El régimen de La Habana evita responder a las acusaciones de Trump sobre represión y crisis económica, en un gesto que refleja su fragilidad diplomática
La delegación cubana abandonó la sala de la Asamblea General de la ONU durante el discurso de Donald Trump, quien calificó al régimen de La Habana como un «Estado fallido» y vaticinó su caída. El gesto, sin réplica argumental ni intento de diálogo, dejó al descubierto la incapacidad del gobierno cubano para enfrentar críticas públicas en un foro internacional.
Trump acusó al régimen de violar derechos humanos, mencionó fusilamientos, represión interna y la miseria cotidiana en la isla, términos que el gobierno cubano suele evitar en sus intervenciones. La salida masiva de la delegación —sin protestas formales ni solicitud de palabra— contrastó con el discurso oficial de resistencia que el régimen promueve desde hace décadas. Fuentes diplomáticas señalan que el portazo simboliza el miedo a una palabra que no pueden censurar fuera de sus fronteras.
El régimen cubano, que controla absolutamente la información dentro de la isla, reacciona con teatralidad en el exterior: abandona salas, denuncia «agresiones imperialistas» y evita debates serios. Sin embargo, su incapacidad para responder a acusaciones concretas —como las de Trump sobre la crisis económica o los apagones— expone su debilidad. Mientras, la verdadera Cuba, la de las colas, el exilio y la represión, no tiene voz en estos foros.
La escena en la ONU no solo refleja el choque entre dos visiones políticas, sino también la fragilidad de un sistema que depende de la propaganda y el control interno para mantenerse. El gesto de la delegación, más que un acto de dignidad, fue una huida ante un espejo que no pueden romper.
Durante el discurso, la delegación cubana no respondió con argumentos, no pidió la palabra ni defendió con serenidad la supuesta fortaleza de su sistema. En lugar de eso, simplemente se marchó, dejando en evidencia la cobardía política de quienes, durante décadas, han exigido ser escuchados, pero no soportan oír. Este comportamiento, que se repite en otros foros internacionales, subraya la falta de preparación del régimen para enfrentar críticas directas y su tendencia a retirarse cuando la presión se vuelve demasiado intensa.







