La infraestructura, con 23 metros de calado y apertura prevista en 2028, competirá con los puertos españoles del Atlántico y dará salida al Sahel
Dajla (Sáhara Occidental), 1 de octubre de 2026 — Marruecos está a punto de inaugurar el puerto más estratégico de África Occidental: Dajla Atlántico, una infraestructura de 1.200 a 1.600 millones de dólares que, con un calado de 23 metros y capacidad para 35 millones de toneladas anuales, competirá directamente con los puertos españoles del Atlántico y acercará a EE.UU. a una posición clave frente a Canarias y las rutas hacia el Golfo de Guinea y América.
Las obras, que superan ya el 60% de su ejecución y están previstas para abrirse en 2028, incluyen dos terminales de amoniaco verde —con capacidad combinada para 6 millones de toneladas anuales— y un complejo de hidrógeno verde valorado en 35.000 millones de dólares, según datos de Africa Intelligence. El proyecto, liderado por el consorcio ORNX (con las empresas Ortus, Acciona y Nordex), cuenta con el respaldo de la Agencia de Comercio y Desarrollo de EE.UU. (USTDA), que en julio de 2026 financió un estudio de ingeniería para una planta de amoniaco en El Aaiún.
Para Marruecos, Dajla Atlántico es una herramienta para consolidar su control sobre el Sáhara Occidental —territorio que considera parte de su soberanía y que la ONU sigue considerando pendiente de descolonización— y ofrecer a los países del Sahel, sin litoral, una salida al Atlántico. El Frente Polisario, que reclama la autodeterminación del territorio, ve en la obra una estrategia de fait accompli, mientras que Rabat la presenta como un desarrollo económico de sus «provincias del sur».
El respaldo de Washington va más allá de lo económico: en su mensaje por la Fiesta del Trono de Marruecos en julio de 2026, Donald Trump ordenó a su administración fomentar el desarrollo económico y social en el reino, incluido el Sáhara Occidental. Semanas después, delegaciones militares y diplomáticas estadounidenses visitaron las obras del puerto, en un contexto de creciente cooperación bilateral. La Autopista Donald J. Trump, un enlace de 1.000 kilómetros entre Tiznit y Dajla con un presupuesto de 880 millones de euros, refuerza esta conexión.
El puerto que redefine la geopolítica del Atlántico
Dajla Atlántico forma parte de la estrategia marroquí para posicionarse como interlocutor de EE.UU. en África, en una región donde China, Rusia y la UE también buscan presencia. Su ubicación, frente a Canarias y a las rutas hacia el Golfo de Guinea y América, lo convierte en un punto de control estratégico para el comercio global y la energía verde.
Para España, el puerto compite con los puertos canarios en tráfico de mercancías y refuerza la presencia marroquí en un territorio cuya soberanía es reconocida por Washington desde 2020, pero no por la ONU ni por la Unión Africana. La capacidad de Dajla para manejar buques de gran calado (hasta 23 metros) podría atraer tráfico dirigido a Algeciras, Valencia o Las Palmas.
El proyecto también tiene implicaciones energéticas: las terminales de amoniaco verde y los planes de hidrógeno verde (35.000 millones de dólares en inversiones previstas) incluyen la participación de empresas estadounidenses como KBR, GE Vernova y Electric Hydrogen. Esto refuerza la alianza entre Marruecos y EE.UU., que ya colaboran en seguridad (ejercicios militares conjuntos) y en migración (acuerdos para frenar la llegada de pateras a Canarias).
¿Por qué importa este puerto más allá de su tamaño?
1. Al ofrecer a países del Sahel (Mali, Níger, Chad) una salida al Atlántico, Rabat refuerza su argumento de que el territorio es parte integrante de su economía y seguridad nacional. La inversión en infraestructuras —incluyendo la autopista Trump— hace cada vez más costoso para la comunidad internacional cuestionar su control.
2. Para EE.UU.: El puerto es una apuesta por consolidar su alianza con Marruecos en una región donde otras potencias (China, Rusia, Turquía) también compiten. La participación de empresas estadounidenses en el proyecto de amoniaco verde y la visita de delegaciones militares subrayan este interés estratégico. Además, su ubicación frente a Canarias le da a Washington un punto de influencia en el Atlántico que no tenía antes.
3. Para España y la UE: La competencia comercial es clara, pero también lo es el riesgo geopolítico. Si Dajla se consolida como hub energético y logístico, podría reducir el tráfico en puertos españoles y debilitar la posición de Madrid en el Magreb. La UE, que mantiene una postura ambigua sobre el Sáhara Occidental (reconoce parcialmente la soberanía marroquí pero exige respeto a los derechos humanos), podría verse presionada a ajustar su postura si el proyecto avanza sin fricciones.
4. Para el Sahel y África Occidental: Países como Mali, Níger o Chad, asfixiados por la inestabilidad y sin acceso al mar, ven en Dajla una oportunidad económica. Sin embargo, su dependencia de Marruecos —y, por extensión, de EE.UU.— podría limitar su margen de maniobra en una región donde el golpe de Estado en Níger (julio de 2023) y la crisis en Mali han demostrado la fragilidad de los gobiernos locales.
5. Para el Sáhara Occidental: La construcción del puerto acelera la maquinización del territorio. Según fuentes críticas consultadas por african.business, la obra ha atraído a miles de colonos marroquíes a la zona, alterando el equilibrio demográfico y social. El Frente Polisario, que controla zonas del sur del territorio, denuncia que estos proyectos son una ocupación económica encubierta.
El puerto entrará en funcionamiento en 2028, pero su impacto ya es real: en los últimos meses, Marruecos ha intensificado su presión diplomática para que la UE reconozca su soberanía sobre el Sáhara Occidental, según fuentes críticas citadas por la fuente original. La pregunta que queda en el aire es si Dajla Atlántico será solo un puerto… o el primer paso hacia un nuevo orden geopolítico en el Atlántico.







