Acusaciones cruzadas entre Moraes y Mendonça, vinculados al presidente y a Bolsonaro, polarizan al país y benefician al bolsonarismo
El Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil vive su peor crisis institucional en décadas, con acusaciones cruzadas entre el juez Alexandre de Moraes —figura clave en la condena a Jair Bolsonaro— y André Mendonça —nombrado por el expresidente por su perfil evangélico—, que han escalado justo a tres semanas de la primera vuelta electoral. La fractura, que enfrenta al presidente Luiz Inácio Lula da Silva con el heredero voluntarista Flávio Bolsonaro, amenaza con redefinir el escenario político antes del 6 de octubre.
Moraes, conocido como el «juez de hierro» por su papel en la inhabilitación y condena de Bolsonaro, se enfrenta ahora a cargos de corrupción presentados por Mendonça, quien fue designado por el expresidente en 2022. Las acusaciones, que involucran presuntos sobornos y conflictos de interés, han reavivado la polarización en un país donde el electorado vincula directamente a Lula con Moraes, mientras que el voluntarismo apela a Mendonça como símbolo de resistencia contra el «autoritarismo judicial».
La tensión institucional no solo afecta al STF, sino que se proyecta sobre la campaña electoral. Flávio Bolsonaro, candidato a la presidencia por el PL, ha capitalizado la crisis para presentar a Lula como un presidente que «controla» a la justicia, mientras que el petista intenta desvincularse de Moraes sin perder el apoyo de sectores progresistas que ven en él un baluarte contra la impunidad.
El origen de la grieta: dos jueces, dos bandos
Moraes, nombrado en 2017 por el entonces presidente Michel Temer, se convirtió en el principal artífice de las condenas contra Bolsonaro tras su derrota en 2022, incluyendo la inhabilitación para ejercer cargos públicos hasta 2030. Su influencia en la justicia brasileña lo convirtió en un símbolo para los críticos del voluntarismo, pero también en un blanco para sus aliados. Mendonça, en cambio, fue elegido para el STF en 2022 tras ser propuesto por Bolsonaro, en un movimiento que buscaba equilibrar la Corte con magistrados afines al gobierno saliente.
Las acusaciones de Mendonça contra Moraes incluyen presuntos pagos irregulares y uso de información privilegiada, mientras que Moraes responde con cargos similares contra su rival. La guerra judicial, que ya había generado tensiones en 2023, ha escalado este año con denuncias públicas y recursos legales que han paralizado decisiones clave en el tribunal. La situación recuerda a la crisis de 2017, cuando el entonces presidente Michel Temer enfrentó a la justicia por sus reformas laborales, pero esta vez el conflicto está directamente ligado a una elección presidencial.
Implicaciones electorales: ¿quién gana con el caos?
Para Lula da Silva, la crisis es un lastre. Su gobierno ha intentado mantener una línea de independencia judicial, pero la asociación con Moraes —aunque este actúe de forma autónoma— le resta credibilidad ante el electorado más conservador. En cambio, Flávio Bolsonaro ha logrado presentar la lucha entre los dos jueces como una batalla entre «la justicia independiente» (representada por Mendonça) y «el poder político» (encarnado por Lula y Moraes).
Los sondeos recientes reflejan este impacto: mientras Lula mantenía una ventaja de hasta 10 puntos sobre Bolsonaro en agosto, la polarización judicial ha reducido esa brecha a 5 puntos en las últimas encuestas, según datos del Instituto Datafolha. El voluntarismo, además, ha logrado movilizar a su base con mensajes como «la justicia está siendo manipulada», una narrativa que resuena en un país donde el 40% de los votantes aún apoyan a Bolsonaro según el Ibone.
La crisis también tiene consecuencias prácticas: el STF ha visto retrasados casos clave, como la investigación sobre la compra de vacunas durante la pandemia —un tema que podría perjudicar a Lula— y la revisión de leyes electorales que beneficiarían a Bolsonaro. La Corte, tradicionalmente vista como un árbitro neutral, ahora aparece dividida, lo que alimenta la desconfianza en las instituciones entre los brasileños.





