Actualización (28 de septiembre a las 07:51):
El acuerdo de Busan, que evita nuevos aranceles, se prorroga hasta el 10 de enero mientras ambos países negocian un pacto más amplio en Washington
Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, anunció anoche la extensión hasta el 10 de enero del acuerdo de Busan, que suspende nuevos aranceles entre Washington y Pekín. La decisión se produjo horas antes de la llegada a Washington de Xi Jinping, presidente chino, para una cumbre con Donald Trump que marca el tercer encuentro presencial entre ambos líderes desde que el republicano recuperara la presidencia en 2025.
El anuncio, confirmado en una entrevista en Fox News, llega tras una reunión entre Bessent y He Lifeng, viceprimer ministro chino, que encabezó las negociaciones económicas previas a la cumbre. La tregua, inicialmente pactada en octubre de 2025, evitaba que EE.UU. aplicara nuevos impuestos a productos chinos a cambio de que Pekín suspendiera restricciones a la exportación de tierras raras y minerales críticos.
La prórroga, que se extiende hasta el 10 de enero de 2027, busca estabilizar una relación marcada por tensiones comerciales, tecnológicas y geopolíticas, especialmente en torno a Taiwán. La cumbre de el jueves en la Casa Blanca abordará además la competencia en inteligencia artificial y la seguridad en el Estrecho, temas donde ambos países han intensificado su rivalidad en los últimos meses.
Xi Jinping llegó el miércoles a la base aérea de Andrews, en las afueras de Washington, donde fue recibido personalmente por Trump y su esposa, Peng Liyuan, en un gesto protocolario poco habitual. La visita de Estado, la primera de un presidente chino a EE.UU. en once años, incluye reuniones bilaterales y un diálogo sobre inteligencia artificial que podría sentar las bases para un acuerdo más amplio.
Acuerdo de Busan firmado en octubre 2025 para suspender aranceles
El acuerdo de Busan, firmado en octubre de 2025 durante una cumbre del G20 en Corea del Sur, fue un intento de desescalar la guerra comercial iniciada en 2018 bajo la presidencia de Donald Trump. En su momento, ambos países acordaron suspender nuevos aranceles mientras negociaban un pacto más amplio, aunque sin llegar a un consenso en temas clave como subsidios estatales o transferencia de tecnología.
La tregua ha permitido evitar una escalada arancelaria que podría haber afectado a sectores clave como el automovilístico, la agricultura y las tecnologías verdes. Sin embargo, el acuerdo no ha resuelto las disputas subyacentes: Pekín mantiene restricciones a la exportación de minerales críticos para la transición energética, mientras que Washington acusa a China de prácticas desleales en subsidios y propiedad intelectual.
La prórroga anunciada el miércoles refleja la urgencia de ambos bandos por evitar un nuevo round de tensiones económicas en un contexto de incertidumbre global. La visita de Xi Jinping a Washington, la primera desde 2017, es vista como una oportunidad para relanzar el diálogo, aunque analistas advierten de que los avances en comercio podrían verse limitados por las diferencias en seguridad y tecnología.
En la cumbre, la rivalidad en IA y el Chip Act se ponen al frente
Más allá de la tregua comercial, la cumbre entre Trump y Xi Jinping abordará temas donde la rivalidad entre ambas potencias es aún más intensa. En inteligencia artificial, ambos países compiten por liderar el desarrollo de tecnologías clave, con Pekín avanzando en regulaciones propias y Washington promoviendo alianzas como el Chip Act para reducir su dependencia de semiconductores chinos.
El tema de Taiwán será otro punto crítico. Aunque China no reconoce la soberanía de la isla, la visita de Xi Jinping coincide con un aumento de la actividad militar china en el Estrecho, mientras que EE.UU. ha reforzado su apoyo a Taipéi con ventas de armamento. La cumbre podría incluir un comunicado conjunto sobre el principio de «una sola China», pero sin avances concretos en la reducción de tensiones.
Para Trump, la reunión con Xi Jinping llega en un momento clave de su mandato. Aunque su administración ha mantenido una postura más dura contra China que la de su predecesor, Joe Biden, el presidente republicano busca consolidar su imagen como negociador frente a un electorado que prioriza la estabilidad económica. La extensión de la tregua comercial podría ser presentada como un logro, aunque sin resolver los conflictos estructurales.
Por su parte, Xi Jinping enfrenta presiones internas por el estancamiento económico chino y la necesidad de atraer inversión extranjera. La visita a Washington, aunque simbólica, le permite mostrar a su base política que China mantiene un diálogo con EE.UU. sin ceder en temas estratégicos. Sin embargo, la falta de avances concretos en comercio o seguridad podría debilitar su posición ante críticos que exigen una postura más firme.
La prórroga del acuerdo de Busan hasta enero de 2027 da a ambas partes un plazo para explorar un pacto más amplio, pero también refleja la dificultad de alcanzar acuerdos en un contexto de desconfianza mutua. Mientras, el diálogo sobre inteligencia artificial podría ser el área con mayor potencial de cooperación, aunque sin garantías de resultados tangibles a corto plazo.
El acuerdo incluye reducciones arancelarias por 30.000 millones de dólares y crea dos consejos bilaterales para gestionar conflictos en comercio e inteligencia artificial
Xi Jinping y Donald Trump sellaron en Nueva York el pasado 15 de septiembre un acuerdo para extender hasta el 10 de enero de 2027 la suspensión de aranceles y medidas comerciales que ambas potencias habían aplicado durante la escalada comercial de 2018-2020. El Ministerio chino de Comercio confirmó este lunes que la prórroga —anunciada inicialmente por el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, tras la cumbre— se enmarca en el ‘arreglo conjunto’ firmado en Kuala Lumpur en octubre de 2025, cuando ambos líderes se reunieron por primera vez tras años de tensiones. Pekín había evitado hasta ahora confirmar oficialmente la extensión, limitándose a señalar que ‘equipos económicos’ habían alcanzado un nuevo entendimiento.
