El acuerdo incluye reducciones arancelarias por 30.000 millones de dólares y crea dos consejos bilaterales para gestionar conflictos en comercio e inteligencia artificial
Xi Jinping y Donald Trump sellaron en Nueva York el pasado 15 de septiembre un acuerdo para extender hasta el 10 de enero de 2027 la suspensión de aranceles y medidas comerciales que ambas potencias habían aplicado durante la escalada comercial de 2018-2020. El Ministerio chino de Comercio confirmó este lunes que la prórroga —anunciada inicialmente por el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, tras la cumbre— se enmarca en el ‘arreglo conjunto’ firmado en Kuala Lumpur en octubre de 2025, cuando ambos líderes se reunieron por primera vez tras años de tensiones. Pekín había evitado hasta ahora confirmar oficialmente la extensión, limitándose a señalar que ‘equipos económicos’ habían alcanzado un nuevo entendimiento.
La prórroga da margen a ambas partes para negociar durante estos meses un acuerdo más amplio. Según detalló el Ministerio chino, el nuevo marco incluye reducciones arancelarias recíprocas sobre productos valorados en 30.000 millones de dólares por cada lado, con el objetivo de que el 90% de los bienes incluidos vean sus aranceles reducidos a los niveles de ‘nación más favorecida’ una vez completados los trámites legales internos. Este paquete se gestionará a través de dos nuevos organismos: un Consejo de Comercio bilateral, que abordará específicamente las reducciones arancelarias, y un Consejo de Inversión, centrado en oportunidades y obstáculos para empresas.
Además, China y EE.UU. han acordado establecer un diálogo específico en inteligencia artificial, liderado por el viceprimer ministro chino He Lifeng y Scott Bessent, con una primera sesión ya celebrada. El acuerdo también prevé crear un canal de comunicación para gestionar ‘incidentes’ relacionados con esta tecnología antes de una nueva reunión prevista antes de finales de noviembre.
El anuncio llega tras la octava ronda de consultas económicas y comerciales, celebrada entre el 20 y el 23 de septiembre en Nueva York y Washington, justo antes de la visita de Xi Jinping a EE.UU. Este encuentro marcó un punto de inflexión en las relaciones bilaterales, donde ambos líderes buscaron desescalar las tensiones en áreas clave como comercio, tecnología y seguridad.
La tregua se pactó en Kuala Lumpur en octubre de 2025
La suspensión de aranceles y medidas comerciales que ahora se prorroga hasta enero de 2027 fue acordada inicialmente en octubre de 2025, durante una reunión en Kuala Lumpur entre los equipos económicos de ambos países, justo antes del encuentro entre Xi Jinping y Donald Trump en Busan (Corea del Sur). Ese acuerdo temporal evitó la aplicación de aranceles adicionales sobre productos clave, como acero, aluminio y tecnología, que habían sido impuestos durante la guerra comercial iniciada en 2018 bajo la presidencia de Trump y que Joe Biden mantuvo parcialmente durante su mandato.
El nuevo marco de negociación busca evitar un nuevo escalón en la conflictividad comercial, especialmente en sectores como semiconductores, baterías y productos agrícolas, donde ambos países mantienen disputas abiertas. La creación de los dos consejos bilaterales —uno para comercio y otro para inversión— refleja el intento de institucionalizar un diálogo permanente, algo que no existía desde la ruptura de las negociaciones en 2020.
El acuerdo también responde a la presión de sectores empresariales en ambos países, que habían advertido sobre los riesgos de una nueva escalada. En EE.UU., empresas como Apple, Boeing y Tesla dependen en gran medida de la cadena de suministro china, mientras que en China, gigantes como Huawei y BYD necesitan acceso al mercado estadounidense para mantener su crecimiento. La prórroga hasta enero de 2027 da tiempo a ambas partes para evaluar el impacto de las medidas actuales y negociar un acuerdo más estable.
La prórroga evita aranceles a la automoción y electrónica china
Para China, la prórroga evita un nuevo aumento de aranceles que podría afectar a su ya debilitada economía, especialmente en sectores como automoción y electrónica, donde las exportaciones a EE.UU. representan un porcentaje significativo de sus ingresos. Además, el diálogo en inteligencia artificial es clave para Pekín, que busca limitar la fragmentación tecnológica impulsada por Washington bajo la ley CHIPS Act y las restricciones a exportaciones de semiconductores avanzados.
Por su parte, EE.UU. gana tiempo para evaluar el impacto de las medidas actuales sin tener que enfrentar una escalada comercial en plena campaña electoral, donde temas como la competitividad industrial y la dependencia de China son centrales en el debate. La administración de Trump ha mostrado una postura más flexible que la de Biden en materia comercial, priorizando acuerdos bilaterales rápidos sobre regulaciones estrictas. Sin embargo, la prórroga no garantiza que no haya nuevos roces en áreas como subvenciones estatales a empresas chinas o transferencia de tecnología forzosa, temas que siguen siendo puntos de fricción.
El acuerdo también tiene implicaciones geopolíticas. Una desescalada comercial podría reducir las tensiones en el Indo-Pacífico, donde tanto China como EE.UU. compiten por influencia. Sin embargo, la prórroga no incluye avances en otros frentes conflictivos, como Taiwán, el Mar de China Meridional o la guerra en Ucrania, donde las posturas siguen siendo irreconciliables.
En el ámbito tecnológico, el diálogo específico sobre inteligencia artificial busca evitar una nueva ‘Guerra Fría’ digital, similar a la que se vivió durante la Guerra Fría con la carrera espacial. Ambos países compiten por liderar sectores como robótica, chips avanzados y sistemas de reconocimiento facial, y cualquier incidente —como acusaciones de espionaje o robos de propiedad intelectual— podría desestabilizar el frágil equilibrio actual.
La prórroga hasta enero de 2027 también deja claro que neither China ni EE.UU. están dispuestos a ceder en sus demandas centrales. Mientras Pekín exige el fin de las sanciones comerciales y el reconocimiento de su modelo económico, Washington insiste en que cualquier acuerdo debe incluir protección de propiedad intelectual, acceso a mercados justos y reducción de subsidios estatales. El desafío ahora será mantener este diálogo abierto sin que las negociaciones se estancen.



