Meloni justifica la medida por una «posible avalancha masiva» de inmigrantes en Ceuta este sábado, mientras el Gobierno español extiende los controles hasta el 7 de septiembre
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ha confirmado que Italia mantendrá suspendido el acuerdo Schengen con España hasta, al menos, el 15 de agosto, alegando riesgos de seguridad por una posible nueva oleada de inmigrantes en la ciudad autónoma de Ceuta. El Gobierno de Pedro Sánchez respondió con la suspensión recíproca del tratado, aplicando controles fronterizos a viajeros procedentes de Italia hasta el 7 de septiembre.
Meloni defendió la decisión en una entrevista con Milano Finanza, donde afirmó que la gran mayoría de los países europeos respaldan las medidas drásticas adoptadas por su Ejecutivo. El ministro del Interior italiano, Matteo Piantedosi, precisó que la suspensión no se revisará antes del 15 de agosto y solo se levantará cuando se excluyan completamente los riesgos para Italia. La tensión bilateral escaló tras la entrada masiva de más de 50.000 inmigrantes en Ceuta en 2025, un episodio que Meloni vinculó directamente con la necesidad de proteger las fronteras exteriores de la UE.
El conflicto refleja un choque estratégico entre ambos gobiernos: mientras Italia prioriza el control migratorio —incluso a costa de restringir la libre circulación—, España exige el restablecimiento inmediato de Schengen. La medida italiana afecta no solo a los flujos migratorios, sino también al turismo y al comercio transfronterizo, sectores clave para ambas economías. Analistas señalan que la reciprocidad española busca presionar a Roma, aunque su impacto real dependerá de la duración de los controles y de la respuesta de otros socios europeos.
La crisis se enmarca en un contexto más amplio de división dentro de la UE sobre la gestión migratoria. Meloni ha insistido en que la protección de Schengen requiere eliminar cualquier riesgo para la seguridad y el terrorismo, una postura que choca con la de países como Alemania o Francia, que abogan por soluciones comunitarias. Mientras, el Gobierno español ha evitado criticar abiertamente a Italia, pero su decisión de prolongar los controles hasta septiembre sugiere una escalada calculada para forzar una negociación.
El 15 de agosto, fecha clave en el calendario italiano por la festividad de la Asunción, se perfila como un nuevo punto de tensión. Si la avalancha anunciada por Meloni no se materializa, España podría exigir el fin inmediato de las restricciones, mientras que Italia podría justificar su prolongación con nuevos argumentos de seguridad. La Comisión Europea, hasta ahora en silencio, podría verse obligada a mediar si el conflicto se enquista.
Fuente: El Debate







