El presidente iraní rechaza categóricamente poseer armas nucleares en entrevista a Fox News, pero mantiene tensiones con EE.UU. e Israel
Masoud Pezeshkian, presidente de Irán, declaró en una entrevista exclusiva con Fox News que su país no busca desarrollar armas nucleares y está dispuesto a diluir el uranio enriquecido que posee, además de someter su programa nuclear a verificaciones internacionales. Las declaraciones, realizadas en Estados Unidos, buscan desactivar tensiones tras años de enfrentamientos diplomáticos y militares.
Pezeshkian respondió directamente a la pregunta sobre si Irán aspira a tener una bomba nuclear: «En absoluto. En absoluto. Nuestro líder supremo había anunciado varias veces que, por decreto religioso, es impío y ilegal», refiriéndose a los edictos religiosos iraníes que prohíben las armas de destrucción masiva. Sin embargo, el programa nuclear iraní ha generado desconfianza internacional al enriquecer uranio a niveles superiores a los necesarios para uso civil, lo que llevó a la administración de Donald Trump a lanzar en 2024 la Operación Furia Épica como respuesta a estas actividades.
El presidente iraní aseguró que Teherán está dispuesto a reducir sus niveles de enriquecimiento y permitir inspecciones externas como parte de un posible acuerdo para poner fin a la escalada de conflictos. «Estamos dispuestos a diluirlo. No es gran cosa. Estamos dispuestos a someternos a verificación», declaró. Aunque criticó a Washington por el fracaso de las negociaciones, insistió en que Irán sigue abierto a diálogos para evitar una guerra.
Pezeshkian también responsabilizó a Israel de haber contribuido a la escalada del conflicto y acusó a Estados Unidos de no buscar soluciones diplomáticas, sino de recurrir a bombardeos y bloqueos. «El problema es que Estados Unidos, en lugar de dialogar, se lanza a la batalla bombardeándonos primero y bloqueando todos los caminos», afirmó. A pesar de las tensiones, el presidente iraní reiteró que su país continuará resistiendo las presiones externas y mantendrá su programa nuclear bajo control, aunque sujeto a verificaciones internacionales.
El programa nuclear iraní y las tensiones con Occidente
El programa nuclear iraní ha sido un punto de fricción constante entre Irán y la comunidad internacional desde hace décadas. En 2015, se firmó el Plan de Acción Conjunto Integral (JCPOA), un acuerdo que limitaba el enriquecimiento de uranio iraní a cambio de la levantamiento de sanciones económicas. Sin embargo, en 2018, la administración de Trump se retiró del acuerdo, reimponiendo sanciones y aumentando las tensiones. La Operación Furia Épica, lanzada en febrero de 2024, fue una respuesta directa a los avances en el programa nuclear iraní, que según informes de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) había superado los límites establecidos en el JCPOA.
Las declaraciones de Pezeshkian surgen en un momento crítico, donde Irán enfrenta no solo sanciones económicas, sino también ataques cibernéticos y militares atribuidos a Israel y Estados Unidos. La oferta de someter el programa a inspecciones podría ser una estrategia para aliviar la presión internacional, aunque la desconfianza hacia Teherán sigue siendo alta, especialmente tras años de incumplimientos y avances no declarados en su capacidad nuclear.
¿Qué se juega cada actor en esta negociación?
Para Estados Unidos, la negociación con Irán es clave para evitar una escalada regional que podría afectar a sus aliados en Oriente Medio, como Israel e Arabia Saudí. La administración estadounidense busca evitar que Irán desarrolle capacidad nuclear militar, pero también debe equilibrar su postura con las demandas de sus aliados, que exigen una respuesta firme ante las acciones iraníes. La oferta de Pezeshkian podría ser vista como una oportunidad para reanudar diálogos, aunque la desconfianza mutua sigue siendo un obstáculo.
Para Irán, la negociación representa una oportunidad para aliviar las sanciones económicas que han asfixiado su economía, especialmente en sectores como el petróleo y la industria. Sin embargo, el régimen también debe mantener su credibilidad interna, donde cualquier concesión en el programa nuclear podría ser interpretada como una derrota frente a Occidente. La resistencia mencionada por Pezeshkian refleja esta tensión interna: por un lado, la necesidad de negociar para sobrevivir económicamente; por otro, la obligación de mantener una postura de firmeza ante su población.
Por último, Israel se encuentra en una posición delicada. El país ha sido uno de los principales críticos del programa nuclear iraní y ha llevado a cabo ataques cibernéticos y militares para sabotear las instalaciones nucleares iraníes. Cualquier acuerdo que permita a Irán mantener parte de su capacidad de enriquecimiento podría ser visto como una amenaza directa a su seguridad. Sin embargo, Israel también depende de la estabilidad regional y podría presionar a Estados Unidos para que no ceda en exceso en las negociaciones.
Las declaraciones de Pezeshkian podrían abrir una ventana para nuevas conversaciones, pero el camino hacia un acuerdo sigue lleno de obstáculos. La disposición iraní a someter su programa a verificaciones internacionales es un paso importante, pero la confianza entre las partes debe reconstruirse antes de que cualquier solución sea viable.





