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Aleksandar Vučić abandona la presidencia de Serbia para liderar su partido en elecciones clave

Aleksandar Vučić abandona la presidencia de Serbia para liderar su partido en elecciones clave
Voice of America (Public domain, Wikimedia Commons)
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El líder nacionalista, en el poder desde 2014, busca recuperar el cargo de primer ministro tras protestas masivas y un mandato presidencial que finaliza en abril de 2027

Aleksandar Vučić ha dimitido oficialmente el domingo como presidente de Serbia para presentarse como candidato a primer ministro en las elecciones parlamentarias anticipadas del 25 de octubre. La decisión, anunciada hace semanas, convierte a Vučić en el primer presidente serbio en abandonar el cargo antes de su finalización constitucional para buscar un puesto ejecutivo, algo que ya ocupó entre 2014 y 2017.

La dimisión se produjo ante miles de simpatizantes reunidos frente a la sede de la Presidencia, donde Vučić agradeció su apoyo y acusó a sus detractores de intentar «destruir a Serbia». En su discurso, el mandatario se vanaglorió de haber resistido presiones internacionales, como la entrega de ciudadanos serbios al Tribunal Penal Internacional de La Haya, y destacó su postura «independiente» respecto a la guerra en Ucrania, alineándose con Rusia pese a que Serbia es país candidato a la Unión Europea desde 2012.

La presidenta interina del Parlamento, Ana Brnbic —colaboradora cercana de Vučić—, asumirá el cargo hasta la elección de un nuevo mandatario, mientras convoca elecciones presidenciales en un plazo de 90 días. Vučić, que gobernó como primer ministro antes de ser elegido presidente en 2017 y reelegido en 2022, encadena un tercer mandato consecutivo con su partido, el Partido Progresista Serbio (SNS), que ganó las elecciones anticipadas de diciembre de 2023 con mayoría absoluta.

Su legado político es controvertido: tras ser ministro de Información bajo el régimen autoritario de Slobodan Milosevic (1998-2000), evolucionó hacia posturas europeístas tras la caída de este, aunque en los últimos años ha recuperado un discurso nacionalista. Sus detractores lo acusan de corrupción y autoritarismo, mientras sus defensores lo presentan como garante de estabilidad y atracción de inversiones.

Las protestas masivas que enfrenta desde 2024 —desatadas tras el derrumbe de una marquesina en una estación de tren que dejó 16 muertos— han escalado de una demanda inicial por transparencia a un rechazo generalizado a su gestión. Vučić, ahora sin cargo presidencial, apuesta por las urnas para revalidar su influencia en un contexto de creciente polarización.

Vučić llegó al poder en 2014 tras una década en la oposición

Vučić llegó al poder en 2014 como primer ministro, tras una década en la oposición, promoviendo reformas proeuropeas que le valieron el apoyo de Bruselas. Sin embargo, su gobierno ha sido señalado por organizaciones internacionales como Freedom House y Reporteros Sin Fronteras por un retroceso en libertades democráticas, con restricciones a la prensa y limitaciones a la oposición.

Su relación con la UE se ha tensado en los últimos años: aunque Serbia cumple con los criterios de adhesión, Vučić ha frenado avances clave, como la extradición de acusados de crímenes de guerra a La Haya, priorizando su base nacionalista. Paralelamente, su alianza con Rusia —incluyendo el rechazo a sanciones por la invasión de Ucrania— ha alejado a Serbia de los socios occidentales, aunque mantiene lazos económicos estratégicos con ambos bloques.

El SNS, partido dominante, controla el Parlamento y las instituciones regionales, pero las protestas de 2024 —las más grandes desde la caída de Milosevic— revelaron un descontento transversal. Aunque inicialmente se centraron en la gestión de la tragedia de la estación de tren, pronto incorporaron demandas contra la corrupción y la falta de transparencia en contratos públicos, como los vinculados a empresas chinas en infraestructuras.

Las elecciones del 25 de octubre: ¿continuidad o giro?

Las elecciones anticipadas del 25 de octubre se celebran en un escenario de alta incertidumbre. Vučić, ahora como candidato del SNS, enfrenta a una oposición fragmentada pero unida en su rechazo a su liderazgo. Partidos como el Partido Democrático Serbio (DSS), heredero de Milošević, y formaciones liberales como Voz Serbia han intentado capitalizar el descontento, aunque sin lograr consenso.

El resultado será clave para determinar si Serbia profundiza su rumbo nacionalista —con posibles consecuencias en su relación con la UE— o si las protestas logran abrir una ventana a reformas democráticas. Vučić, con décadas de experiencia política, apuesta por su capacidad para movilizar a su base, pero el desgaste por las crisis recientes —desde la pandemia hasta los escándalos de corrupción— podría debilitar su ventaja.

Mientras, la comunidad internacional observa con atención: un triunfo del SNS reforzaría el modelo de «democracia liberal» que Vučić ha impulsado, mientras que una victoria de la oposición abriría una incógnita sobre la estabilidad de un país estratégico en los Balcanes, entre la OTAN y la influencia rusa.

La transición de poder también plantea desafíos institucionales. La presidenta interina Ana Brnbic, hasta ahora figura discreta, deberá gestionar la convocatoria de elecciones presidenciales en 90 días, un plazo ajustado para garantizar transparencia en un proceso que podría verse empañado por acusaciones de irregularidades, como las que ya rodearon las elecciones de 2022.

Para Vučić, la apuesta es personal: recuperar el cargo de primer ministro le permitiría consolidar su legado antes de que su mandato presidencial expire en abril de 2027, cuando la Constitución le impediría presentarse de nuevo a la presidencia. Su estrategia, sin embargo, choca con un electorado cada vez más polarizado y una generación joven —como los universitarios que lideran las protestas— que rechaza su estilo de gobierno.

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