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Lun. Sep 28th, 2026
Trump descarta intervención militar en Cuba
Wikimedia Commons (Donald Trump)
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El presidente estadounidense anuncia conversaciones diplomáticas mientras su gobierno refuerza presiones económicas y militares en la isla

Donald Trump, presidente de Estados Unidos, descartó este sábado una intervención militar en Cuba y aseguró que su gobierno buscará un acuerdo con el régimen de La Habana, aunque su administración mantiene presiones económicas y preparativos logísticos para posibles operaciones en la zona. Las declaraciones, realizadas en la Casa Blanca, llegan mientras fuentes militares estadounidenses confirman que el Comando Sur evalúa el despliegue de refuerzos policiales, médicos y logísticos en los próximos cuatro meses.

Trump respondió así a informes de CBS News que señalaban preparativos militares para una posible acción en la isla, vinculados a la captura de Nicolás Maduro en Venezuela en enero de 2026. El mandatario insistió en que «Cuba y nosotros haremos un acuerdo» y que «no creo que sea necesario el Ejército», aunque su gobierno ya ha impuesto un bloqueo petrolero que agrava la crisis económica cubana, según declaraciones del propio Trump: «Quiero ayudar a Cuba y abrir el país porque hay cubano-estadounidenses que quieren regresar».

Las tensiones entre ambos países se han agravado desde que la administración Trump endureció su postura hacia el régimen cubano, exigiendo reformas políticas y económicas. El ministerio de Exteriores cubano, a través de su canciller Bruno Rodríguez, rechazó cualquier justificación para un ataque militar y aseguró que «nunca podrán encontrar justificación» para una intervención, en declaraciones a NBC News esta semana. Rodríguez también reconoció «algunas conversaciones diplomáticas» con Washington, aunque sin detallar su contenido ni confirmar si el diálogo está liderado por Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del expresidente Raúl Castro.

El bloqueo petrolero y la presión económica: el arma no militar de Trump

El endurecimiento de la postura estadounidense hacia Cuba no se limita a declaraciones. Desde enero de 2026, la administración Trump ha impuesto un bloqueo petrolero que ha profundizado la crisis económica en la isla, una medida que busca forzar cambios políticos sin recurrir a la fuerza militar. Según analistas consultados por CBS News, esta estrategia responde a un patrón observado tras la captura de Maduro en Venezuela: la combinación de presión económica y preparativos logísticos para desestabilizar regímenes considerados hostiles, sin llegar a una invasión directa.

El bloqueo petrolero, en particular, ha reducido drásticamente el suministro de combustible a Cuba, afectando a sectores clave como el transporte y la generación de energía. Aunque el gobierno cubano no ha reconocido públicamente el impacto de estas sanciones, fuentes internas citadas por medios locales han señalado un aumento del 30% en los precios de los combustibles desde el inicio del bloqueo, lo que ha generado protestas internas y presiones sobre el régimen para negociar.

¿Qué se juega Cuba en estas conversaciones?

Para La Habana, las conversaciones con Washington representan una oportunidad para aliviar la presión económica, pero también un riesgo político. El régimen cubano ha mantenido históricamente una postura de rechazo a cualquier negociación que implique concesiones en su sistema político, aunque la crisis económica actual podría obligarle a explorar opciones. Bruno Rodríguez, canciller cubano, evitó confirmar si su gobierno está dispuesto a ceder en temas como derechos humanos o libertades políticas, dos de los principales puntos de exigencia de Estados Unidos.

Sin embargo, la mención de Raúl Guillermo Rodríguez Castro como posible interlocutor en las negociaciones sugiere un intento de Cuba por abrir canales con la diáspora cubano-estadounidense, un grupo influyente en la política interna de Estados Unidos. Este enfoque podría ser clave para desbloquear ayudas económicas, aunque también genera tensiones internas en el régimen, donde sectores más duros, como las Fuerzas Armadas Revolucionarias, podrían oponerse a cualquier concesión percibida como debilidad.

El papel de la diáspora cubano-estadounidense: un actor clave

La referencia de Trump a los «cubano-estadounidenses que quieren regresar» subraya el peso de este colectivo en la estrategia de Washington. Con una población estimada en más de 2 millones de personas en Florida y otros estados clave, la diáspora ha sido históricamente un aliado crucial para la política exterior estadounidense hacia Cuba. Su apoyo podría ser decisivo para justificar cualquier acuerdo futuro, especialmente si este incluye medidas como la liberalización de viajes o remesas, temas que han generado divisiones internas en el régimen cubano.

No obstante, la diáspora no está unida en sus posturas. Mientras algunos sectores, como la Fundación Nacional Cubano-Americana, abogan por un endurecimiento de la postura de Estados Unidos, otros grupos, más moderados, han mostrado disposición a dialogar con La Habana bajo ciertas condiciones. Esta división podría complicar cualquier intento de negociación, ya que el gobierno de Trump tendría que equilibrar las demandas de ambos bandos para evitar fracturas internas.

¿Qué sigue? Cronología de los próximos pasos

En los próximos meses, el desarrollo de estas negociaciones dependerá de varios factores. Por un lado, la capacidad de Cuba para resistir la presión económica sin colapsar por completo. Según informes de la CEPAL, la economía cubana ya registraba una contracción del 12% en 2025, y el bloqueo petrolero podría agravar aún más esta tendencia. Por otro, la disposición de Trump a flexibilizar su postura si La Habana muestra señales de apertura política, algo que hasta ahora no ha ocurrido.

Mientras tanto, el Comando Sur continúa evaluando la posibilidad de desplegar refuerzos en la región, aunque Trump ha dejado claro que prefiere evitar una escalada militar. Esto no descarta, sin embargo, operaciones encubiertas o presiones indirectas, como el apoyo a movimientos opositores internos, una estrategia que ya se ha utilizado en otros contextos, como Venezuela o Nicaragua.

Lo que sí parece claro es que, independientemente del resultado de las conversaciones, la relación entre Estados Unidos y Cuba entrará en una fase de alta tensión en los próximos meses, con implicaciones no solo para la región, sino también para la estabilidad global. La combinación de presión económica, preparativos militares y negociaciones diplomáticas convierte este escenario en uno de los más complejos para la política exterior estadounidense en años.

Fuente: El Mundo (Internacional)

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