el Dardo de Asedios
Indra presenta el ‘Drizale’ (Llovizna), un dron nodriza capaz de desplegar enjambres de hasta 80 kilómetros de alcance, una tecnología diseñada para saturar defensas aéreas con ataques masivos de drones pequeños. El sistema, desarrollado en España, responde a la amenaza creciente de drones rusos en conflictos como Ucrania, donde ya han derribado aparatos españoles en misiones OTAN.
El primer dron extranjero que los cazas españoles han derribado se produjo durante la misión de defensa del espacio aéreo de Rumanía, donde un avión de combate español interceptó y neutralizó un dron ruso que se acercaba a la zona de operaciones. Este incidente marcó el inicio de la creciente preocupación por la presencia de drones en el teatro de operaciones europeo.
El proyecto forma parte de un rearme nacional centrado en drones ‘efectores’ —aquellos que atacan o neutralizan otros drones—, con un presupuesto que supera los 292.751 euros en contratos recientes, como el adjudicado a Sener para el desarrollo del Scrab, un dron de alta dinámica convertido en arma merodeadora. La prioridad es evitar dependencia extranjera: todos los proyectos, desde el Q-SLAM de Arquimesa hasta el Dardo de Asedios, son de fabricación española.
El desafío es económico: un dron ruso cuesta 40.000 euros, mientras que neutralizarlo con misiles como los Patriot (1 millón de euro por unidad) resulta insostenible. España apuesta por soluciones baratas y escalables, como enjambres de drones pequeños o sistemas de neutralización electrónica, que podrían desplegarse en un mes según estimaciones de empresas como Integrasys.
El Ejército ya prueba estos sistemas: el Dardo, un dron anti-dron con 45 km de alcance, y el Arañe, un sistema de fragmentación desarrollado por Escribano. Mientras, la Infantería de Marina usa el Q-SLAM, ligero y silencioso, para ataques ‘quirúrgicos’ en zonas sensibles.
Drones DJI de Ucrania se convirtieron en armas de guerra híbrida
La amenaza comenzó en Ucrania con drones DJI (de uso civil) adaptados como armas. Hoy, Rusia emplea enjambres de drones baratos para saturar defensas, obligando a Ucrania a gastar misiles caros en neutralizarlos. España replica esta estrategia con proyectos como el MURADE (Sener) o el MAMMA, que convierten drones de entrenamiento en armas de ataque.
El rearme incluye alianzas entre empresas: Instalaza (explosivos) y Arquimesa (IA para enjambres) colaboran con el Ejército. La clave es la neutralización electrónica, que evita el gasto de munición tradicional. Según Álvaro Sánchez (Integrasys), España podría proteger instalaciones críticas en un mes y ampliarlo al país en cuatro meses.
Indra y Sener consolidan su posición en defensa europea con contratos
Para Defensa, el objetivo es reducir la dependencia de EE.UU. (como los misiles Nasas) y desarrollar tecnología propia. Para las empresas, como Indra o Sener, estos contratos consolidan su posición en el mercado de defensa europeo, en crecimiento por la guerra en Ucrania. Para el Ejército, la prioridad es neutralizar drones rusos sin agotar recursos, mientras la OTAN vigila cómo España gestiona esta amenaza en misiones como la de Rumanía.
El debate técnico persiste: ¿drones contra drones, misiles o neutralización electrónica? Mientras, el Scrab (originalmente un blanco) se convierte en un dron kamikaze, y el Drizale de Indra podría redefinir la guerra aérea en Europa.
En 2023, dos soldados del contingente Alfa Eco del Regimiento de Artillería Antiaérea 94 de Canarias operaron con un cohete en una batería Nasas desplegada en Estonia, demostrando la capacidad de la fuerza aérea española para integrar sistemas de defensa aérea de largo alcance en el marco de la OTAN.





