Un artículo retirado en Ria Novosti describe una ‘operación militar especial’ contra el país báltico, mientras la OTAN advierte de un riesgo inminente y Europa se rearma a marchas forzadas
Vladimir Putin ha dejado claro en los últimos meses que su estrategia de desestabilización no se limita a Ucrania. Un artículo publicado el pasado viernes en la agencia estatal rusa Ria Novosti —y retirado minutos después— detallaba un plan concreto para una nueva ‘operación militar especial’ contra Lituania, con el uso de misiles y drones. El texto, firmado por el analista Alexander Nosovich, describía un ataque limitado pero de alto riesgo, que encaja en una doctrina rusa cada vez más agresiva y con una ventana de oportunidad que, según los servicios de inteligencia europeos, se cierra antes de lo previsto.
El documento, titulado Rusia se enfrenta a otra operación militar especial. Será muy corta, no solo identificaba a Lituania como objetivo, sino que anticipaba un formato de conflicto que evite una respuesta masiva de la OTAN. La retirada del artículo —algo inusual en la propaganda rusa— sugiere que el mensaje ya había sido transmitido a los destinatarios adecuados, posiblemente a través de canales no públicos. Mientras, en el terreno, el Kremlin mantiene una presión constante sobre los países bálticos, con ejercicios militares cercanos a sus fronteras y una retórica que vincula su seguridad con la de Rusia.
La alerta no es nueva, pero su urgencia ha aumentado. Las agencias de inteligencia europeas, que hasta hace unos meses situaban un posible ataque más allá de 2027, ahora hablan de meses, no de años. La combinación de factores —desde el desgaste de las defensas antiaéreas occidentales hasta la crisis política en el eje franco-alemán— ha abierto una ‘ventana de oportunidad’ para Putin que, según analistas como Christian Ehrlich, podría cerrarse entre 2027 y 2029 si Europa acelera su rearme.
El artículo de Putin en 2021: el manual para destruir Ucrania
El texto de Nosovich no es un hecho aislado. En junio de 2021, el propio Putin publicó en Ria Novosti un ensayo titulado Sobre la unidad histórica de rusos y ucranianos, donde negaba la existencia de una identidad ucraniana independiente y la atribuía a una ‘fabricación’ de Occidente. Ese texto, considerado por expertos como un libellus criminis —un escrito que justifica una acción futura—, precedió en meses al inicio de la invasión a gran escala en febrero de 2022. La estrategia era clara: destruir el Estado ucraniano y su identidad nacional.
El patrón se repite ahora con Lituania. Aunque el artículo de Nosovich fue retirado, su contenido filtrado revelaba un enfoque similar: un ataque limitado, con drones y misiles, diseñado para evitar una respuesta automática del Artículo 5 de la OTAN —que obliga a los miembros a defender a cualquier país agredido—. La clave está en la escalada controlada: suficiente para desestabilizar, pero insuficiente para provocar una guerra total.
La OTAN en jaque: Trump, la munición agotada y el dilema báltico
El mayor riesgo para la disuasión de la Alianza Atlántica no es solo la capacidad militar rusa, sino las grietas internas. Donald Trump, cuya reelección en noviembre de 2024 ha reavivado las dudas sobre el compromiso de EE.UU. con Europa, ha cuestionado en repetidas ocasiones el automatismo del Artículo 5. En 2023, llegó a afirmar que no defendería a países que no invirtieran el 2% de su PIB en defensa, una condición que solo cumplen 23 de los 32 miembros de la OTAN, incluyendo a Alemania —que en 2026 aún no alcanza ese umbral pese a su mayor presupuesto de defensa en la historia—.
La Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU. de 2025 fue clara: Europa debe asumir ‘la responsabilidad primaria de su propia defensa’. En junio de 2026, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, anunció que el Pentágono estaba ‘movilizándose de forma rápida e irreversible’ hacia ese objetivo. El problema es que, mientras Europa se rearma, sus defensas están en mínimos históricos. EE.UU. ha consumido el 80% de sus sistemas THAAD y el 60% de sus baterías Patriot en el Golfo Pérsico, reubicando equipos críticos hacia Oriente Medio. Si Rusia lanza una incursión limitada en los países bálticos ahora, la OTAN respondería con arsenales en niveles nunca vistos desde la Guerra Fría.
Las fábricas de misiles antiaéreos, que producen unos 600 ejemplares al año, están bajo presión: no solo EE.UU. necesita reponer sus reservas, sino que Europa —que ha sostenido a Ucrania— y los países del Golfo también compiten por el mismo material. La ventana de oportunidad para Putin es ahora: no hay munición suficiente para defenderse.
Europa dividida: de AfD a Le Pen, el avance de los prorrusos
La crisis política en el eje franco-alemán añade otro nivel de riesgo. En Alemania, el partido de extrema derecha AfD —primera fuerza en varios Länder del Este— aboga por levantar las sanciones a Rusia y reducir el apoyo a Ucrania. En Francia, el Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen lidera las encuestas para las presidenciales de 2027, con un historial de simpatías hacia Moscú. Incluso la extrema izquierda, con Jean-Luc Mélenchon, comparte esa línea. Una segunda vuelta entre Le Pen y Mélenchon podría ser letal para la unidad europea en la defensa de Kiev.
En otros países clave, la situación es igualmente volátil. En Polonia, el gobierno de Donald Tusk —aliado de la UE— enfrenta presiones del presidente Karol Nawrocki, quien ha reavivado viejas polémicas con Ucrania. En Italia, aunque Giorgia Meloni ha sorprendido con un discurso atlantista desde 2022, su gobierno soporta tensiones internas: la Liga de Matteo Salvini cuestiona los envíos de armas a Ucrania y reclama una reaproximación a Rusia. A esta presión se suma Roberto Vannacci, general retirado y ex eurodiputado de la Liga, que ha lanzado su propio partido, Futuro Nazionale, con un discurso aún más duro contra la línea pro ucraniana.
El rearme europeo: ¿demasiado tarde o a tiempo?
Pese a los riesgos, Europa avanza en su rearme, aunque a un ritmo que algunos analistas consideran insuficiente. Alemania ha aprobado su mayor presupuesto de defensa en la historia, mientras Polonia mantiene el ejército convencional más grande de la OTAN en Europa continental. Los países bálticos —Lituania, Letonia y Estonia— están construyendo líneas defensivas sólidas y tapando brechas en sus zonas más expuestas, como la frontera con Bielorrusia, controlada por Rusia.
Sin embargo, el analista Christian Ehrlich advierte de que la ‘ventana estratégica’ que Rusia calculaba tener —de seis o siete años— se está cerrando antes de lo esperado. Para 2027-2029, Europa podría contar con ejércitos más poderosos, con armamento adaptado a la guerra híbrida y con profesionales formados por instructores ucranianos, curtidos en combate real. Pero hasta entonces, el riesgo de un ataque limitado —como el que describe el artículo de Nosovich— sigue siendo alto.
Putin no actúa con total certeza, pero su cálculo de riesgo ha cambiado. Nunca ha tenido una ventana tan favorable como la de este otoño de 2026, cuando la OTAN está dividida, sus defensas son débiles y Europa, aunque se rearma, aún no ha completado su transformación militar. El invierno, tradicionalmente usado por Rusia para intensificar los bombardeos contra Ucrania, podría ser el momento elegido para probar su nueva doctrina: ataques precisos, con drones y misiles, diseñados para no desencadenar una guerra total, pero sí para sembrar el caos.
Lo que está claro es que, si Lituania se convierte en el siguiente objetivo, el mundo asistirá a un nuevo capítulo de una guerra que, lejos de terminar, podría extenderse con consecuencias impredecibles.






