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Mié. Sep 23rd, 2026

Zelenski pide a Trump misiles Patriot para frenar a Rusia

Zelenski pide a Trump misiles Patriot para frenar a Rusia
Wikimedia Commons (Volodímir Zelenski)
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El presidente ucraniano exige un ‘paquete de invierno’ con armamento avanzado mientras Trump presiona para frenar ataques a refinerías rusas, en un pulso que escaló en Nueva York y amenaza con extenderse a la OTAN

Volodímir Zelenski ha solicitado directamente a Donald Trump un «paquete de invierno» que incluya misiles Patriot para contrarrestar una ofensiva rusa, según declaró este martes al The Wall Street Jornal. La petición llega en un momento de máxima tensión, cuando el líder ucraniano acusa a Moscú de intensificar los ataques contra infraestructuras energéticas civiles, mientras la administración estadounidense presiona para que Kiev detenga sus bombardeos a refinerías rusas —una medida que Zelenski califica de «inaceptable» y vincula al alza del precio del diésel en EE.UU.

El presidente ucraniano reconoció que Washington ha ejercido presión sobre él para evitar daños a la cadena de suministro energética global, pero rechazó cualquier negociación que ponga en riesgo la defensa de su país. «Nuestras vidas son más importantes que el precio de la energía«, declaró, atribuyendo el encarecimiento del combustible a los bloqueos en el estrecho de Ormuz y a las sanciones occidentales, no a las acciones ucranianas. Zelenski advirtió que, si Rusia no frena sus ataques, Ucrania responderá con «fuerza», aunque admitió que Vladimir Putin solo reacciona ante presiones militares, no diplomáticas.

La entrevista se produce días antes de que Zelenski pronuncie su cuarto discurso ante la Asamblea General de la ONU, donde repetirá sus críticas a China, India y Turquía por su apoyo a Moscú, y advierta sobre el riesgo de que Putin ataque a un miembro de la OTAN para demostrar su capacidad de desafiar a la alianza. «Putin necesita una victoria simbólica, y si no la consigue en Ucrania, podría buscarla en otro lugar», aseguró Zelenski, quien subrayó que, pese a las pérdidas rusas en el campo de batalla, el Kremlin mantiene una estrategia de desgaste que amenaza con prolongar el conflicto.

El pulso entre Kiev y Washington se agrava por el contexto energético: mientras Zelenski insiste en que los misiles Patriot son esenciales para proteger ciudades como Járkov o Odesa —objetivos recurrentes de los bombardeos rusos—, la Casa Blanca teme que una escalada militar eleve aún más los precios en EE.UU., donde el diésel ya supera los 4,5 dólares por galón en algunas regiones. Fuentes cercanas a la administración confirmaron al Journal que Trump no mencionó el tema en sus conversaciones con Zelenski en Nueva York, pero dejó claro que la energía sigue siendo una prioridad para su campaña electoral.

La petición de armamento avanzado no es nueva: Ucrania lleva meses solicitando sistemas de defensa aérea de largo alcance, pero su entrega se ha retrasado por disputas internas en el Congreso estadounidense y por la resistencia de aliados europeos como Alemania, que aún no ha aprobado el envío de misiles IRIS-T. Zelenski calcula que, sin refuerzos, Rusia podría lanzar una ofensiva generalizada antes del invierno, cuando las reservas de combustible en Ucrania —ya mermadas por los ataques— se agoten.

El contexto: por qué la energía es el nuevo frente de la guerra

El conflicto entre Ucrania y Rusia no es solo territorial: desde 2022, el control de infraestructuras energéticas se ha convertido en un arma estratégica. Moscú ya demostró en 2022 su capacidad para cortar el gas a Europa, y desde entonces ha intensificado los bombardeos a centrales eléctricas y subestaciones ucranianas —más de 1.200 ataques solo en 2024, según datos de la Agencia Internacional de Energía. La respuesta ucraniana ha sido golpear refinerías rusas, como la de Nizhnekamsk (Tartaristán) en julio de 2024, que redujo la producción de diésel en un 30% y disparó los precios globales.

La presión de Trump sobre Zelenski no es casual: el republicano ha vinculado su política exterior a la reducción de costes para los votantes estadounidenses. En un mitin en Pensilvania la semana pasada, acusó a la administración Biden de «permitir que Putin dicte los precios del petróleo», una narrativa que Zelenski rechaza. «Putin no dicta nada: es un criminal que ataca a civiles«, declaró en la entrevista. La tensión es tal que, según analistas como Michael Koeman (del Center for Naval Analyses), si Ucrania detiene los ataques a refinerías sin recibir compensaciones militares, Rusia podría interpretar esto como una señal de debilidad y acelerar su avance en el Donbás.

Las implicaciones: ¿hasta dónde puede llegar el pulso?

El riesgo de una escalada no se limita al frente ucraniano. Zelenski advirtió que, si Putin no encuentra una «victoria» en Ucrania, podría buscarla en otro lugar, y mencionó explícitamente a la OTAN. «La alianza no puede permitir que un miembro sea atacado sin responder«, declaró, en referencia a posibles acciones contra países bálticos o polacos, donde Rusia ha aumentado su actividad militar en los últimos meses. La OTAN ya ha desplegado refuerzos en la región, pero la pregunta clave es si Washington estaría dispuesto a enviar tropas de combate —algo que, según Zelenski, sería «la única forma de detener a Putin».

En el plano interno, la presión sobre Zelenski podría debilitar su posición. Aunque su popularidad sigue alta —supera el 70% en encuestas recientes—, los ataques a infraestructuras energéticas han generado críticas entre la población, especialmente en regiones como Leópolis o Iván Franco, donde los cortes de luz son frecuentes. Algunos sectores, como la Confederación de Empresarios Ucranianos, han pedido al gobierno que priorice la reconstrucción de redes eléctricas antes que los bombardeos a Rusia, una postura que choca con la línea dura de Zelenski.

El plazo es ajustado: si no llega ayuda militar antes de octubre, Ucrania podría enfrentarse a un invierno sin reservas estratégicas de carbón ni gas, según advirtió el ministro de Energía, Yuri Butusov. «Tenemos 60 días para evitar una crisis humanitaria«, declaró esta semana. Mientras, en Moscú, el Kremlin ha acusado a Ucrania de «provocar una crisis energética global» y ha amenazado con «medidas de represalia» si Occidente no frena su apoyo a Kiev.

Lo que está en juego va más allá de la guerra: es una prueba de fuerza entre dos modelos de liderazgo. Trump apuesta por una política exterior basada en el interés económico nacional, mientras Zelenski defiende la soberanía ucraniana a cualquier costo. Si el «paquete de invierno» no llega, el invierno real en Ucrania podría ser el más frío desde 2015 —y el más largo.

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