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Lun. Sep 28th, 2026

La votación fallida que salvó a Sánchez y cambió el PSOE

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Diez años después, exdirigentes como Puig y Montón revelan cómo una votación fallida salvó al secretario general y sentó las bases del Gobierno de coalición más progresista de la democracia

Carmen Montón evitó con un solo voto que el PSOE destituyera a Pedro Sánchez el 1 de octubre de 2016, un día que marcó el inicio de la década más transformadora para el partido y que hoy cumple diez años con un legado político aún en disputa. Aquel sábado, en un comité federal en la sede de Ferraz, 16 miembros de la ejecutiva —entre ellos el entonces presidente de la Generalitat, Ximo Puig, y la propia Micaela Navarro, presidenta del PSOE— dimitieron para forzar la caída de Sánchez y abrir un proceso de primarias que buscaba un candidato más consensuado. La estrategia falló por un voto: el de Montón, que se negó a abandonar su puesto como secretaria de Igualdad y consellera valenciana de Sanidad.

Diez años después, los protagonistas de aquel episodio —ahora embajadora de España en la OEA— y otros testigos clave como Manolo Mata, exsíndic del PSPV en las Cortes Valencianas, reconstruyen cómo una votación que pudo cambiar la historia del PSOE se convirtió en el punto de inflexión que permitió a Sánchez consolidarse como líder y, finalmente, como presidente del Gobierno. Según explican, el comité no fue solo una crisis interna, sino un reflejo de las tensiones entre un partido dividido entre quienes apostaban por la abstención para permitir un Gobierno de Mariano Rajoy y quienes, como Montón, defendían resistirse a una nueva legislatura del PP.

El resultado de aquel día —la supervivencia de Sánchez— no solo salvó su carrera política, sino que sentó las bases del Gobierno de coalición más progresista de la democracia española, formado en 2020 con Unidas Podemos. Sin embargo, para sus críticos, como Puig, aquel 1 de octubre sigue siendo un «error histórico» que demostró la falta de democracia interna y la visceralidad de un partido en crisis.

El plan que casi triunfa: dimisiones y gestora

El objetivo de los críticos no era un comité federal al uso, sino un golpe de Estado interno. Según detalla Puig en declaraciones a Levante-EMV, el plan consistía en que la mitad más uno de los miembros de la ejecutiva dimitieran, lo que habría obligado a disolver la dirección, destituir a Sánchez y convocar un congreso extraordinario para elegir un nuevo secretario general. «Era un plan muy calculado», recuerda Puig. «Lo que no sabíamos es que Carmen Montón no iba a dimitir».

Montón, que entonces combinaba su cargo en la ejecutiva federal con el de consellera valenciana, explica que recibió «presiones brutales» durante los días previos al comité. «Fue una semana poco edificante, con conversaciones difíciles», admite desde Nueva York, donde ejerce como embajadora. Su resistencia fue clave: sin su dimisión, no se alcanzaba el umbral necesario para derrocar a Sánchez. «Estaba convencida de que dejar gobernar al PP nuevamente era un error», insiste. «No pudieron convencerme».

La votación se alargó hasta la noche, con periodistas y cámaras rodeando Ferraz. Cuando Montón entró en la sede, lo hizo con una decisión clara: no apoyar la abstención que habría permitido a Rajoy gobernar. «Era posible ser leal en mi papel de consellera y tener criterio propio en la ejecutiva federal», argumenta. Su postura chocaba con la de otros miembros valencianos del PSOE, como el propio Puig, que habían optado por dimitir para forzar un cambio. «Intenté exponer internamente lo paradójico que me parecía que los miembros valencianos de la ejecutiva no apoyáramos un gobierno de coalición, cuando el Pacte del Botánico en Valencia era el ejemplo de que la propuesta de Sánchez era viable», recuerda.

Las consecuencias inmediatas: dimisiones y primarias

El comité federal del 1 de octubre de 2016 terminó con Sánchez en el cargo, pero con un partido fracturado. Además de las dimisiones de Navarro, Puig, Carme Chacón y Juan Ignacio García-Page, otros 13 miembros abandonaron la ejecutiva. Puig, que dimitió como presidente de la Generalitat valenciana, asegura que su prioridad era «preservar la institución». «Me habría gustado otra decisión de Carmen [Montón], pero continuó luego como consellera», reconoce.

Las dimisiones desencadenaron un proceso de primarias que Sánchez ganó en mayo de 2017 con el lema «El espíritu de Xirivella«, en referencia a un acto multitudinario en Valencia donde prometió renovar el partido. Un año después, en 2018, Sánchez logró formar Gobierno con el apoyo de Podemos, cerrando así el ciclo abierto en 2016. Para Manolo Mata, exsíndic del PSPV, Montón fue «la salvación de Sánchez». «Tenía detrás a tres altos cargos que me decían: ‘¿Qué haces? ¡Estás votando a un loco!’. Yo les respondí: ‘Yo creo que este loco algún día será presidente del Gobierno’», relata Mata, quien entonces apoyó a Sánchez pese a las presiones.

El resultado, según Mata, fue «el Gobierno más de izquierdas de la democracia». Sin embargo, Puig matiza: «El resultado ha sido positivo para el PSOE, aunque todo no es un mundo feliz». El expresidenta valenciano critica la falta de «democracia deliberativa» en aquel proceso y señala que «faltó entendimiento desde la pluralidad». «Quedan cosas que habría que revisar», añade.

El legado: de la crisis a la coalición con Podemos

El 1 de octubre de 2016 no solo fue un punto de inflexión para Sánchez, sino también para el PSOE. La abstención que permitió a Rajoy gobernar hasta 2018 sentó un precedente: el partido entendió que su futuro pasaba por alianzas con la izquierda. Dos años después, en 2018, Sánchez repitió la estrategia y logró formar Gobierno con el apoyo de Podemos, ERC y PNV, un ejecutivo que ha gobernado España hasta la fecha con mayorías ajustadas y una agenda progresista.

Para Puig, aquel día demostró los riesgos de una organización «partida y visceral». «Fue una lucha de poder y de modelo de partido», señala. Sin embargo, otros, como Mata, ven en la supervivencia de Sánchez el inicio de una era. «Ha habido gente muy comprometida luego con Sánchez que en ese comité no lo estaba», recuerda, citando a Joan Lerma, quien «aguantó hasta el final y votó por la continuidad» del secretario general.

Hoy, diez años después, el PSOE enfrenta nuevos desafíos, pero el 1 de octubre de 2016 sigue siendo un símbolo: el día en que un voto cambió la historia del partido y de España. Para Montón, fue «una encrucijada que afectó no solo a la organización, sino al futuro del país». Un futuro que, irónicamente, Sánchez terminó construyendo.

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