Lee Jae Myung, presidente surcoreano, aboga por un enfoque pragmático frente a la postura de desnuclearización total de EE.UU., mientras Pyongyang mantiene su arsenal como ‘irreversible’
Seúl, 22 de septiembre de 2026 — El presidente de Corea del Sur, Lee Jae Ming, ha propuesto a Estados Unidos congelar el desarrollo del programa nuclear de Corea del Norte en lugar de exigir su eliminación inmediata, a cambio de un alivio en las sanciones internacionales. La oferta, anunciada en una entrevista con The New York Times, marca un giro respecto a la línea dura de su predecesor, Yon Suk Yeol, y busca reabrir el diálogo con Pyongyang sin condiciones previas.
Lee, en el poder desde junio de 2025, ha declarado que la desnuclearización total en las circunstancias actuales «no logrará nada». En su lugar, propone detener la producción de nuevas armas nucleares y la importación de materiales relacionados, lo que, según él, sería un «logro» en sí mismo. Sin embargo, esta postura ha generado críticas, ya que algunos analistas argumentan que podría legitimar el estatus nuclear de Corea del Norte sin garantizar su abandono definitivo.
Corea del Norte, por su parte, ha rechazado hasta ahora las ofertas surcoreanas. El régimen de Kim Jong Un ha consolidado su condición de «potencia nuclear» en su legislación y ha afirmado en repetidas ocasiones que su arsenal es «permanente e irreversible». Además, cuenta con el respaldo de Rusia y su aliado tradicional, China, lo que reduce las posibilidades de que Estados Unidos, especialmente bajo la presidencia de Donald Trump, acepte negociar sin garantías claras.
El enfoque de Lee contrasta con el historial de Trump, quien se reunió con Kim en tres ocasiones durante su primer mandato (2017-2021), pero whose diplomacia se estancó tras la cumbre de Hanói en 2019, donde no se logró un acuerdo sobre el alivio de sanciones ni sobre las concesiones de Pyongyang.
El contexto de la diplomacia norcoreana: de la línea dura a la negociación condicionada
La propuesta de Lee llega en un momento en que las sanciones de la ONU, vigentes desde hace décadas, han demostrado ser «poco efectivas» para frenar el desarrollo nuclear norcoreano, según reconoce el propio mandatario surcoreano. Su estrategia busca evitar un colapso total de las negociaciones, dado que Corea del Norte ha rechazado en el pasado cualquier oferta que no incluya un levantamiento inmediato de las sanciones. Sin embargo, la congelación del programa nuclear, aunque no implique su eliminación, podría ser vista como un primer paso hacia una desescalada regional.
El gobierno de Yon Suk Yeol, que precedió al de Lee, adoptó una postura más firme frente a Pyongyang, alineándose con la posición de Washington. Yoon criticó en repetidas ocasiones la falta de avances en la desnuclearización y mantuvo una retórica más belicosa, especialmente tras pruebas de misiles balísticos intercontinentales (IBM) realizadas por Corea del Norte en 2024. En cambio, Lee ha optado por un enfoque más pragmático, priorizando la estabilidad sobre la confrontación directa.
Las implicaciones de un posible acuerdo: ¿legitimar el estatus nuclear de Pyongyang?
Los críticos de la propuesta de Lee argumentan que congelar el programa nuclear sin una desnuclearización total podría sentar un precedente peligroso. Si Corea del Norte logra alivio en las sanciones sin renunciar a su arsenal, otros Estados con aspiraciones nucleares podrían seguir su ejemplo, debilitando el régimen de no proliferación global. Además, la falta de mecanismos de verificación independientes podría permitir a Pyongyang mantener y expandir su capacidad nuclear de manera encubierta.
Por otro lado, los defensores de esta estrategia señalan que cualquier avance en la reducción de tensiones en la península coreana es positivo, incluso si no implica la eliminación total de las armas nucleares. La región ha sido durante décadas un foco de inestabilidad, con ejercicios militares conjuntos entre Corea del Sur y Estados Unidos que han escalado la retórica de Pyongyang. Un acuerdo, aunque parcial, podría abrir la puerta a diálogos más amplios sobre seguridad regional, comercio y cooperación humanitaria.
En el ámbito internacional, China y Rusia han mostrado poco interés en presionar a Corea del Norte para que abandone su programa nuclear, ya que ambos países ven en Pyongyang un aliado estratégico en su rivalidad con Occidente. Esto limita aún más las opciones de Estados Unidos para ejercer presión sobre el régimen norcoreano, especialmente si Trump regresa al poder en 2028, como se especula en círculos políticos.
Mientras tanto, la población surcoreana está dividida. Según una encuesta realizada por el Instituto de Investigación de Opinión Pública de Corea en agosto de 2026, el 48% de los encuestados apoya el enfoque negociador de Lee, mientras que el 37% prefiere mantener una postura más firme, similar a la de Yoon. El resto no tiene una opinión clara sobre el tema.
La propuesta de Lee plantea un dilema geopolítico complejo: ¿es mejor aceptar un estatus nuclear limitado para Corea del Norte a cambio de estabilidad, o insistir en la desnuclearización total, arriesgándose a un estancamiento prolongado? La respuesta dependerá no solo de las negociaciones entre Seúl y Pyongyang, sino también de la disposición de Washington, Pekín y Moscú para comprometerse en un acuerdo que, hasta ahora, ha demostrado ser esquivo.





