La obra de 9 millones sustituye a la barrera flotante dañada y refuerza la frontera marítima con Marruecos tras el colapso del 30 de julio
El Gobierno ha aprobado una inversión de **9 millones de euros** para construir un **espigón permanente** en el Tarayal (Ceuta), el mismo punto donde el 30 de julio entraron masivamente miles de migrantes a nado. La decisión, anunciada hoy, responde a los **desperfectos** de la barrera flotante provisional instalada en agosto —con **flotadores hundidos, rotos o inutilizados** en varios tramos—, y busca evitar nuevas crisis similares en la frontera marítima con Marruecos.
El proyecto, dividido en dos fases, **prolongará el espigón 115 metros mar adentro** y lo dotará de una **malla antitrepa y peines curvos** (similares a los de la valla terrestre). La primera fase añadirá **15 metros** con pilotes y cerramiento, mientras la segunda extenderá otros **100 metros** mediante un dique vertical. El coste total, **7 millones para la infraestructura y 2 millones para balizamiento**, supera el presupuesto de **37,4 millones** que Interior ha invertido desde 2019 en modernizar la frontera ceutí —aunque, hasta ahora, **nunca se había actuado en el Tarayal**, pese a ser el punto crítico.
La nueva estructura **refuerza la condición fronteriza** del espigón y busca cumplir con el criterio del Tribunal Supremo: **impedir que quienes lleguen a nado sean excluidos del régimen de rechazo en frontera**. Hasta agosto, la barrera provisional —de **500 metros y 1 metro de profundidad**— había sido insuficiente para contener el flujo, según admitió el propio Ministerio. Ahora, con la obra permanente, el Gobierno apuesta por una solución **definitiva y más resistente**, aunque sin descartar ajustes futuros.
El cambio de estrategia llega cuando **Ceuta sigue en alerta máxima**: la ciudad, con una capacidad para **85.000 habitantes**, alberga actualmente **más de 100.000 personas** (incluyendo migrantes), según datos municipales. La decisión de Interior, sin embargo, **no incluye un plan de evacuación o alojamiento** para los recién llegados, lo que deja abiertas preguntas sobre cómo gestionará el colapso humanitario mientras se construye la nueva infraestructura.






