El primer ministro polaco, Donald Tusk, advierte de un posible ataque ruso con drones y misiles en países bálticos, mientras la OTAN analiza puntos vulnerables como Saatse (Estonia) o Dieveniks (Lituania) para una operación de provocación
Vilna (Lituania), 18 de septiembre de 2026 — Las alarmas antiaéreas han sonado este jueves en el este de Polonia, frontera con Ucrania, en una repetición de los incidentes que han multiplicado la tensión en el flanco oriental de la OTAN. Mientras drones rusos violan el espacio aéreo de Lituania y obligan a despegar a los Eurofighter italianos que custodian sus cielos, el primer ministro polaco, Donald Tusk, ha confirmado que su servicio de inteligencia detecta planes rusos para atacar con drones y misiles a países de la Alianza bajo la excusa de un ‘accidente’. ‘Sabemos que Putin está tramando algo’, declaró Tusk, en un contexto donde The Economist alerta de que el Kremlin podría optar por una escalada limitada contra un país báltico para probar la respuesta de la OTAN.
El ataque más reciente ocurrió el 13 de septiembre, cuando drones rusos impactaron a solo dos kilómetros de Polonia, incluyendo uno que golpeó la locomotora del tren de Kiev a Varsovia, donde viajaban el ex primer ministro británico Boris Johnson y el general estadounidense David Petraeus. Polonia ha respondido desplegando batallones en sus fronteras y reforzando puestos de observación con cascos y chalecos antibalas, mientras grupos civiles como Defensa Civil Vecinal mapean refugios y rutas de evacuación en sus barrios.
La OTAN analiza puntos estratégicos vulnerables para una operación rusa limitada, como Saatse (Estonia), Dieveniks (Lituania) o Spreki (Letonia), zonas con poca población y dependencia militar de la Alianza. Expertos advierten de que un ataque en estas áreas obligaría a la OTAN a elegir entre responder —arriesgando una guerra directa— o demostrar su inutilidad. Mientras, Rusia aprovecha su desgaste en Ucrania, las crisis políticas en Francia y Alemania, y su capacidad de sabotaje —como los ataques a trenes en ambos países— para sembrar miedo antes de cualquier ofensiva.
Marko Mihkelson, presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento estonio, tacha los ataques rusos de ‘campaña de terror contra Occidente’, con el objetivo de debilitar el apoyo a Ucrania y forzar concesiones. El Instituto de Estudios de la Guerra (ISW) coincide: Rusia podría lanzar ataques aéreos, con misiles o drones, o una incursión terrestre limitada para probar la determinación de la OTAN bajo el Artículo 5.
El contexto: cómo Rusia aprovecha la debilidad occidental
La escalada rusa coincide con un momento de debilidad estratégica de Occidente. EE.UU. ha agotado parte de su arsenal de misiles en el Golfo Pérsico, mientras Francia y Alemania enfrentan crisis políticas: en París, el gobierno de Gabriel Attal registra una impopularidad récord, y en Berlín, la CDU de Friedrich Merz podría sufrir derrotas electorales el 20 de septiembre en Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental, lo que debilitaría su apoyo a Ucrania. Además, Rusia cuenta con una red de agentes durmientes en Europa y se le atribuyen los recientes sabotajes a trenes en Francia y Países Bajos, tácticas que podrían repetirse para retrasar refuerzos de la OTAN.
¿Qué sigue? Tres escenarios según analistas militares
Los expertos señalan tres posibles vías de escalada rusa: 1) Uso de armas nucleares tácticas en Ucrania, 2) Una segunda movilización masiva de tropas, o 3) Una operación limitada contra un país báltico. Esta última opción, la más inmediata, buscaría provocar una respuesta dividida en la OTAN. Si Rusia ocupa, por ejemplo, Dieveniks (Lituania), la Alianza enfrentaría un dilema: responder y arriesgar una guerra directa, o ceder y perder credibilidad. Mientras, Polonia ya ha activado protocolos de evacuación y refuerza sus fronteras, pero los países bálticos, con ejércitos pequeños, dependen enteramente de la solidaridad de la OTAN.
El Artículo 5 de la OTAN establece que un ataque contra un miembro es un ataque contra todos, pero su efectividad depende de la unidad de la Alianza. Con Hungría y Turquía mostrando reticencias históricas, y Estados Unidos con recursos limitados, la presión sobre Alemania y Francia —los principales socios europeos de Ucrania— será clave en los próximos días.
Mientras, Vilna y Riga informan a sus ciudadanos sobre rutas de evacuación, y en Lublin (Polonia), el aeropuerto ha suspendido operaciones tres veces en tres días. La pregunta que resuena en la OTAN es clara: ¿hasta dónde está dispuesto Occidente a llegar para defender a sus aliados?
La jornada del jueves coincidió con el aniversario de la invasión soviética del este de Polonia en 1939, un simbolismo que las autoridades polacas no pasaron por alto al activar protocolos que no se veían desde hacía décadas: viandantes buscando refugio, niños bajando a los sótanos de las escuelas y aeródromos paralizados. Los aeropuertos de Lublin y Rzeszow detuvieron sus operaciones en tres ocasiones durante los últimos tres días, mientras en Lituania se difundieron rutas de evacuación de Vilna ante una eventual agresión rusa hacia Polonia.
En paralelo, los soldados del 18 y 4 regimiento de ingenieros polacos trabajan en el refuerzo de los pasos fronterizos, la construcción de puestos de observación y guardia y la instalación de defensas antidrones. A la Guardia Fronteriza se le ha ordenado distribuir cascos y chalecos antibalas, designar refugios y verificar la operatividad de los sistemas de alerta, en una demostración de que Varsovia asume que la amenaza puede materializarse en cualquier momento.






