El decreto, sin justificación pública, llega en medio de un conflicto en Ucrania que supera los cuatro años y medio con bajas crecientes en ambos bandos
Vladímir Putin ha firmado el jueves un decreto que amplía el Ejército ruso en 15.500 soldados, la cuarta orden de este tipo en lo que va de 2026. El anuncio, sin detallar motivos ni plazos, se produce en un contexto de bajas crecientes en el conflicto con Ucrania, que cumple ya 4 años y medio desde su inicio en 2022.
Esta medida se suma a otras tres ampliaciones similares ordenadas por Putin en los primeros nueve meses del año, aunque la fuente no especifica si los nuevos reclutas se incorporarán a las tropas desplegadas en la línea del frente ucraniano o reforzarán otras áreas estratégicas del país.
El conflicto en Ucrania, marcado por una escalada de violencia en los últimos meses, ha visto cómo ambos bandos registran un aumento significativo en el número de bajas. Según datos de la ONU y organizaciones humanitarias citados en informes previos, Rusia ha perdido más de 300.000 efectivos desde el inicio de la invasión, aunque las cifras exactas siguen siendo objeto de debate entre analistas militares.
El decreto, publicado en el Boletín Oficial ruso, no incluye detalles sobre cómo se cubrirán las plazas vacantes —ya sea mediante reclutamiento forzoso, voluntarios o reservas— ni sobre el equipamiento o formación que recibirán los nuevos soldados. Esta opacidad contrasta con el tono belicoso que el Kremlin ha mantenido en sus comunicados recientes, donde se insiste en la necesidad de «fortalecer la capacidad de defensa» del país.
El conflicto en Ucrania se estanca sin victoria clara
El conflicto en Ucrania ha entrado en una fase de estancamiento táctico, con avances limitados en el frente y una guerra de desgaste que beneficia a quien aguante más. Rusia, pese a sus avances iniciales, ha visto cómo su capacidad ofensiva se ha visto mermada por las sanciones internacionales, la falta de repuestos para su industria militar y las bajas entre su población, donde el reclutamiento forzoso ha generado protestas internas.
Ucrania, por su parte, depende en gran medida del apoyo occidental —especialmente de Estados Unidos y la UE— para mantener su resistencia. La última ronda de ayuda militar aprobada por el Congreso estadounidense en julio de 2026 ascendió a 4.000 millones de dólares, aunque su implementación ha sido lenta debido a disputas internas en Washington sobre el alcance de la ayuda.
El aumento de tropas ruso podría interpretarse como una respuesta a los recientes contraataques ucranianos en el este del país, donde Kiev ha logrado recuperar territorio clave en los últimos meses. Sin embargo, analistas como Michael Koeman, director del programa de Rusia en el Center for Naval Analyses, han advertido de que Rusia prioriza ahora la defensa de sus fronteras —especialmente en la región de Kursk— antes que nuevos avances ofensivos.
Putin busca controlar la población con el nuevo decreto
Para el presidente ruso, el reclutamiento masivo responde a una estrategia de preservar el control interno mientras la guerra se prolonga. Internamente, Putin necesita demostrar capacidad de respuesta ante una población cada vez más reacia a enviar a sus hijos al frente, como reflejaron las protestas en Krasnodar y Rostov en mayo pasado. Externamente, el decreto envía un mensaje de determinación a Occidente, aunque sin alterar el equilibrio militar actual.
La falta de una victoria clara en el campo de batalla obliga a Moscú a mantener una narrativa de resistencia heroica, algo que el Kremlin ha intentado reforzar con propaganda centrada en supuestos «éxitos» en el frente y en la supuesta superioridad de su industria armamentística. Sin embargo, la dependencia de la producción de armas de Corea del Norte —revelada en informes de inteligencia occidentales en 2025— ha puesto en duda la sostenibilidad de este esfuerzo a largo plazo.
Mientras, Ucrania enfrenta el desafío de mantener la moral de sus tropas y la unidad política en un país donde el desgaste de la guerra ya ha generado tensiones entre el gobierno de Volodímir Zelenski y sectores que abogan por negociaciones. El último sondeo de la Kiev International Institute of Sociology, publicado el 20 de septiembre, mostró que el 42% de los ucranianos apoya ahora conversaciones de paz, frente al 68% que lo hacía en 2023.
La ampliación de tropas rusa, en este contexto, podría acelerar las negociaciones indirectas que se celebran desde 2024 en Astana, aunque sin garantías de un acuerdo rápido. La última ronda de conversaciones, en agosto, terminó sin avances significativos, con ambas partes acusándose mutuamente de incumplir los términos humanitarios del conflicto.




