La administración Trump busca socios árabes para financiar infraestructuras energéticas dañadas por la guerra con Irán, mientras los ataques con drones paralizan oleoductos clave y disparan los precios del crudo
La administración de Donald Trump ha anunciado un plan para crear un fondo de **10.000 millones de dólares** destinado a reconstruir infraestructuras energéticas en Oriente Próximo, dañadas durante los siete meses de conflicto con Irán. Según documentos a los que ha tenido acceso *The Wall Street Journal* y declaraciones de funcionarios estadounidenses y de la región, Washington aportaría **5.000 millones**, mientras que otros ocho países —Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Baréin, Kuwait, Omán, Irak y Jordania— contribuirían con una cantidad equivalente.
La iniciativa, denominada *Partnership for Allied Trust and Construction* (Pact), busca reducir la dependencia de la región del **Estrecho de Ormuz**, ruta crítica para el transporte de petróleo y gas. El fondo sería gestionado por la *Development Finance Corporation* (DFC), agencia federal estadounidense especializada en proyectos de seguridad nacional, aunque su enfoque histórico ha sido países en desarrollo, no las monarquías del Golfo.
El conflicto con Irán ha destruido refinerías, oleoductos y terminales de exportación en toda la región, con ataques con drones y misiles que han paralizado instalaciones clave. A principios de septiembre, un ataque contra el **oleoducto de circunvalación de Arabia Saudí** obligó a redirigir el crudo hacia el Estrecho de Ormuz, saturando una flota de petroleros ya al límite y disparando las tarifas de flete a máximos históricos. Analistas estiman que los costes de reparación superan los **decenas de miles de millones de dólares**, incluyendo ingeniería, construcción y materiales.
**Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos**, menos dependientes del Estrecho, podrían liderar rutas alternativas, mientras que países como **Kuwait y Qatar** mantienen una dependencia directa. Sin embargo, expertos advierten de riesgos: la reconstrucción sin un acuerdo de paz con Irán podría exponer las nuevas infraestructuras a nuevos ataques, y la creación de corredores energéticos alternativos generaría dependencias geopolíticas entre los países participantes.
Umer Karim, investigador de la Universidad de Birmingham, señala que «la situación del Estrecho de Ormuz no volverá a ser la misma», lo que obliga a los países árabes a buscar soluciones viables. Mientras, los rebeldes hutíes —apoyados por Irán— han intensificado sus ataques en el mar Rojo, como el registrado el pasado sábado contra una instalación de combustible cerca del aeropuerto de Riad.
El plan de Trump, aún en negociación, busca también enviar un mensaje de unidad frente a Teherán, aunque su viabilidad depende de la participación de los socios árabes y de la evolución del conflicto.
El contexto: por qué el Estrecho de Ormuz es clave para la economía global
El Estrecho de Ormuz, ubicado entre Omán e Irán, es una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo. Por él transita alrededor del **30% del comercio marítimo global**, incluyendo el **20% del petróleo** que se consume diariamente en el planeta. Su control ha sido históricamente un punto de tensión, especialmente durante conflictos como la guerra Irán-Irak en los años 80 o las sanciones internacionales contra Irán en la última década.
La dependencia de esta ruta se agrava cuando se cierran alternativas, como ocurrió en 2019 durante las tensiones entre EE.UU. e Irán, cuando los precios del crudo se dispararon. Hoy, con los ataques iraníes y la saturación de rutas alternativas, el riesgo de un colapso en el suministro energético global es real. Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), los precios podrían mantenerse elevados incluso si el conflicto se resuelve, debido a los daños en infraestructuras y la lentitud de las reparaciones.
Las implicaciones: qué se juegan los países árabes y EE.UU.
Para **Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos**, el fondo representa una oportunidad para diversificar sus exportaciones y reducir su vulnerabilidad ante posibles bloqueos del Estrecho. Sin embargo, su participación también podría generar tensiones internas: países como **Kuwait y Qatar**, más pequeños y con menos recursos, dependen directamente de la ruta y podrían verse obligados a ceder soberanía energética a sus vecinos más poderosos.
EE.UU., por su parte, busca consolidar su liderazgo en la región y contrarrestar la influencia iraní. La iniciativa del Pact refuerza su alianza con los países del Golfo, aunque algunos diplomáticos árabes han criticado la falta de un acuerdo de paz previo, que garantizara la seguridad de las nuevas infraestructuras. Bilal Saab, de la consultora *TRENDS US*, advierte: «Esta estrategia rezuma riesgo por todas partes», especialmente si Irán responde con nuevos ataques.
Mientras, el impacto en los mercados globales ya es evidente: los precios del crudo han alcanzado niveles no vistos desde 2014, y las tarifas de flete de petroleros se han multiplicado. Para los consumidores europeos y asiáticos, la escalada del conflicto en Oriente Próximo podría traducirse en facturas energéticas aún más altas en los próximos meses.
La propuesta de Trump, aunque ambiciosa, enfrenta desafíos logísticos, políticos y de seguridad. Su éxito dependerá no solo de la participación de los socios árabes, sino también de la capacidad para reconstruir infraestructuras bajo la amenaza constante de nuevos ataques.







