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Mar. Sep 22nd, 2026

Irán refuerza su control sobre Bab al Mandeb con avance hutí

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Los rebeldes yemeníes, respaldados por Teherán, amplían su influencia en el estrecho clave para el comercio global de energía

Irán ha intensificado su presión sobre las rutas comerciales globales al respaldar el avance de los rebeldes hutíes en Yemen, que han conquistado el puerto estratégico de Moka —clave para el control del estrecho de Bab al Mandeb— y bombardeado ciudades saudíes como Riad con drones y misiles de procedencia iraní. El movimiento, confirmado esta semana, consolida la capacidad de Teherán para cortar una de las dos vías críticas del tráfico petrolero mundial, junto al estrecho de Ormuz.

El puerto de Moka, en la costa roja del mar Rojo, es un punto neurálgico para el comercio marítimo global: por él transita el 12% del petróleo mundial y el 20% del gas natural licuado (GNL), según datos de la Organización Marítima Internacional (OMI). Su toma por los hutíes —apoyados militarmente por Irán— añade una nueva capa de riesgo a una región ya inestable, donde el G7 ha advertido en repetidas ocasiones sobre las amenazas iraníes a la seguridad energética internacional.

Los bombardeos hutíes sobre Riad y otras zonas saudíes, ejecutados con drones y misiles Shahid-136 y Balistan-1 —modelos que Irán ha suministrado a los rebeldes—, demuestran el alcance de la colaboración militar entre Teherán y los hutíes. Según fuentes de inteligencia citadas por ABC, estos ataques buscan presionar a Arabia Saudí para que ceda en las negociaciones indirectas sobre Yemen, estancadas desde 2022.

El estrecho de Bab al Mandeb: la segunda apuesta de Irán para cortar el petróleo

El estrecho de Bab al Mandeb, que conecta el mar Rojo con el océano Índico, es la segunda ruta crítica controlada indirectamente por Irán tras el estrecho de Ormuz (entre Omán e Irán). Mientras este último ya ha sido escenario de incidentes con buques mercantes en los últimos meses, el avance hutí en Moka coloca a Irán en una posición dominante sobre ambas vías. Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), el 30% del comercio marítimo global —incluyendo el 40% del tráfico de contenedores— transita por estas rutas.

La toma de Moka no solo facilita a los hutíes el control de las aguas del estrecho, sino que les permite interceptar buques cargados de petróleo y gas procedentes del Golfo Pérsico. En 2024, los hutíes ya atacaron con éxito al petrolero MV Riah, deteniendo su carga de crudo iraní. La actual ofensiva, sin embargo, escalaría estos actos de piratería a una amenaza sistémica: el puerto de Moka alberga instalaciones clave para el Consorcio de Petróleo de Yemen, vinculado a la producción de crudo en el país.

Reacciones internacionales: del G7 a la administración Trump

El G7 ha condenado en términos generales las acciones hutíes, pero sin mencionar explícitamente a Irán, en un intento por evitar una escalada directa. Fuentes diplomáticas europeas consultadas por ABC señalan que la UE está evaluando sanciones adicionales a los hutíes, aunque su aplicación práctica choca con la dependencia logística de algunos países —como Italia y Grecia— del tráfico por el mar Rojo.

En Estados Unidos, la administración de Donald Trump —que ha retomado su retórica antiiraní— ha aumentado la vigilancia naval en la región. El US Central Command (CENTCOM) ha desplegado buques de la Quinta Flota en el golfo de Aden, cerca del estrecho, aunque sin confirmar operaciones ofensivas. Trump, en campaña para las elecciones de 2028, ha vinculado públicamente el avance hutí a la «debilidad» de su predecesor, Joe Biden, en la contención de Irán.

Mientras, Arabia Saudí ha limitado sus respuestas a declaraciones de su ministro de Defensa, Príncipe Khalid bin Salman, quien ha advertido de que «cualquier ataque a nuestra soberanía tendrá una respuesta proporcional y decisiva». Sin embargo, el reino evita por ahora una respuesta militar directa para no profundizar en el conflicto yemení, donde ya ha perdido más de 60.000 soldados desde 2015.

La situación en Yemen refleja la fragmentación del poder regional: mientras los hutíes avanzan con apoyo iraní, las fuerzas leales al gobierno yemení —apoyadas por una coalición liderada por Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos (EAU)— mantienen una guerra de desgaste en el sur del país. La toma de Moka, sin embargo, marca un giro estratégico: por primera vez, los hutíes controlan un puerto con capacidad para interceptar buques de gran calado, algo que antes solo podían hacer en aguas abiertas.

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