El presidente chino reclama consolidar una relación «constructiva y estratégicamente estable» en su primera visita a Washington en una década
Xi Jinping, presidente de China, ha llegado a Estados Unidos para una visita histórica que incluye un encuentro con Donald Trump en la Casa Blanca. En una declaración escrita difundida tras su aterrizaje, el mandatario chino ha subrayado que ambas potencias deben actuar «como socios y no como adversarios», evitando así una escalada en sus tensiones comerciales y geopolíticas.
El encuentro, adelantado en julio, marca el segundo cara a cara entre ambos líderes en 2024 —tras su reunión en Pekín en mayo—, donde acordaron avanzar hacia una relación «constructiva y estratégicamente estable». Xi ha recordado ese compromiso y ha instado a Trump a consolidar una cooperación central, gestionando diferencias sin que afecten a los objetivos nacionales de ambos países.
La visita, que se prolongará hasta el viernes, incluye una cena de Estado en la Casa Blanca, donde se espera que ambos presidentes aborden temas clave como comercio, tecnología y seguridad. Este encuentro es el primero de Xi en Washington desde 2017, cuando visitó a Barack Obama, y llega en un contexto de creciente rivalidad en áreas como tierras raras, inteligencia artificial y el conflicto en Ucrania.
Trump anunció la visita en julio tras conversaciones con el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, durante una cumbre de la ASEAN en Filipinas. El objetivo, según el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, era identificar áreas de cooperación para una «visita muy positiva». Sin embargo, las tensiones persisten: Pekín acusa a Washington de contener su desarrollo tecnológico, mientras EE.UU. denuncia prácticas comerciales desleales.
La visita también incluye reuniones con representantes de distintos sectores estadounidenses, en un intento de Xi por mostrar una imagen de apertura y diálogo. Pero el verdadero desafío será si ambos líderes logran traducir sus declaraciones en acciones concretas, evitando que la visita quede como un gesto simbólico sin impacto real en la relación bilateral.
El encuentro entre Xi y Trump, adelantado el 23 de julio por el presidente estadounidense, se produce más de una década después de la última visita del mandatario del gigante asiático a la Casa Blanca y será el segundo cara a cara que mantengan ambos mandatarios este año, después de su reunión de mayo en Pekín, una cumbre que terminó con el compromiso mutuo de avanzar hacia una relación constructiva de estabilidad estratégica.
Trump afirmó en julio que Xi realizaría una visita a Washington el 24 de septiembre, después de que el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, hablaran en los márgenes de una cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) en Filipinas sobre la necesidad de identificar áreas de cooperación para sentar las bases de una «visita muy positiva».



