Los Demócratas de Suecia mantienen su influencia en la política nacional, mientras la coalición de izquierda liderada por Andersson gana por estrecho margen en los sondeos
Suecia afronta este domingo elecciones legislativas con un escenario político marcado por la normalización de las políticas migratorias restrictivas impulsadas por la extrema derecha, que aunque no gobierna, condiciona el debate nacional. Según los últimos sondeos, la coalición de izquierda —liderada por la socialdemócrata Magdalena Anderson— podría formar gobierno con un 50,7% frente al 48,1% de la derecha conservadora de Ulf Kristersson, aunque ambos bloques han adoptado medidas similares en inmigración para competir por el voto.
El partido Demócratas de Suecia —considerado ultraderecha y clave para sostener al Gobierno actual— ha logrado que sus propuestas, como la exigencia de requisitos más estrictos para la ciudadanía o la oferta de 31.000 euros a residentes extranjeros que regresen voluntariamente a sus países, sean adoptadas incluso por la socialdemocracia. Ann-Catherine Jungar, profesora de Ciencia Política en la Universidad de Södertörn, explica que «las políticas migratorias restrictivas se mantienen independientemente de quién gobierne», un patrón observado también en otros países nórdicos como Finlandia o Dinamarca.
El contexto económico y social complica la ecuación: aunque el Gobierno de Kristersson ha reducido la inflación y mejorado el crecimiento (previsto en un 2,5% para 2026), la precariedad y el encarecimiento de la vida —especialmente en sanidad y atención a mayores— han desplazado la inmigración como principal preocupación electoral. La sanidad, con un 64% de apoyo como prioridad, podría ser el eje decisivo para que Anderson logre el poder, aunque su coalición enfrenta tensiones internas sobre economía, OTAN e inmigración.
El caso sueco refleja una tendencia en Europa: la extrema derecha, aunque minoritaria en escaños, impone su agenda al resto de partidos, obligándolos a ajustar sus posturas. En este caso, el desafío para Andersson será gobernar sin romper su coalición, mientras Kristersson intentará capitalizar los avances en seguridad y economía para revertir el resultado. La pregunta clave es si Suecia, miembro reciente de la OTAN, mantendrá su tradición socialdemócrata o consolidará un modelo más restrictivo en inmigración y con mayor desigualdad económica.







