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EE.UU. e Israel asesinan al líder supremo de Irán en ataque sorpresa

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El asesinato de Alí Jamenei, máxima autoridad desde 1989, redefine el poder en Teherán y escalan las tensiones regionales

Estambul, 27/09/2026 — Estados Unidos e Israel han eliminado al líder supremo de Irán, Alí Jamenei, en un ataque coordinado el pasado 28 de febrero. La operación, ejecutada sin previo aviso, ha dejado sin respuesta clara la pregunta sobre quién ostenta ahora el poder en Teherán, una figura que desde 1989 concentraba los hilos del régimen tras la muerte de Rahola Joferni.

El ataque, que ha sido confirmado por fuentes internacionales, marca un punto de inflexión en la geopolítica regional. Jamenei, de 87 años, era la máxima autoridad religiosa y política de Irán desde que asumió el cargo tras la muerte de Joferni en 1989, consolidando un sistema en el que el poder supremo se separaba del ejecutivo. Su eliminación elimina el único punto de referencia estable en un sistema ya fragmentado por tensiones internas y externas.

La operación, liderada por Donald Trump y Benjamin Netanyahu, ha sido descrita como una «guerra sorpresa» contra Teherán. Aunque no se han detallado aún las consecuencias inmediatas para el gobierno iraní —encabezado actualmente por el presidente Ebrahim Raisi—, el vacío de poder generado podría acelerar una reconfiguración interna. Históricamente, Irán ha respondido a ataques externos con represalias asimétricas, como ciberataques o acciones contra intereses estadounidenses e israelíes en la región, aunque la magnitud de la respuesta dependerá ahora de quién asuma el liderazgo.

El ataque también reabre el debate sobre la capacidad de Irán para mantener su estructura de poder unificada. Jamenei era el único líder con autoridad tanto sobre el cuerpo de los Guardianes de la Revolución como sobre el sistema judicial y religioso, pilares clave del régimen. Su muerte podría debilitar temporalmente la cohesión interna, especialmente si surgen disputas por su sucesión entre las facciones conservadoras y reformistas.

El contexto: un líder supremo con 37 años de influencia

Alí Jamenei asumió el cargo de líder supremo en 1989 tras la muerte de Rahola Joferni, consolidando un sistema en el que el poder religioso y político se fusionaban bajo una sola figura. Durante su mandato, Irán ha enfrentado sanciones internacionales, conflictos regionales —como su apoyo a grupos como Hezbolá o las milicias chiíes en Irak y Siria— y una creciente tensión con Occidente, especialmente tras el retiro de EE.UU. del acuerdo nuclear en 2018. Su figura era clave para mantener la unidad entre las distintas facciones del régimen, desde los Guardianes de la Revolución hasta el clero chií.

La eliminación de Jamenei podría tener implicaciones directas en la estrategia nuclear iraní. Aunque Teherán ha negado repetidamente sus intenciones de desarrollar armas atómicas, su programa de enriquecimiento de uranio ha sido un punto de fricción constante con la comunidad internacional. Sin un líder supremo que actúe como árbitro interno, las decisiones sobre el programa nuclear podrían volverse más fragmentadas o aceleradas, dependiendo de quién asuma el control.

Las reacciones internacionales y el riesgo de escalada

Aunque aún no hay declaraciones oficiales de Teherán, las reacciones en la región ya anticipan un escenario de alta tensión. Israel, principal objetivo de las represalias iraníes en el pasado, podría enfrentar ataques directos o a través de praxis como Hezbolá en Líbano. Por su parte, EE.UU. se enfrenta a la posibilidad de que Irán busque venganza contra sus intereses en Oriente Medio, desde bases militares en Irak hasta instalaciones petroleras en el Golfo Pérsico.

La comunidad internacional, especialmente los aliados europeos de EE.UU., podría presionar por una respuesta medida, pero la historia sugiere que Irán responderá con acciones que eviten una confrontación directa. El ataque contra Jamenei, sin embargo, podría ser visto como una violación sin precedentes de la soberanía iraní, lo que podría llevar a Teherán a buscar aliados inusuales, como Rusia o China, para contrarrestar el aislamiento.

Mientras tanto, el vacío de poder en Irán podría ser aprovechado por facciones internas para impulsar agendas propias. Los Guardianes de la Revolución, por ejemplo, podrían buscar consolidar su influencia en el gobierno, mientras que los reformistas podrían intentar ganar terreno en un momento de debilidad institucional. La sucesión de Jamenei, si se produce internamente, podría ser un proceso lento y conflictivo, especialmente si no hay un candidato claro con el respaldo suficiente.

La operación también plantea preguntas sobre la estrategia de Trump y Netanyahu. Aunque ambos han justificado sus acciones como necesarias para contener la amenaza iraní, el asesinato de un líder supremo podría ser visto como un paso demasiado lejos incluso por sus aliados más cercanos. La falta de coordinación previa con socios europeos o árabes podría aislar aún más a EE.UU. e Israel en la región.

Fuente: ABC (Internacional)

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