Alejandro Betancourt, investigado en España, conecta con Gazprombank en operaciones en Caracas
Alejandro Betancourt, empresario designado por el equipo de Donald Trump como intermediario clave en la nueva estrategia petrolera de EE.UU. en Venezuela, mantiene una trayectoria empresarial con lazos documentados a Gazprombank, entidad financiera rusa sancionada por Washington. Así lo revela un informe de investigadores venezolanos en Washington, facilitado a ABC esta semana.
El documento reconstruye cómo Betancourt, actualmente investigado judicialmente en España, accedió al sector petrolero venezolano a través de estructuras empresariales compartidas con Gazprombank, vinculada al Estado ruso. La conexión se produce en un contexto de creciente tensión geopolítica, donde EE.UU. busca redefinir su presencia en el país sudamericano tras años de sanciones y operaciones encubiertas.
Betancourt, de nacionalidad venezolana, pero con operaciones en Barbados, Holanda y China, ha sido señalado en informes previos por su participación en esquemas de offshore y su cercanía a figuras del régimen de Hugo Chávez. Su elección como puente entre Washington y Caracas —según el informe— responde a su experiencia en el sector energético, pero también a su red de contactos en Moscú, donde Gazprombank actúa como banco estatal clave para proyectos petroleros en el extranjero.
La revelación llega en un momento en que EE.UU. intensifica su presión sobre el gobierno de Nicolás Maduro, combinando sanciones económicas con operaciones indirectas para recuperar influencia en el sector petrolero venezolano. El informe no detalla si Betancourt mantiene actualmente relaciones con Gazprombank, pero sí confirma que su estructura empresarial ha compartido intereses con la entidad rusa en contratos vinculados a PDVSA, la petrolera estatal venezolana.
La elección de Betancourt como intermediario —según fuentes consultadas por ABC— busca aprovechar su conocimiento del mercado venezolano, pero también su capacidad para operar en zonas grises donde convergen intereses rusos, chinos y estadounidenses. El informe destaca que su red incluye socios en Barbados —paraísos fiscales clave en operaciones petroleras— y en China, donde empresas estatales han incrementado su presencia en proyectos energéticos en Venezuela.
El contexto de las sanciones y la geopolítica petrolera
La designación de Betancourt se enmarca en una estrategia más amplia de EE.UU. para desbloquear el sector petrolero venezolano sin un enfrentamiento directo con Maduro. Desde 2019, Washington ha aplicado sanciones a PDVSA y a figuras clave del régimen, pero también ha explorado canales indirectos para asegurar el suministro de crudo a aliados como India y Turquía, que han aumentado sus compras a pesar de las restricciones.
La conexión con Gazprombank añade una capa de complejidad: la entidad rusa, sancionada por EE.UU. en 2022 por su apoyo a la invasión de Ucrania, ha sido clave en la financiación de proyectos energéticos en Venezuela, especialmente en zonas donde Rosneft —otra empresa rusa— ha operado junto a PDVSA. El informe no especifica si Betancourt ha participado directamente en estos proyectos, pero sí documenta su vinculación con estructuras que han facilitado préstamos y logística para operaciones petroleras en el país.
Para los analistas, la elección de un intermediario con estos antecedentes refleja la voluntad de Washington de operar en un escenario donde los actores tradicionales —como las grandes petroleras estadounidenses— enfrentan restricciones legales y de imagen. Betancourt, al no ser un funcionario ni un ejecutivo de una multinacional, permite a EE.UU. mantener una distancia plausible frente a posibles acusaciones de injerencia directa.
¿Qué implica para Venezuela y la región?
La revelación podría tener consecuencias inmediatas en las negociaciones entre EE.UU. y Venezuela. Si se confirma que Betancourt actúa como puente para operaciones petroleras, Maduro podría verse obligado a responder, dado que su gobierno ha denunciado en repetidas ocasiones la «intervención extranjera» en el sector energético. Además, la vinculación con Gazprombank podría reavivar tensiones con la UE, que ha sido más crítica con las sanciones de Washington a PDVSA por temor a un colapso económico en Venezuela.
Para los socios regionales de Caracas —como China y Rusia—, la designación de Betancourt podría interpretarse como una señal de que EE.UU. busca recuperar influencia sin ceder en su postura contra Maduro. Sin embargo, también abre la puerta a acusaciones de que Washington está utilizando figuras con conexiones rusas para operar en un terreno donde las sanciones tradicionales no son efectivas.
En España, donde Betancourt enfrenta una investigación judicial por presuntos delitos económicos, la revelación podría reabrir el debate sobre la opacidad de las redes empresariales vinculadas al sector petrolero venezolano. Las autoridades españolas, que han colaborado con EE.UU. en casos de corrupción en Venezuela, podrían ahora examinar si existen conexiones entre estas operaciones y los casos abiertos en tribunales españoles.







