El grupo yemení respaldado por Teherán controla ya el estrecho de Bab el Mandeb tras una ofensiva relámpago que amenaza las exportaciones saudíes y los precios del crudo.
Los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por Teherán, se apoderaron durante el fin de semana de la isla de Perim, situada en medio del estrecho de Bab el Mandeb, un paso marítimo de 18 millas de ancho (unos 29 kilómetros) que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén. La ofensiva relámpago coloca al grupo en posición de interrumpir el flujo de crudo que sale por esa vía, lo que paralizaría las exportaciones petroleras saudíes y dispararía los precios mundiales del petróleo.
La toma de Perim se produjo un día después de que los hutíes capturaran la ciudad portuaria de Moca, el jueves. Llevaban meses preparándose para el asalto. A mediados de agosto trasladaron armamento y miles de soldados a posiciones en torno a Moca, amenazando las líneas de suministro de sus adversarios. Además, utilizaron el control que ejercen sobre las redes de telecomunicaciones yemeníes para interceptar las llamadas de sus enemigos, sembrar la confusión e intimidar a sus rivales para que se rindieran.
El grupo, que surgió en la década de 1990 en Yemen, un país de unos 40 millones de habitantes en el extremo sur de la península arábiga, capturó la capital, Saná, en 2014 y desde entonces ha consolidado su control sobre cerca de un tercio del territorio. Su líder, Abdulmalik al Houthi, afirma descender del profeta Mahoma y gobierna su territorio a través del miedo y el fervor religioso. El ejército militante que dirige cuenta con 350.000 efectivos y ha demostrado destreza en tácticas militares, misiles y drones.
La ruptura de la alianza antihutí
Durante años, fuerzas aliadas de Emiratos Árabes Unidos operaron en la isla de Perim y sus alrededores. Sin embargo, una disputa en diciembre entre Riad y Abu Dhabi sobre sus posiciones en Yemen resquebrajó la alianza antihutí. El reino bombardeó un cargamento de armas procedente de Emiratos tras su llegada a Yemen destinado a algunos de los rivales de los hutíes, y Emiratos se retiró del conflicto. Esa fractura facilitó el avance rebelde.
La coalición antihutí incluye a combatientes partidarios de un Estado independiente en el sur de Yemen, así como a facciones afines a los Hermanos Musulmanes y antiguas tropas gubernamentales. Mohammed al-Basha, experto en Yemen que dirige la firma de consultoría de riesgos Basha Report, señaló que esa coalición se enfrenta a un rival cohesionado y difícil de doblegar. «Los hutíes tienen un solo líder, una sola ideología y una visión clara», afirmó Basha. «Las fuerzas antihutíes tienen ocho ejércitos y múltiples mandos».
Amr al Bidh, funcionario del Consejo de Transición del Sur de Yemen, respaldado anteriormente por Emiratos y partidario de la independencia del sur del país, acusó a Arabia Saudí de haber gestionado mal la campaña militar. Durante años se mantuvo un alto el fuego de facto en la guerra, en el que Arabia Saudí financiaba a los empleados estatales yemeníes. Responsables saudíes del sector energético declararon a The Wall Street Journal en abril que el reino había obtenido compromisos de los hutíes para que no atacaran a la monarquía ni a sus buques.
Los tres frentes de Arabia Saudí
Al romperse ese entendimiento, Arabia Saudí titubeó. A los dirigentes saudíes les preocupaba volver a enredarse en Yemen después de que miles de incursiones aéreas durante la guerra civil no lograran desalojar al grupo y derivaran en ataques contra sus propias infraestructuras energéticas. Responsables yemeníes contrarios a los rebeldes denunciaron que Arabia Saudí no atendió a sus peticiones de apoyo aéreo para sostener sus defensas, lo que facilitó la victoria hutí.
La presión sobre los saudíes se ha intensificado. La semana pasada, un ataque con drones que Riad atribuye a Irak impactó en el oleoducto Este-Oeste, un activo vital para el reino. Con el estrecho de Ormuz bajo fuego iraní y los hutíes al mando de Bab el Mandeb, los frentes de Arabia Saudí siguen multiplicándose. «Una cosa es combatir a los hutíes, y otra muy distinta es luchar en tres frentes abiertos al mismo tiempo», aseguró Farea al Muslimi, investigador de Chatham House.
Arrebatar de nuevo a los rebeldes el dominio de la isla de Perim, en la entrada del mar Rojo, podría arrastrar a las potencias internacionales de lleno a la prolongada guerra yemení. Por ahora, Estados Unidos no parece proclive a intervenir tras haber bombardeado a los hutíes durante más de 50 días en el marco de la Operación Rough Rider en 2025. El presidente Trump afirmó el sábado que los rebeldes habían solicitado a Washington que se mantuviera al margen y que la situación terminaría resolviéndose.
Incluso si se expulsa a los hutíes de la isla o se los aleja del mar Rojo, conservan un arsenal de drones y misiles capaz de mantener en jaque esa vía marítima. La maniobra calca la estrategia empleada por Irán en el actual estancamiento del estrecho de Ormuz. «Siempre van a tener la capacidad de chantajear tramos enteros del mar Rojo», advirtió Elisabeth Kendall, del Girton College de la Universidad de Cambridge y especialista en Yemen desde hace tiempo. «El mundo sólo reacciona cuando le tocan el bolsillo».







