El presidente estadounidense vincula la violencia de los cárteles a la frontera con EE.UU. y presiona a Sheinbaum en la ONU, aunque reconoce avances en la relación bilateral
Donald Trump ha acusado este martes a México de ser «el epicentro» del narcotráfico durante su intervención en la Asamblea General de la ONU, exigiendo al Gobierno de Claudia Sheinbaum «recuperar el control» de su territorio frente a los cárteles. El mandatario estadounidense calificó de «inaceptable» que EE.UU. comparta una frontera de 2.000 millas con un país donde, según su versión, los cárteles dominan zonas enteras.
Trump vinculó directamente esta situación con la seguridad de su país: «México es el epicentro de la violencia de los cárteles. Por lo tanto, México debe recuperar el control de su territorio de manos de los enemigos de la humanidad», declaró. Aunque matizó que confía en que «la seguridad y la protección llegarán a México», su mensaje dejó claro que la presión sobre el Gobierno mexicano no cesará. La exigencia de Trump contrasta con la postura histórica de Sheinbaum, quien se ha opuesto a permitir operaciones militares estadounidenses en territorio mexicano por considerar que vulnerarían la soberanía nacional.
El presidente estadounidense también destacó los «grandes avances» logrados con México en materia de seguridad, aunque sin especificar cuáles. «Hemos tenido una muy buena relación con México. Ellos tampoco quieren a los cárteles», aseguró, aunque su discurso dejó en evidencia las tensiones por el control territorial, un tema recurrente en su relación con el país vecino.
El contexto de las tensiones bilaterales
Las acusaciones de Trump no son nuevas. Desde su primer mandato (2017-2021), el presidente estadounidense ha insistido en que los cárteles mexicanos operan con impunidad en zonas fronterizas, algo que ha utilizado para justificar medidas como el muro en la frontera o la presión para que México detenga migrantes. Sin embargo, el Gobierno mexicano, tanto bajo Andrés Manuel López Obrador como ahora con Sheinbaum, ha rechazado cualquier intervención militar extranjera en su territorio, argumentando que la lucha contra el narcotráfico es responsabilidad exclusiva de las autoridades nacionales.
Sheinbaum, quien asumió la presidencia en octubre de 2024, ha mantenido una línea similar a la de su predecesor: rechazar la militarización de la frontera y priorizar estrategias de desarrollo social para reducir la influencia de los cárteles. No obstante, la escalada retórica de Trump —especialmente en un foro como la ONU— podría tensar aún más las relaciones, dado que México depende económicamente de EE.UU. (su principal socio comercial) pero también de su imagen internacional para proyectos como la Nueva Ruta de la Seda, que busca reducir su dependencia de Washington.
¿Qué se juega cada lado?
Para EE.UU., la presión sobre México responde a dos intereses clave: contener el flujo de drogas y migrantes hacia su territorio y legitimar su narrativa interna sobre la «amenaza del narcotráfico», un tema que moviliza a su base electoral. Trump, además, podría estar probando el terreno para futuras negociaciones: aunque su discurso en la ONU fue duro, su mención a «avances importantes» sugiere que busca mantener abiertas vías de diálogo, posiblemente a cambio de concesiones en temas como el comercio o la migración.
Para México, el riesgo es doble: por un lado, una escalada de tensiones podría afectar inversiones y el turismo, sectores clave para su economía; por otro, ceder a las demandas de Trump —como permitir operaciones militares— debilitaría su posición interna, donde el nacionalismo y la defensa de la soberanía son banderas históricas. Sheinbaum, además, enfrenta elecciones legislativas en 2027, y cualquier percepción de sumisión a EE.UU. podría dañar su imagen ante la opinión pública.
El momento no es casual: con la Asamblea General de la ONU como escenario, Trump busca proyectar una postura de «líder fuerte» en seguridad, un tema que le ha funcionado electoralmente en el pasado. Sin embargo, su retórica también refleja las limitaciones reales: sin el apoyo de México, la lucha contra los cárteles en la frontera sigue siendo un desafío insostenible para EE.UU., como han demostrado años de estrategias fallidas. La pregunta ahora es si Sheinbaum responderá con más diplomacia —como ha hecho hasta ahora— o si Trump lográrá forzar una respuesta más contundente, arriesgando así la relación bilateral.