La prórroga da margen a ambas partes para negociar durante estos meses un acuerdo más amplio. Según detalló el Ministerio chino, el nuevo marco incluye reducciones arancelarias recíprocas sobre productos valorados en 30.000 millones de dólares por cada lado, con el objetivo de que el 90% de los bienes incluidos vean sus aranceles reducidos a los niveles de ‘nación más favorecida’ una vez completados los trámites legales internos. Este paquete se gestionará a través de dos nuevos organismos: un Consejo de Comercio bilateral, que abordará específicamente las reducciones arancelarias, y un Consejo de Inversión, centrado en oportunidades y obstáculos para empresas.
Además, China y EE.UU. han acordado establecer un diálogo específico en inteligencia artificial, liderado por el viceprimer ministro chino He Lifeng y Scott Bessent, con una primera sesión ya celebrada. El acuerdo también prevé crear un canal de comunicación para gestionar ‘incidentes’ relacionados con esta tecnología antes de una nueva reunión prevista antes de finales de noviembre.
El anuncio llega tras la octava ronda de consultas económicas y comerciales, celebrada entre el 20 y el 23 de septiembre en Nueva York y Washington, justo antes de la visita de Xi Jinping a EE.UU. Este encuentro marcó un punto de inflexión en las relaciones bilaterales, donde ambos líderes buscaron desescalar las tensiones en áreas clave como comercio, tecnología y seguridad.
La tregua se pactó en Kuala Lumpur en octubre de 2025
La suspensión de aranceles y medidas comerciales que ahora se prorroga hasta enero de 2027 fue acordada inicialmente en octubre de 2025, durante una reunión en Kuala Lumpur entre los equipos económicos de ambos países, justo antes del encuentro entre Xi Jinping y Donald Trump en Busan (Corea del Sur). Ese acuerdo temporal evitó la aplicación de aranceles adicionales sobre productos clave, como acero, aluminio y tecnología, que habían sido impuestos durante la guerra comercial iniciada en 2018 bajo la presidencia de Trump y que Joe Biden mantuvo parcialmente durante su mandato.
El nuevo marco de negociación busca evitar un nuevo escalón en la conflictividad comercial, especialmente en sectores como semiconductores, baterías y productos agrícolas, donde ambos países mantienen disputas abiertas. La creación de los dos consejos bilaterales —uno para comercio y otro para inversión— refleja el intento de institucionalizar un diálogo permanente, algo que no existía desde la ruptura de las negociaciones en 2020.
El acuerdo también responde a la presión de sectores empresariales en ambos países, que habían advertido sobre los riesgos de una nueva escalada. En EE.UU., empresas como Apple, Boeing y Tesla dependen en gran medida de la cadena de suministro china, mientras que en China, gigantes como Huawei y BYD necesitan acceso al mercado estadounidense para mantener su crecimiento. La prórroga hasta enero de 2027 da tiempo a ambas partes para evaluar el impacto de las medidas actuales y negociar un acuerdo más estable.
La prórroga evita aranceles a la automoción y electrónica china
Para China, la prórroga evita un nuevo aumento de aranceles que podría afectar a su ya debilitada economía, especialmente en sectores como automoción y electrónica, donde las exportaciones a EE.UU. representan un porcentaje significativo de sus ingresos. Además, el diálogo en inteligencia artificial es clave para Pekín, que busca limitar la fragmentación tecnológica impulsada por Washington bajo la ley CHIPS Act y las restricciones a exportaciones de semiconductores avanzados.
Por su parte, EE.UU. gana tiempo para evaluar el impacto de las medidas actuales sin tener que enfrentar una escalada comercial en plena campaña electoral, donde temas como la competitividad industrial y la dependencia de China son centrales en el debate. La administración de Trump ha mostrado una postura más flexible que la de Biden en materia comercial, priorizando acuerdos bilaterales rápidos sobre regulaciones estrictas. Sin embargo, la prórroga no garantiza que no haya nuevos roces en áreas como subvenciones estatales a empresas chinas o transferencia de tecnología forzosa, temas que siguen siendo puntos de fricción.
El acuerdo también tiene implicaciones geopolíticas. Una desescalada comercial podría reducir las tensiones en el Indo-Pacífico, donde tanto China como EE.UU. compiten por influencia. Sin embargo, la prórroga no incluye avances en otros frentes conflictivos, como Taiwán, el Mar de China Meridional o la guerra en Ucrania, donde las posturas siguen siendo irreconciliables.
En el ámbito tecnológico, el diálogo específico sobre inteligencia artificial busca evitar una nueva ‘Guerra Fría’ digital, similar a la que se vivió durante la Guerra Fría con la carrera espacial. Ambos países compiten por liderar sectores como robótica, chips avanzados y sistemas de reconocimiento facial, y cualquier incidente —como acusaciones de espionaje o robos de propiedad intelectual— podría desestabilizar el frágil equilibrio actual.
La prórroga hasta enero de 2027 también deja claro que neither China ni EE.UU. están dispuestos a ceder en sus demandas centrales. Mientras Pekín exige el fin de las sanciones comerciales y el reconocimiento de su modelo económico, Washington insiste en que cualquier acuerdo debe incluir protección de propiedad intelectual, acceso a mercados justos y reducción de subsidios estatales. El desafío ahora será mantener este diálogo abierto sin que las negociaciones se estancen.




