Italia suspende Schengen con España y seis países europeos se suman a la presión, mientras Albares insiste en que la integridad del espacio está garantizada
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, visitó ayer Ceuta y denunció «la violación y el ataque a la integridad territorial de España» tras la entrada irregular de miles de personas desde Marruecos, en una crisis que ha generado una ofensiva política de varios gobiernos europeos contra Madrid. Sánchez, acompañado por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, se reunió con los mandos de los cuerpos y fuerzas de seguridad en el Tarajal, epicentro de la crisis, y después acudió al palacio de la Asamblea, donde le esperaba el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, que rechazó la comparecencia conjunta inicialmente prevista.
«El Estado está aquí. Defendemos la seguridad y la convivencia en Ceuta como la defenderíamos en el perímetro de la M-30 en Madrid. Somos todos uno», afirmó Sánchez, que condenó lo sucedido «en el nivel más enérgico posible de rechazo» y prometió que el Gobierno utilizará «todos los recursos del Estado» para garantizar la seguridad y la convivencia en la ciudad autónoma. Atribuyó la crisis a una «lectura interesada que las mafias que trafican con seres humanos han hecho de una sentencia del Tribunal Supremo» sobre las repatriaciones de quienes entran a nado, y anunció el despliegue de boyas en el Tarajal como «barrera de contención física» para facilitar las repatriaciones en frontera.
La tensión política europea comenzó la noche del jueves con una reacción del Gobierno de Giorgia Meloni, que anunció la suspensión del tratado de Schengen con España. A la posición italiana se sumaron ayer Polonia, Finlandia, Austria, la República Checa y Dinamarca, mientras la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, advirtió de que «no podemos permitir que nadie entre en nuestra Unión sin respetar nuestras normas». El presidente francés, Emmanuel Macron, mantuvo una conversación telefónica con Sánchez para trasladarle su solidaridad, aunque Francia decidió mantener reforzados los controles en sus fronteras. También intervino Washington: el presidente Donald Trump afirmó que «también nosotros tendremos una invasión como la de Ceuta si ganan los demócratas».
El pulso de Meloni y la respuesta con datos de Frontex
El objetivo de Meloni es convertir el pulso en una iniciativa de alcance europeo, según se desprende de la conversación telefónica que mantuvo ayer con la primera ministra danesa, Mette Frederiksen. Frente a esta presión, Sánchez replicó con contundencia: «La solidaridad y la empatía son opcionales. El respeto a los tratados europeos y a los datos, no». Esgrimió las cifras de entradas irregulares registradas por Frontex entre 2021 y 2026: 478.600 por Italia, 340.600 por la ruta de los Balcanes occidentales, 259.800 por Grecia, 234.760 por España y 48.000 por la frontera oriental. «No es momento de dividirnos. Es momento de seguir construyendo una UE fuerte y unida», avisó.
El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, respondió a las críticas: «La integridad del espacio Schengen está absolutamente garantizada. Basta de confusión interesada». En la Moncloa rechazaron el término «invasión» y lo asimilaron a un día de fiesta estudiantil alentado por las redes sociales y por unas mafias que expandieron el bulo, basado en un fallo del Tribunal Supremo, de que se podía cruzar a España y habría papeles para todos. La crisis dejó 57 fallecidos. De las cerca de 50.000 personas que el jueves se habían sumado a la aventura, más de 48.300 habían regresado a Marruecos a media tarde de ayer, según Interior. Albares subrayó que «no es posible trasladarse de Ceuta y Melilla a la Península sin identificarse en un control de policía».
La posición de Vivas y el PP
El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, evitó comparecer con Sánchez y criticó la «respuesta tardía e insuficiente» del Gobierno central, además de denunciar la «manipulación de Marruecos de su población con fines partidistas». El PP y Vox coincidieron en denunciar una «invasión», de la que culparon a Sánchez y a su regularización de inmigrantes como efecto llamada, e incluso algunos dirigentes ultras instaron a la «caza» del inmigrante. Un grupo de ciudadanos recibió a Sánchez y Marlaska con insultos como «¡Sánchez, dimisión!».
Sánchez, por su parte, agradeció la cooperación de Marruecos para agilizar «cuanto antes» las repatriaciones y destacó que la interlocución con las autoridades marroquíes es «constante, fluida y muy razonable, a diferencia de lo que sucedió en el 2021», en alusión a la crisis migratoria de entonces, consecuencia del enfado de Rabat ante la hospitalización en Logroño del líder del Frente Polisario, Brahim Gali. El presidente enmarcó la crisis actual como un episodio aislado, subrayando la caída del 36% en los flujos de inmigración irregular a España en este 2026, y se abrió a estudiar reformas legales si son precisas.
Fuente: La Vanguardia
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