El presidente estadounidense descarta un marco internacional de control y apuesta por el liderazgo tecnológico de EE.UU., mientras Guterres advierte de riesgos existenciales
Donald Trump ha descartado en la Asamblea General de la ONU cualquier intento de crear un plan global para regular la inteligencia artificial (IA), que desde este martes pasa a llamarse oficialmente en EE.UU. ‘Superinteligencia’. En un discurso en Nueva York, el presidente estadounidense tachó de ‘conspiraciones’ las advertencias sobre los riesgos de esta tecNología y anunció que su país no frenará su desarrollo, incluso frente a las peticiones de mayor gobernanza internacional.
Trump, que lidera la carrera tecnológica con empresas estadounidenses como protagonistas, insistió en que EE.UU. ‘no se retirará de esta frontera’ y que la IA será ‘más grande que la revolución industrial o internet’. Su intervención contrastó con la advertencia previa del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, quien advirtió que una IA descontrolada en manos de pocas empresas es un ‘peligro existencial’ y pidió prohibir armas autónomas. Guterres también alertó sobre la combinación de IA con armas nucleares, con ‘consecuencias potencialmente desastrosas’.
El giro retórico de Trump incluye un cambio de terminología: la IA pasará a denominarse ‘superinteligencia’ en todos los documentos oficiales estadounidenses para evitar, según él, que el término ‘artificial’ la haga sonar ‘falsa’. ‘Es asombrosa’, afirmó, y comparó a los críticos con quienes predijeron catástrofes por el cambio climático que no se cumplieron. Mientras, en los márgenes de la ONU, líderes y delegaciones debaten cómo frenar los riesgos de una tecnología que, según Guterres, ‘revolucionará el mundo’.
El rechazo de Trump a un marco internacional de gobernanza choca con las posturas de otros países y organismos, como la OCDE o la OMI, que han impulsado regulaciones para evitar abusos. Su postura refuerza la división global: mientras EE.UU. apuesta por el liderazgo tecnológico sin restricciones, la ONU y parte de la comunidad internacional exigen controles urgentes para evitar escenarios de alto riesgo, como decisiones de vida o muerte delegadas en algoritmos o el uso militar autónomo.







