El presidente vincula por primera vez la crisis migratoria a un fallo en los controles fronterizos marroquíes y advierte de la necesidad de mejorar la relación bilateral
Pedro Sánchez ha acusado este martes a Marruecos de un «fallo en su mecanismo de control fronterizo» durante la crisis migratoria de Ceuta en julio, en su primera declaración pública directa al respecto. Lo ha hecho en una entrevista con la CNN en Nueva York, durante la Asamblea General de la ONU, rompiendo así el tono de prudencia que el Gobierno había mantenido hasta ahora para evitar una escalada diplomática.
La declaración marca un giro en la estrategia oficial: hasta ahora, el Ejecutivo solo había condicionado posibles represalias a la existencia de «pruebas sólidas» de la implicación marroquí. Pero Sánchez ha dejado claro que, más allá de las pruebas, el problema es la «falta de control» que permitió la entrada masiva de migrantes. Según datos de las Fuerzas de Seguridad, en Ceuta hay aún 6.000 personas en plazas de acogida y más de 3.000 en la calle, una situación que el Gobierno atribuye ahora directamente a la «inacción» de Rabat.
El presidente ha justificado su postura con dos argumentos: por un lado, la necesidad de «devolver a la mayoría de estos migrantes a su país de origen», que es Marruecos; por otro, el riesgo de una crisis diplomática que, según la Moncloa, sería «irresponsable» sin pruebas contundentes. Sin embargo, fuentes gubernamentales ya reconocían en privado semanas atrás que «algo ha pasado» y que es necesario «mejorar» la relación bilateral para evitar que se repita.
El cambio de tono llega tras meses de tensión política en España. La oposición —desde el PP hasta Vox— había criticado al Gobierno por su «gratitud» hacia Marruecos, mientras socios como Podemos y Sumar exigían una respuesta más contundente. Ahora, Sánchez apuesta por una línea dura en el discurso, aunque sin medidas concretas inmediatas, lo que deja abierta la pregunta sobre qué acciones reales podría tomar el Ejecutivo en los próximos días.
La clave del dilema sigue siendo la misma: Marruecos controla el flujo de migrantes que llegan a Ceuta, pero también es el país que debería acoger a la mayoría de ellos. Según datos internos del Gobierno, más de 10.000 personas permanecen en la ciudad autónoma, una cifra que refleja el fracaso de las políticas de retorno y la urgencia de una solución que, hasta ahora, no ha llegado.






