El desahucio de Maricarmen acelera la presión conjunta, pero las críticas de Podemos al Gobierno dividen a la izquierda
Ione Belarra y Ernest Urtasun evitan hoy confirmar una alianza entre Podemos y Sumar, pero el caso de Maricarmen —una anciana desahuciada tras 70 años en su vivienda— ha unido a ambos en exigir al PSOE medidas urgentes. Mientras Sumar propone primarias abiertas para elegir candidatos, Podemos insiste en impugnar la gestión del Gobierno de coalición, donde participan sus hipotéticos socios.
El conflicto de fondo persiste: Sumar, que forma parte del Ejecutivo, defiende la continuidad de la coalición con el PSOE, mientras Podemos llevar años criticando tanto a los socialistas como a los ministros de Sumar por sus concesiones. Irene Montero, ministra de Igualdad y portavoz de Sumar, rechazó ayer primarias cerradas y abogó por un «reset» político centrado en bajar el precio de la vivienda y reasignar fondos de defensa a sanidad. Su mensaje, sin embargo, chocó con la postura de Podemos, que exige expropiar 650.000 pisos a fondos de inversión para alquiler social.
El PSOE, presionado por ambos, aceleró esta semana la negociación del decreto de vivienda —bloqueado desde hace meses— y anunció para el martes en el Consejo de Ministros medidas contra desahucios y prórrogas de alquileres. La sintonía entre Sumar y Podemos es clara en el diagnóstico (crisis de vivienda), pero no en la solución: mientras Sumar limita las expropiaciones al caso de Maricarmen, Podemos las generaliza. La fecha clave para un acuerdo entre ambos espacios se sitúa en la primera quincena de octubre, cuando podrían definir la marca «Frente Amplio» y un candidato único.
El escollo sigue siendo la relación con el PSOE. Urtasun advirtió que Sumar no compartirá candidatura con quien descarte reeditar la coalición con los socialistas. Belarra, por su parte, evitó cerrar puertas: «Si empezamos con líneas rojas, no haremos lo que pide la gente», respondió a la pregunta directa sobre la alianza. La presión sobre Sánchez crece, pero el tiempo se agota: sin un frente común, la izquierda podría repetir el error de 2019 y dividir el voto progresista.




