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El PP admite que un trabajador del partido activó el bote tres veces en los baños; la diputada insistió en que estaba vacío, pero el envase contenía gas real

Ana Belén Vázquez (PP) fue expulsada ayer del Congreso de los Diputados tras portar un spray de pimienta en el hemiciclo, un gesto que derivó en un incidente con consecuencias reales: el gas se activó tres veces en los baños, se propagó por los conductos de ventilación y obligó a precintar varias dependencias. Una visitante de la delegación del Parlamento de Mauritania terminó vomitando y requirió asistencia médica, mientras otras doce personas fueron examinadas por prescripción facultativa.

El spray, que Vázquez defendió como un objeto no considerado arma, está prohibido en el recinto parlamentario según el Reglamento de Armas de 1993, que clasifica estos dispositivos como tales. La presidenta del Congreso, Francina Armengol, aplicó el reglamento interno y ordenó su expulsión, aunque la diputada popular insistió en programas de televisión en que el envase estaba vacío. Fuentes del PP reconocieron luego que un trabajador del partido lo manipuló y activó en los baños, contradiciendo la versión de Vázquez.

El incidente expuso tensiones internas en el PP: mientras su portavoz, Ester Muñoz, aplaudió a Vázquez en el hemiciclo, Alberto Núñez Feijóo mantuvo una postura más reservada. Dirigentes del partido admitieron en privado que el gesto, pensado para visibilizar la situación en Ceuta, perdió el foco y benefició al Gobierno al convertir el debate en un episodio de zapping político.

El artículo 101 del Reglamento del Congreso permite suspender temporalmente a diputados que porten armas en el recinto. Aunque el spray no es un arma de fuego, su uso en el hemiciclo vulneró normas claras: el Real Decreto 137/1993 prohíbe su tenencia salvo para funcionarios autorizados. El episodio refleja cómo las estrategias de comunicación en tertulias —gestos simbólicos para captar atención— chocan con las reglas parlamentarias, donde los hechos tienen consecuencias reales.

El incidente también revivió el debate sobre la gestión de Ceuta, pero el foco se desplazó hacia el protocolo del Congreso. Mientras el PP intenta recuperar el control narrativo, el Gobierno aprovecha el episodio para criticar la falta de rigor en la oposición. La diputada Vázquez, experta en el lenguaje televisivo, descubrió que el hemiciclo no es un plató: allí, los gestos tienen consecuencias legales y sanitarias.

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