El canciller iraní presenta un plan para levantar el bloqueo naval, pero Washington lo descarta por falta de garantías; el estrecho, clave para el 20% del petróleo mundial, sigue cerrado en medio de una guerra que dura ya siete meses
Masud Pezeshkian, presidente de Irán, y Donald Trump, presidente de Estados Unidos, han chocado frontalmente en la ONU esta semana sobre el futuro del estrecho de Ormuz, una vía marítima que controla el 20% del comercio global de petróleo y que Teherán ha cerrado parcialmente desde junio. Irán propuso reabrirlo en siete días a cambio de una tregua regional, pero Trump rechazó la oferta, según confirmaron fuentes de la Casa Blanca citadas por The Wall Street Journal. La tensión escaló cuando Trump publicó en su red social Truth Social un mapa con el estrecho rodeado y etiquetado como *»Estrecho Trump»*, en un gesto que simboliza su postura de no ceder en el bloqueo.
El plan iraní, presentado por el canciller Abás Araqchi en Nueva York, incluye un cese inmediato de hostilidades en Oriente Medio —incluyendo Líbano y Yemen—, la liberación de 12.000 millones de dólares en activos iraníes congelados, y el levantamiento de sanciones al petróleo iraní. A cambio, Irán prometió reabrir Ormuz *»como antes»*, según declaró Pezeshkian en una entrevista con CBS. Sin embargo, Trump desestimó la propuesta, alegando que Teherán no cumpliría sus compromisos y advirtiendo de posibles nuevos bombardeos. *»Irán no admite la coerción ni renunciará a sus derechos soberanos por presiones»*, declaró Araqchi, subrayando que la decisión final depende de Washington.
El estrecho de Ormuz, un paso de 33 kilómetros entre Irán y Omán, se convirtió en un escenario de conflicto tras el colapso en junio de un acuerdo provisional firmado entre ambas potencias. Irán exigió entonces que los barcos que crucen el estrecho obtengan su autorización, alegando razones de seguridad. Los buques que se niegan suelen ser atacados, mientras que EE.UU. responde con bombardeos a infraestructuras costeras iraníes. Desde entonces, la guerra por poderes en la región —con enfrentamientos indirectos entre Irán y Arabia Saudí, y el riesgo de escalada directa— ha dejado al menos 3.200 muertos en Yemen y ha disparado los precios del crudo un 40% en lo que va de año.
El protocolo roto: cómo llegó Irán a cerrar Ormuz
El conflicto actual tiene su origen en un acuerdo firmado en junio entre Irán y EE.UU. para reabrir Ormuz, negociar el programa nuclear iraní y poner fin a las hostilidades en Yemen. Sin embargo, el pacto se desmoronó cuando Irán abrió fuego contra cinco barcos comerciales en el estrecho, acusándolos de incumplir las nuevas rutas aprobadas unilateralmente por Teherán. Estados Unidos respondió con ataques aéreos contra instalaciones portuarias iraníes, lo que llevó a Irán a suspender temporalmente el acuerdo y a imponer su control sobre el tráfico marítimo.
La estrategia iraní busca presionar a Washington para que levante las sanciones y reconozca su derecho a regular el tráfico en aguas que considera soberanas. Según Hossein Mohecí, portavoz de los Guardianes de la Revolución, Irán también exige el fin de las hostilidades en Yemen como condición para cualquier negociación. *»Poner fin a las hostilidades en Yemen es una prioridad para nosotros»*, declaró Mohecí en una entrevista exclusiva con la AFP el martes. Este requisito refleja la implicación iraní en el conflicto yemení, donde apoya a los hutíes, grupo armado que combate contra una coalición liderada por Arabia Saudí.
¿Qué se juega cada bando en esta negociación?
Para Irán, reabrir Ormuz es una cuestión de supervivencia económica. El bloqueo ha reducido a la mitad sus exportaciones de petróleo, su principal fuente de ingresos, y ha agravado la crisis inflacionaria en el país. Además, la presión internacional sobre su programa nuclear —que Trump ha descrito como *»una amenaza existencial»*— añade urgencia a la búsqueda de una salida diplomática. Sin embargo, el régimen iraní sabe que cualquier concesión en Ormuz debilitaría su postura en futuras negociaciones nucleares.
Estados Unidos, por su parte, ve en el estrecho una palanca para contener la influencia iraní en la región. Trump ha vinculado el levantamiento del bloqueo a avances en el programa nuclear y a la liberación de rehenes estadounidenses detenidos en Irán. *»No podemos permitir que Irán use Ormuz como arma de chantaje»*, declaró un funcionario de la Casa Blanca bajo condición de anonimato. La administración Trump también teme que una reaparición de Irán en el mercado petrolero pueda deprimir los precios del crudo, afectando a su base electoral en estados productores como Texas.
En el tablero regional, Arabia Saudí y otros aliados de EE.UU. en el Golfo —como Emiratos Árabes Unidos— observan con recelo cualquier acercamiento entre Washington y Teherán. Riad, que ha sufrido ataques de drones atribuidos a Irán en los últimos meses, prefiere una postura dura. *»Cualquier solución debe garantizar que Irán no use Ormuz para amenazar a nuestros aliados»*, declaró el príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salmán, en una reunión con Trump en Yeda la semana pasada.
El efecto dominó: qué pasa si Ormuz sigue cerrado
El cierre parcial de Ormuz ya ha provocado un aumento del 15% en los fletes marítimos y ha obligado a los países importadores de petróleo —como China, India y la Unión Europea— a buscar rutas alternativas más largas y costosas. Según la Cámara de Comercio Internacional, el 80% de los cargamentos de crudo que pasaban por Ormuz antes de junio ahora deben desviarse por el cabo de Buena Esperanza, en el sur de África, lo que añade 10 días y 6.000 dólares al coste de transporte por barco.
En el plano geopolítico, el bloqueo ha acelerado la búsqueda de fuentes alternativas de energía. La UE, que importa el 30% de su petróleo de Oriente Medio, ha intensificado las conversaciones con Kazajistán y Azerbaiyán para reducir su dependencia de la región. Mientras, China —el mayor importador de crudo iraní— ha aumentado sus compras a Rusia y Venezuela, lo que ha generado tensiones con Occidente.
Para los mercados financieros, la incertidumbre en Ormuz es un factor de riesgo clave. El Banco de Pagos Internacionales advirtió esta semana que un cierre definitivo del estrecho podría disparar los precios del petróleo hasta los 150 dólares por barril, desencadenando una recesión global. *»Estamos en una zona de peligro»*, declaró Aguinaldo Silva, economista jefe de la OCDE, en una rueda de prensa en París. La Reserva Federal de EE.UU. ya ha señalado que la crisis en Ormuz es uno de los principales motivos para mantener las tasas de interés altas.
Mientras tanto, en Teherán, las calles amanecen con carteles que rezan *»Ormuz o la muerte»*, y los Guardianes de la Revolución han movilizado a milicias locales para proteger las instalaciones costeras. La pregunta que flota en el aire es si Trump, a menos de un año de las elecciones presidenciales, está dispuesto a asumir el riesgo político de un nuevo conflicto abierto con Irán. Hasta ahora, su respuesta ha sido clara: no.






