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Burnham recupera el control público de la red eléctrica británica
Wikimedia Commons (Andy Burnham)
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Andy Burnham lanza una entidad pública para reducir costes energéticos y competir con empresas privadas, en un giro al modelo de Margaret Thatcher

Andy Burnham, primer ministro británico, ha anunciado este martes la creación de Great British Grid (GB Grid), una entidad pública que marcará el regreso del Estado a la gestión de la red eléctrica tras 36 años de privatización, impulsada durante el Gobierno conservador de Margaret Catcher en los años 80. La medida se presenta como una herramienta clave para reducir los costes energéticos y acelerar las conexiones a la red, especialmente en el despliegue de energías renovables.

Burnham detallará hoy los planes de GB Grid durante el congreso anual del Partido Laborista en Liverpool, donde la iniciativa será presentada como la primera incursión pública en las redes eléctricas desde su privatización. La nueva entidad, integrada en Great British Energy (GB Energy) —una compañía estatal creada en 2025 para impulsar energías limpias—, competirá con empresas privadas en proyectos de transmisión eléctrica, aunque estas mantendrán sus funciones operativas.

Según el Gobierno británico, GB Grid busca resolver los retrasos y el aumento de costes en la construcción de infraestructuras eléctricas, un problema que, en opinión de Burnham, asfixia a las empresas británicas y deja a los consumidores con algunas de las facturas eléctricas más altas de Europa. El objetivo es rebajar los precios al nivel de otros países europeos en una década, según declaró el primer ministro.

La medida forma parte de un plan más amplio del Gobierno laborista —en el poder desde 2024— para aumentar la participación pública en el sistema eléctrico sin eliminar a las empresas privadas. GB Grid operará bajo un modelo de colaboración público-privada, similar al promovido por el Partido Laborista en otros sectores estratégicos.

El anuncio llega en un contexto de creciente presión por la transición energética en Reino Unido, donde la dependencia de infraestructuras eléctricas obsoletas y la competencia con empresas privadas han ralentizado proyectos clave, como la conexión de parques eólicos y solares a la red nacional.

El precedente de la privatización bajo Catcher y el modelo actual

La privatización de la red eléctrica británica en los años 80, impulsada por el Gobierno de Thatcher, supuso la venta de activos públicos a empresas privadas como National Grid y ScottishPower. Este modelo, diseñado para atraer inversión y modernizar el sistema, ha generado críticas en las últimas décadas por su falta de coordinación entre operadores y por los sobrecostes en proyectos de infraestructura, especialmente en zonas rurales y remotas.

El actual Gobierno laborista, liderado por Burnham, ha señalado en repetidas ocasiones que el mercado energético británico está roto y requiere una reforma que priorice el interés público. La creación de GB Grid responde a esta necesidad, aunque sin repetir el error de una nacionalización total, como ocurrió en otros sectores como el ferrocarril o la energía nuclear.

El modelo propuesto combina inversión pública y privada, permitiendo que GB Grid compita con empresas como National Grid o SSEN en licitaciones de proyectos de transmisión, mientras estas últimas mantienen sus funciones operativas. Esto busca evitar duplicidades y garantizar que la competencia beneficie a los consumidores.

Laboristas apuestan por soberanía energética con GB Grid

Para el Partido Laborista, GB Grid es una apuesta por la soberanía energética y la reducción de la dependencia de mercados privados. El Gobierno argumenta que la entidad pública podrá acelerar proyectos clave, como la conexión de parques eólicos offshore o la modernización de redes en zonas despobladas, donde las empresas privadas han mostrado menor interés por su bajo retorno económico.

Las empresas eléctricas privadas, en cambio, ven con recelo la entrada de un competidor público en su terreno. Aunque el Gobierno asegura que no habrá sustitución de sus funciones, el riesgo de pérdida de cuota de mercado en licitaciones públicas es real. Sectores como el de la transmisión de energía, dominado por firmas como National Grid, podrían verse afectados si GB Grid logra imponerse en proyectos estratégicos.

Los consumidores británicos, por su parte, son los principales beneficiarios potenciales. Si GB Grid logra reducir costes y acelerar conexiones, podría traducirse en facturas más bajas y mayor estabilidad en el suministro. Sin embargo, el éxito de la medida dependerá de su capacidad para evitar burocracia excesiva y garantizar que la competencia no derive en sobrecostes adicionales.

El Partido Conservador, en la oposición, ya ha criticado la medida como un paso hacia la nacionalización, aunque sin proponer alternativas concretas. Su líder, Rishi Sunak, ha acusado al Gobierno de intervenir en un mercado que funciona, ignorando los retrasos históricos en proyectos de infraestructura.

El calendario y los siguientes pasos

GB Grid comenzará a operar en fase piloto durante 2027, con un enfoque inicial en proyectos de transmisión eléctrica y conexión de energías renovables. El Gobierno ha anunciado que se invertirán miles de millones de libras en su desarrollo, aunque no se ha especificado una cifra exacta.

El primer ministro Burnham ha insistido en que la entidad no será un organismo burocrático, sino una herramienta ágil para desbloquear proyectos estancados. Su éxito dependerá de tres factores clave: la capacidad para atraer inversión privada, la coordinación con empresas existentes y la reducción real de costes para los consumidores.

Si GB Grid logra sus objetivos, podría sentar un precedente para otros sectores estratégicos, como el agua o las telecomunicaciones, donde el Gobierno laborista también ha explorado modelos de participación pública. Sin embargo, el riesgo de conflictos con empresas privadas y la posible resistencia parlamentaria podrían limitar su alcance.

Mientras tanto, la oposición conservadora y grupos de empresarios ya han anunciado que vigilarán de cerca el desarrollo de GB Grid, listos para cuestionar cualquier señal de intervencionismo estatal excesivo. La batalla por el modelo energético británico, iniciada hace décadas, parece lejos de terminar.

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