El presidente estadounidense, en Dublín, defiende la unión con Irlanda del Norte y genera tensión con el Gobierno británico, que descarta un referéndum
Donald Trump ha afirmado este sábado en Dublín que le «encantaría» ver una Irlanda unificada y que considera que la reunificación de Irlanda del Norte con la República de Irlanda «va a ocurrir eventualmente». El presidente estadounidense, durante una visita al primer ministro irlandés Micheál Martin, ha ido más allá al calificar este escenario como «fantástico» y sugerir que podría producirse «ahora», aunque reconoció que el Reino Unido tendrá «algo que decir» sobre el futuro de la región.
Sus declaraciones, realizadas tras reunirse con Martin, revisten especial relevancia porque Estados Unidos ha mantenido históricamente una postura prudente sobre el estatus constitucional de Irlanda del Norte. El país norteamericano jugó un papel clave en el Acuerdo de Viernes Santo de 1998, que puso fin a los Troubles y estableció que cualquier cambio en el estatus de Irlanda del Norte —actualmente parte del Reino Unido— debe ser decidido por su población mediante un referéndum. Sin embargo, el primer ministro británico Andy Burnham descartó hace semanas celebrar una consulta al no existir, según su criterio, condiciones para ello.
La intervención de Trump, que ha afirmado conocer «a gente en ambos lados» y que cree que la reunificación sería positiva, ha generado una inmediata reacción en el Partido Unionista Democrático (DUP), que gobierna en Irlanda del Norte. Su líder, Gavin Robinson, ha recordado que la decisión sobre el futuro de la región corresponde a sus habitantes, no a «Londres, Dublín o Washington». Mientras, el Gobierno británico ha reiterado que su postura no ha cambiado, aunque las palabras de Trump vuelven a situar el debate sobre una posible border poll en el centro de la agenda política.
Irlanda del Norte sigue dividida desde hace más de un siglo: seis condados forman parte del Reino Unido, mientras que el resto es la República de Irlanda, independiente. El Acuerdo de Viernes Santo estableció el principio de consentimiento democrático: cualquier cambio en el estatus territorial requiere el respaldo mayoritario de la población local. Aunque las declaraciones de Trump no modifican este marco, su postura —presentada como una preferencia personal, pero con tono de inevitabilidad— introduce un nuevo factor diplomático en un escenario ya de por sí complejo.






