Actualización (28 de septiembre a las 10:45):
Ambos aspirantes buscan el voto útil a una semana de los comicios para evitar el balotaje presidencial.
Las apuestas deportivas y los juegos en línea quedarán prohibidos en todo el territorio de Brasil. La decisión gubernamental llega a una semana de las elecciones presidenciales. El mandatario Luiz Inácio Lula da Silva comunicó la medida de cara a la votación nacional.
La contienda sitúa a Luiz Inácio Lula da Silva y al senador Flávio Bolsonaro en un escenario de empate técnico según los sondeos. Ambas candidaturas pugnan de forma directa por captar el voto útil. La meta inmediata de las dos campañas consiste en resolver la Presidencia sin acudir a una segunda vuelta.
El balotaje en el sistema electoral de Brasil
El sistema constitucional brasileño exige que el ganador de las presidenciales obtenga más de la mitad de los votos válidos. Si ningún postulante supera ese umbral en la primera ronda, los dos aspirantes más votados deben competir en un balotaje. Evitar esa segunda instancia requiere concentrar apoyos dispersos en formaciones minoritarias.
La legislación electoral del país fija mecanismos estrictos para la asignación del poder ejecutivo federal. Los sondeos que reflejan paridad incrementan la presión sobre el electorado indeciso. La polarización política reduce el margen de maniobra de las candidaturas alternativas.
El marco regulatorio sobre el juego y las apuestas
La prohibición de las apuestas deportivas y plataformas virtuales abarca la totalidad del territorio federal. En Brasil, la regulación de los juegos de azar y las actividades financieras vinculadas depende de normativas de ámbito nacional. Una orden de veto general impacta tanto a empresas operadoras como al flujo económico digital.
Las medidas que alteran sectores comerciales de amplia difusión suelen incidir en el debate público previo a las urnas. La postura del Ejecutivo federal busca intervenir de forma directa en el mercado de plataformas digitales. El desarrollo del proceso electoral definirá el rumbo de la jefatura del Estado en los próximos días.
El decreto, firmado por el presidente el viernes 27 de septiembre, establece que todas las plataformas de apuestas deportivas y juegos en línea, incluidas las aplicaciones móviles, quedarán suspendidas en todo el territorio nacional. La medida, que entra en vigor a partir del 1 de octubre, busca limitar la influencia de los juegos de azar en la campaña electoral y proteger a los ciudadanos de posibles riesgos de ludopatía durante el periodo de votación.
El candidato Flávio Bolsonaro lidera entre este sector clave, mientras el presidente intenta frenar el avance de la desinformación religiosa
Luiz Inácio Lula da Silva enfrenta un rechazo del 39% entre los evangélicos brasileños —un electorado que representa el 27% del padrón electoral—, según una encuesta del Instituto de Estudios de la Religión (ISER). A solo días de las elecciones, este sector, tradicionalmente afín a la derecha, se ha consolidado como el principal bastión de Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y candidato a la reelección, quien aparece empatado con Lula en las últimas encuestas.
El descontento con el Gobierno de Lula entre los evangélicos —un grupo heterogéneo que incluye desde pentecostales hasta bautistas— se explica por su percepción de que el presidente, católico, los trata como un bloque homogéneo y manipulable. Nilza Valéria, coordinadora del Frente Evangélico por el Estado de derecho, denuncia que «nadie quiere dialogar con quien los considera inferiores». Mientras, Magali Cunha, investigadora del ISER, advierte de que la desinformación —como la asociación de Lula con el «comunismo» o su relación con China— sigue siendo un arma clave para movilizar a este electorado.
Frente a este escenario, Lula ha multiplicado gestos simbólicos: desde una carta a los evangélicos con citas bíblicas hasta la participación de su esposa, Rosangela ‘Janja’ Lula, en un vídeo de música góspel. Sin embargo, la estrategia no ha frenado el avance de Bolsonaro, quien capitaliza el «voto útil» contra la izquierda. Pastores como Silas Malafaia, líder pentecostal y aliado de Bolsonaro, han instrumentalizado el discurso religioso para movilizar a sus fieles, aunque Valéria aclara que «no existe un voto evangélico unificado».
El ISER revela que el 80% de los evangélicos rechaza mezclar política y religión en los templos, pero las redes sociales y grupos de mensajería siguen siendo focos de desinformación. Según Cunha, «las comunidades evangélicas son muy permeables a memes y noticias falsas que apelan al miedo», un patrón que ya se activó durante el mandato de Bolsonaro (2018-2022) para deslegitimar a la oposición.
Aunque Lula intenta llegar a sectores evangélicos afines —como mujeres, negros o beneficiarios de programas sociales—, el desafío es enorme: el rechazo acumulado y la polarización religiosa podrían decidir estas elecciones, donde el margen de victoria se mide en puntos porcentuales.
Fuente: EFE
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