El pacto de 10 páginas permite instalar el sistema Cúpula Dorada y da a Washington veto sobre inversiones ajenas a la OTAN y la UE en la isla
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó este martes un acuerdo con la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, para poner fin a meses de tensiones en el seno de la OTAN. La firma se produjo en Nueva York, en el marco de la Asamblea General de la ONU, poco después del discurso de Trump ante los líderes mundiales. El propio mandatario calificó el acuerdo de «extraordinario para Europa y para Estados Unidos, para todos y para Groenlandia».
El texto tiene 10 páginas y, según la primera ministra danesa, supone un paso «más amplio y mejor» que el tratado de 1951 que define la soberanía de Groenlandia. Para los groenlandeses, ratifica la voluntad «del pueblo de Groenlandia, nuestros derechos, nuestro sustento y el desarrollo de nuestro país». El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, celebró la firma y destacó que una mayor seguridad en el Ártico y el Atlántico Norte es esencial tanto para Europa como para Norteamérica.
Qué gana Estados Unidos con el texto firmado en Nueva York
En términos prácticos, Estados Unidos obtiene más control sobre Groenlandia, sobre el territorio y sobre todo lo que afecta a su defensa. El acuerdo incluye permiso para la instalación potencial del sistema de defensa Cúpula Dorada, lo que apunta a que todo el territorio ártico quedará bajo el paraguas del sistema antimisiles al que aspira la Administración Trump. Además, incorpora las zonas de Narsarsuaq, en el sur, y Mestersvig, en el este, como dos nuevas zonas de defensa para uso militar estadounidense.
El texto va más allá de prohibir que otras potencias, como Rusia o China, tengan bases militares en la isla. Establece que todos los inversores ajenos a la OTAN y a la Unión Europea «tienen prohibido invertir en el país» a menos que cuenten con la aprobación expresa de las tres partes. Eso otorga a Washington un derecho de veto por tiempo indefinido, ya que los términos solo se pueden modificar por el mismo procedimiento.
Ucrania, Irán y Venezuela en la agenda de Trump
La jornada en Nueva York incluyó otras citas bilaterales. Trump se reunió con el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, y repitió que ve cerca una oportunidad de paz entre Moscú y Kiev. Sugirió que ambos podrían verse bajo su mediación en Miami a final de año, durante un G-20. Los países europeos se indignaron este verano cuando Estados Unidos invitó al ministro de finanzas ruso, por lo que una posible presencia de Putin les resulta inasumible ahora mismo.
«Creo que van a llegar a un acuerdo, y no quiero revelar de qué se trata. Hablamos mucho de ello, incluso con el presidente Putin, y creo que algo va a suceder», dijo Trump tras pedir a Zelenski que pare los ataques al diésel ruso por los efectos en el precio del combustible en el resto del planeta. El presidente añadió que ya se reunió con Putin en Alaska y que cree que tendrá otra reunión.
Los enviados de Trump, su yerno Jared Kushner y su amigo Steve Witkoff, se vieron con la delegación iraní en una cita de más de tres horas. Minutos antes, Trump había hablado ante el pleno de la Asamblea de la posibilidad de «aniquilar Irán», y algunos de los que se sentaron en la habitación se habían levantado y abandonado la sala al escuchar sus palabras. Pese a ello, Trump dijo que todo había ido muy bien y que cree que habrá un acuerdo definitivo con ellos, pero después de las legislativas de noviembre.
El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, que pidió a Washington una escolta especial por amenazas, acudió con reservas y por la mediación de Pakistán y Qatar, pero su equipo no mostró mucho entusiasmo sobre avances concretos. Horas antes, el secretario de Estado Marco Rubio había dejado abierta la puerta a que Trump se reuniera con el presidente iraní, Masoud Pezeshkian. «El presidente está dispuesto a reunirse con él o con cualquier otra persona. Ahora bien, es difícil predecir si de esa reunión surgirá algo productivo, porque quien toma las decisiones finales en Irán es el líder supremo», declaró Rubio en una entrevista con Fox News.
La cuarta gran cita de la jornada fue el encuentro con Delcy Rodríguez, la presidenta interina venezolana, sancionada hasta hace muy poco. Rodríguez llegó a Nueva York con un estatus diferente. Por la mañana, la imagen más comentada fue su buscada foto con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. Para su cara a cara con Trump se buscó un marco más relajado, un aparte en la recepción de gala del norteamericano en un hotel. Los analistas lo interpretan como un respaldo crítico para Rodríguez y un mazazo para la oposición venezolana, cada vez más resignada.
El precedente del tratado de 1951 y el pulso con Europa
El acuerdo firmado en Nueva York sustituye en la práctica el marco de 1951 que definía la soberanía de Groenlandia. Aquel tratado, firmado en plena Guerra Fría, otorgaba a Estados Unidos derechos limitados sobre la isla danesa. El nuevo texto amplía ese control y lo extiende a la prohibición de inversiones de terceros países. Muchos analistas y los socios europeos consideran que para llegar a este punto no era necesario poner en jaque a Europa y hacer saltar tantas costuras en la OTAN. Tampoco parece que el acuerdo vaya a tener ningún efecto político de cara a las legislativas en Estados Unidos de noviembre.





