AL MINUTO:
En directoCuca Gamarra habla de okupación un día después del desahucio de Maricarmen, la mujer de 87 años
Jue. Sep 24th, 2026
Publicidad

La abstención récord del 61,9% y el sistema electoral que premia la fragmentación explican el triunfo del partido liberal, pero el PJD duplica sus diputados en cinco años

Fouzia Lekjaa, ministro de Presupuestos y presidente de la Federación Marroquí de Fútbol, lidera el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), que ha obtenido 97 escaños en las elecciones legislativas marroquíes, según datos provisionales del Ministerio del Interior. El resultado consolida al PAM como la primera fuerza política del país, por delante de sus socios de coalición saliente: el RNI (Agrupación Nacional de Independientes), que cae a 66 escaños, e Istiqlal (nacionalista), que mantiene 65. La victoria del PAM, fundado en 2008 por Fouad Ali El Hirma, compañero de colegio del rey Mohamed VI y consejero real, marca un giro en el panorama político marroquí, donde la abstención récord del 61,9% —la más alta en 20 años— refleja el desapego ciudadano hacia las instituciones.

El Partido Justicia y Desarrollo (PJD, islamista moderado), que gobernó Marruecos entre 2011 y 2021, ha logrado un sorpresivo repunte: de 13 escaños en 2021 a 54 en esta convocatoria, recuperando parte del peso perdido tras su derrota en 2016. Mientras, la izquierda, minoritaria, pero en ascenso, ha obtenido 8 diputados, según el sistema electoral que distribuye los escaños en función del número de inscritos en cada circunscripción —no de los votos válidos—, lo que favorece la fragmentación parlamentaria y dificulta las mayorías absolutas.

El rey Mohamed VI designará al nuevo presidente del Gobierno, que deberá ser un miembro del PAM. Lekjaa, actual ministro de Presupuestos y figura clave en la organización del Mundial 2030 (compartido con España y Portugal), es el favorito para el cargo, aunque el PAM opera con una dirección colegiada que incluye a Fatima Ezzara El Mansour (ministra de Vivienda) y Mehdi Bensaid (ministro de Juventud y Cultura).

La abstención histórica: el 61,9% de los inscritos no votó

La participación real fue del 38,08%, la más baja desde 2007, cuando el rechazo al proceso electoral alcanzó el 63%. En esta convocatoria, solo 6 millones de los 15,8 millones de inscritos en el censo acudieron a las urnas, una tendencia que se repite desde hace 25 años: en 2021, la abstención fue del 49,6%, y en 2016, del 57%. La única excepción fue el Sáhara Occidental, donde la participación superó el 60% en ciudades como Aaiún (77%) y Dajla (61%), según datos del Ministerio del Interior.

El ministro del Interior, Abdeluafi Laftit, calificó la jornada de «normal», aunque reconoció incidentes aislados en Tánger (norte), donde se denunciaron manipulaciones en mesas electorales. Unos 3.000 observadores —entre ellos 200 internacionales— supervisaron el proceso, sin que se registraran alteraciones graves que afectaran al resultado.

El sistema electoral marroquí: por qué la fragmentación es la norma

Marruecos utiliza un sistema de reparto de escaños basado en el número de inscritos en cada circunscripción, no en los votos válidos. Esto incentiva la división parlamentaria, ya que los partidos pueden obtener representación incluso con un apoyo minoritario en términos de participación real. Según analistas locales, esta mecánica explica por qué ninguna formación logra mayorías absolutas y por qué coaliciones como la actual —PAM, RNI e Istiqlal— suelen repetirse, aunque con ajustes en el peso relativo de cada socio.

En este caso, el PAM, pese a ser el partido más votado, no alcanzará una mayoría suficiente para gobernar solo. Su alianza con el RNI e Istiqlal —que juntos suman 131 escaños— parece la opción más probable, aunque con un PAM más influyente que en la legislatura anterior. La izquierda, aunque minoritaria, ha logrado avances significativos, mientras que el PJD, pese a su recuperación, quedará relegado a la oposición.

El contexto: ¿qué cambia con este resultado?

El triunfo del PAM refuerza el perfil liberal y pro empresarial del Gobierno marroquí, especialmente en un momento clave como la organización del Mundial 2030. Lekjaa, como figura central del partido y del evento deportivo, podría consolidar su influencia en la política nacional, aunque su nombramiento como primer ministro dependerá de la decisión del rey Mohamed VI, quien tradicionalmente elige al jefe de Gobierno entre las filas del partido más votado.

Para el PJD, el repunte electoral —tras cinco años en la oposición— le permite recuperar parte de su base social, aunque sin alcanzar el nivel de influencia de décadas anteriores. Su crecimiento contrasta con el declive del RNI, que pierde su posición dominante en la coalición gobernante. La izquierda, aunque débil en términos parlamentarios, gana visibilidad en un contexto de creciente descontento social.

La abstención récord, por su parte, subraya la distancia entre la clase política y la ciudadanía marroquí. Analistas locales señalan que este distanciamiento podría intensificarse si no se abordan demandas como la corrupción, la desigualdad económica o la falta de transparencia en la gestión pública. El PAM, al heredar una coalición fragmentada y un Parlamento sin mayorías claras, enfrentará el reto de gobernar con estabilidad en un escenario de desconfianza ciudadana.

El próximo paso será la formación del nuevo Gobierno, con Lekjaa como candidato más probable para presidirlo. Su capacidad para negociar con los socios de coalición y para responder a las expectativas sociales —especialmente en un año clave como 2026, con el Mundial como prioridad— será decisiva para la estabilidad política de Marruecos.

Related Post

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *